Tony Robbins, un chamán en el cuerpo de un coach

| Un perfil, tres ideas |

¿No les pasa cada tanto que tienen ganas de ver algo entretenido, pero no tan entretenido como para sentir que solo perdemos el tiempo, sino que a la vez nos nutrimos de alguna forma, pero que tampoco sea tan nutritivo que nos haga pensar demasiado y nos quite energías (qué palabrita “nutrirnos”, ¿no?)?

Es justo para ese estado de ánimo que tengo una muy buena recomendación: el documental de Tony Robbins producido por Netflix.

Pero antes de sintetizarles las tres ideas que propone esta nueva columna (en este caso sobre Tony Robbins), voy a presentar al personaje de hoy.

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¿Quién es Tony Robbins?

Para quienes no lo conocen -como yo hasta hace unos meses-, se trata de un “businessman, author, and philanthropist”, tal como lo describe wikipedia. Es un auténtico Self-Made Man norteamericano. Es un coach, que se presenta a sí mismo diciendo: “I built this motherfucker“.

Miren si no tiene cara de coach motivacional:

También quiero contarles cómo fue mi proceso interno con Tony, a quien voy a tutear, porque después de ver el documental un poco ya lo quiero.

O mejor dicho, lo admiro.

O mejor todavía, una mezcla rara de admiración, cariño y envidia

(¡Ah, nada como el agridulce placer de reconocer la envidia para poder combatirla!).

Vale aclarar que desde que me lo recomendaron hasta que lo vi pasaron cuatro meses. No podía con mis prejuicios.

¿Organiza una convención en Boca Raton en la que motiva a 2.500 personas juntas? Dejá, mejor me arreglo solo. Nadie que motive a 2500 personas juntas me interesa. Detesto las multitudes y, más aún, detesto profundamente la manipulación emocional. Imaginate las dos cosas juntas: una multitud manipulada. Es el peor plan del mundo. Si me concentro, exploto de odio.

Sin embargo, leí un dato que me hizo prestar atención: fue coach de Michael Jordan. También trabajó con Mandela, la Madre Teresa, Bill Clinton, Mijail Gorvachov, Andre Agassi y Hugh Jackman, entre otros. Y más allá de los nombres rutilantes y de que el coaching me parece una disciplina muy noble, me impactó lo de Jordan. Si sos capaz de que el que quizás sea el deportista más grande de la historia -no solo basquetbolista, sino deportista-, siga tus consejos, no me importa a qué te dediques, es probable que tengas algo interesante para decir sobre la excelencia.

Si  Michael Jordan se tomó el tiempo y la molestia de buscar un coach, y lo encontró a Tony Robbins, yo bien puedo googlearlo un rato, pensé. Y así fue como desde las altas cumbres de mi soberbia infinita, “le di una chance”. Yo, atrás de mi laptop, con los ojos cansados de procrastinar, tomando mate con bizcochitos, le di una chance a Tony Robbins. Ja. Me río por no llorar.

Porque me puse más serio a ver quién era y me llevé una grata sorpresa.

Muy grata.

Tony Robbins no es solo un coach. Primero, y ante todo diría, es un ser raro. Coach es la forma que eligió para mostrar su talento al mundo, porque estoy seguro, pero seguro-seguro-seguro, que Tony Robbins es un brujo. Sin más vueltas: es un chamán, un Gandalf moderno y, si me dejan ir más lejos, un curador almas.

El lector de años podrá decir:

Lector de años:

– Martín, ¿te volviste loco?

Para nada.

Quienes hemos leído largo y parejo los libros del antropólogo Carlos Castaneda, podemos reconocer un brujo ni bien vemos uno. Así como reconocemos en la “locura” de Don Juan una forma extraordinaria de entender el misterioso mundo en el que vivimos, reconocemos en Tony a un hombre “diferente” (las comillas solo sirven para agregar ambigüedad al comentario).

Si bien no se inscribe exactamente en esa línea, o sea, no es ese tipo de brujo,  sin dudas Tony Robbins es un chamán disfrazado de ejecutivo, que además vive en una mansión en Boca Ratón y cura gente.

