“En el mundo laboral, muchos de nosotros hemos presenciado momentos en los que se cae el sistema de e-mail de la oficina. La gente sale de sus despachos con cara de asombro, escupiendo sandeces —”¡No podemos hacer nada!”—.
A continuación siguen las conversaciones forzosas en los pasillos. Otros se reúnen para visitar antes de tiempo el Starbucks. Alguien con determinación da un portazo y empieza a hacer llamadas telefónicas. Debajo de este aire vagamente festivo, hay una profunda incomodidad, un sentimiento de estar perdidos“.

Fragmento del artículo “¿Por qué obama debería quedarse con su BlackBerrry?“.


