Un contenido interesante, con una imagen espantosa, vuelve todo el asunto sospechoso

Todos hemos visto esas hermosas fotos-arte de platos decorados con maestría, que parecen sacadas por fotógrafos profesionales y podrían ser parte de un catálogo, pero que fueron tomadas con un celular, medio a las corridas.

La práctica es furor en Twitter y Facebook.

Debajo, pueden ver un ejemplo que tomé del tumblr de Pía, en el que compartió algo que vio en una panadería y que sin dudas, tiene la marca estética de la época:

Ya presentado el tema del post, con cierta alegría, me gustaría compartir imágenes de un blog en el que los lectores envían sus fotos de recetas que NO les salieron como pretendían.

La secuencia sería la siguiente: alguien lee una receta que viene con fotos, intenta replicarla en su propia cocina, le sale horrible y entonces comparte el resultado comparado en un blog.

Es decir, con humor, muestra la diferencia entre el plato profesional que copiaron y sus fallidos intentos caseros.

Y el resultado es desopilante. Vean:

(Vía)

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(ay, lloro)

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Cuando pude calmar el llanto producto del ataque de risa, intenté racionalizar un poco.

En un momento se me ocurrió pensar que hasta era probable que la diferencia fuera solo comunicacional, que como decía El Principito lo esencial fuese invisible a la vista y que el sabor, más allá de las apariencias, fuera similar entre uno plato y otro.

Pero igual había algo raro, el razonamiento se sentía raro.

Hasta que finalmente tuve mi momento Eureka!: entrada la segunda década del Siglo XXI, lamentablemente, la falla estética es a todas luces una mala noticia.

Un contenido interesante, con una imagen espantosa, vuelve todo el asunto sospechoso.

El razonamiento me ayudó a trazar cierto paralelo: si bien compartir las imágenes de un plato mal hecho, en definitiva, habla de gente que puede reírse de sí misma y todo es un bonito gesto de humildad, cuando somos comunicadores profesionales pero nuestra estética es amateur, todo nuestro trabajo es percibido como amateur.

Está claro que la comunicación nunca es lo esencial, que es una herramienta para contar una parte de lo esencial. La parte que elegimos mostrar.

Lo que narra una imagen pobre, ante audiencias que ya han naturalizado el diseño como parte de su vida en casi todos los aspectos, es una calidad pobre. Aunque esto, en parte, no sea así. Ya estamos en el siglo XXI y la comunicación interna no puede atrasar décadas. La imagen tiene que acompañar, aunque sea en los aspectos mínimos.

Todo el asunto abre las puertas al Tercer mandamiento de la Comunicación Interna, que vamos a ver mañana: la interacción es parte de la estética.

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  1. Pia’s avatar

    Wow! me siento honrada por el maestro! “Yo ya gané!” 😉

    Buenisimo este post! justo viene a colación con algo que estabamos hablando en el laburo sobre la estética al presentar una campaña de comunicación.

    Reply

    1. Martín Fernández’s avatar

      ¡Muy buena tu foto!

      Creo que ya nadie discute la necesidad de una estética profesional, pero esa certeza no siempre tiene un correlato presupuestario acorde por parte de la compañía. Parte del esfuerzo de los comunicadores internos que no tienen ganado ese terreno es, justamente, ganarlo.

      En fin, gran foto.

      Reply

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Martín Enrique Fernández

MAF
En este espacio escribo sobre las personas que generan corrientes de pensamiento en algún campo en particular, sobre ideas y herramientas de comunicación interna y sobre el proceso de cambio cultural permanente en el que se encuentran las organizaciones. Las personas. Las ideas. Las organizaciones. En ese orden.

Whycomm S.A.

Presido la consultora especializada en Cultura de HSE, Antropología Corporativa y Comunicación Interna, Whycomm S.A.
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