Les recomiendo plenamente y sin ningún pudor que vean con la cabeza abierta su documental en Netflix. Se llama I´m not your Guru, en el que los productores de Netflix filmaron y editaron sin piedad el evento anual que organiza hace varios años, llamado Date with Destiny. Hicieron un intento por dejar al descubierto sus trucos, pero se encontraron con un personaje con un carisma arrasador y una consistencia a prueba de documentalistas insidiosos.

Igual les salió redondo: fueron a buscar trucos, encontraron consistencia y Netflix sumó una pieza audiovisual de gran valor. La energía de Tony, que visita 12 países y lo ven 200.000 personas por año, se impuso sobradamente a una edición crítica.

A continuación, vamos a ordenar las tres ideas principales (el eje de esta nueva columna, repito por última vez).

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Primera idea: Tiene el don de la Empatía Total.

No sé si existe el término “empatía total” y no sé bien cómo explicar esto. Conecta con la vida interior de las personas con una precisión asombrosa. Les desnuda el alma. Es duro con quien necesita un espejo desangelado, y un ángel con quien está perdido en su infierno personal. Pero es dificil transmitir con palabras la conexión mental, corporal y emocional que logra. Si pensás en algo que te haya dolido mucho alguna vez, es más fácil captar la magia de Robbins. Cuando lo vean interactuar, presten atención. Se mete adentro del otro. Y desde ahí razona. Les recomiendo ver más de una vez cada interacción. El documental es material no apto para cínicos.

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Segunda idea: Encarna su destino.

Su tema principal es el destino, en el sentido más pragmático de la palabra. Todo se puede lograr con voluntad, dice, y él te ayuda en ese primer paso. Qué sé yo. No estoy seguro de que funcione para todos, pero seguro parece un buen intento. Tony Robbins no es para todo el mundo, solo para “quienes quieran vivir la experiencia“. Habla de cambiar el destino como si eso fuera fácil. Ya sabemos que no lo es. Pero a su vez él es un ejemplo viviente.

Presten atención a su propia historia. Es el hombre que se hizo a sí mismo. Yo construí a este motherfurcker, dice. Y es todo cierto, te dan muchas ganas de creerle. Además brinda una serie de herramientas a personas que, se nota, están jugadas, dañadas por la vida, incluso algunas de ellas parecen estar rotas. No sé si funcionan esas herramientas, solo digo que es muy probable que ayude a mucha gente: por momentos da la sensación que está reparando a la gente en vivo.

Tony Robbins, además, como todos aquellos que encarnan su destino, parece que está en este mundo haciendo eso que vino a hacer. Su puesta en escena posee una gran virtud, de esas que pueden volverse un gran obstáculo: es increible e infinitamente inspirador. ¿Y qué podría volverse un obstáculo de esa virtud? Bueno, lo mismo que ocurre con cualquier situación o persona que nos inspira: es muy dificil seguirle el paso.

El peligro de las personas inspiradoras es que se transforman en un shock de adrenalina (como el que John Travolta le da a Uma Thurman en tiempos violentos (¡qué buena escena!, acá está)). Cuando nos sentimos inspirados, pensamos que nos vamos a llevar el mundo por delante. Estamos motivados, rebozantes de energía. Hasta que esa energía se acaba y hay que empezar de nuevo, por nuestra cuenta, sin la fuente de inspiración.

Y cuando no hay tiempo para procesar los estímulos, la inspiración es una trampa.

El título del evento, “Cita con el Destino”, no puede estar más ajustado. Tony Robbins encarna el tipo de personaje que está viviendo su destino. Y en el documental lo pueden ver con claridad, ya que lo cuenta en detalle. En los diferentes breaks de la actividad, cuenta cómo se construyó a sí mismo a partir de una historia traumática. El evento, un seminario intensivo que dura seis días consecutivos, doce horas por día y tiene un valor de USD 4995 es también una convención de náufragos con el volumen emocional por las nubes.

Por si no hicieron la cuenta, factura diez millones de dólares en seis días. Punto para Tony.

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Tercera idea: Despliega una energía fuera de lo común y domina el lenguaje con maestría.

Conoce el poder transformador de la palabra. Cualquiera que trabaje en comunicación lo conoce o lo intuye. Y cualquiera que piense un poco en el tema se puede dar cuenta.

Al inicio del documental, cuando explica sus métodos, razona en sintonía con diferentes tradiciones de autoconocimiento: “Traigo un espejo, traigo herramientas locas. Fuera de todo parámetro. Seré singular, seré extraño. Seré grosero. Usaré la ciencia del lenguaje tabú. Porque las palabras tienen el poder para perforar la mente consciente. Haré todo lo posible para romper patrones.” Esto se traduce en un lenguaje flexible. Es duro, directo y poco condescendiente, pero a la vez extremadamente preciso y flexible. Establece una suerte de danza en cada conversación que, como dijimos, están signadas por la empatía.

El tono tan ronco de su voz, sin dudas, es un plus, que además acompaña con algunos rituales muy visibles: se baña con agua fría, medita y tiene una “vueltita”, como un paso de baile, que es muy simpático y lo ayuda a “entrar en escena”.

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Esas fueron las tres ideas para hoy, y a continuación voy  dejar un último e insistente comentario

Último e insistente comentario:

No sean como yo, que por prejuicioso me perdí de disfrutar los primeros quince minutos del documental, y de tanto ruido que me hacía en la cabeza la puesta en escena de la mega convención, tuve que verlo de nuevo: el show no me dejaba ver al brujo.

Para quienes todavía necesitan citas de autoridad, en su propio sitio se tira algunas (merecidísimas) flores, hablando de él en tercera persona: “He has been honored by Accenture as one of the “Top 50 Business Intellectuals in the World”; by Harvard Business Press as one of the “Top 200 Business Gurus”; and by American Express as one of the “Top Six Business Leaders in the World” to coach its entrepreneurial clients. Fortune’s recent cover article named him the “CEO Whisperer,” and he was most recently named in the top 50 of Worth Magazine’s 100 most powerful people in global finance.”

Creo que no lo conocemos demasiado en latinoamérica, justamente, porque sus propuestas están muy poco “latinizadas”, y ni hablar en Buenos Aires, donde somos más del psicoanálisis que del coaching. 🙂

Vénalo con la mente abierta. Véanlo y después me cuentan. Es una orden. Es casi tan importante como leer a Marie Kondo.

El mundo necesita más gente conectada con su destino.

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Esta fue la primera columna de “Un perfil, tres ideas”. Vamos a ver cómo avanza.

Web site: Tonyrobbins.com | Instagram: @tonyrobbins | Twitter: @TonyRobbins

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  1. Marcelo’s avatar

    Gracias Martín!! Hermoso volver a leerte y de este documental que me gustó mucho y no encontraba alguien que me hiciera la segunda para entenderlo y saborearlo.
    Gracias por escribir desde las altas cumbres de tu soberbia infinita!

    Pd: Es un brujo el güacho!

    Reply

    1. Martín Fernández’s avatar

      juajuajaua. Lobo botón. Qué bueno verte por acá.

      Reply

    2. Silvia Fernández Moreno’s avatar

      ojalá el video supere al artículo. me gusta leer y aprovecho para pedirles que corrijan este error de tipeo que está en el primer párrafo –> (qué palabrita “nutrinos”, ¿no?)?

      Reply

      1. Martín Fernández’s avatar

        Corregido, gracias! Es buenísimo el documental, dale una hora. Y “open mind”.

        Reply

      2. Pía’s avatar

        Gran comienzo de año para Internalcomms!!!! que alegría leerte nuevamente! Abro mi mente y veo el documental. ¡Gracias!

        Reply

        1. Martín Fernández’s avatar

          Hola Pía! Miralo, después me contás si te gustó. Beso.

          Reply

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Martín Enrique Fernández

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En este espacio escribo sobre las personas que generan corrientes de pensamiento en algún campo en particular, sobre ideas y herramientas de comunicación interna y sobre el proceso de cambio cultural permanente en el que se encuentran las organizaciones. Las personas. Las ideas. Las organizaciones. En ese orden.

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Presido la consultora especializada en Cultura de HSE, Antropología Corporativa y Comunicación Interna, Whycomm S.A.
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