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Con la crisis internacional y la caída del valor de sus acciones, parece que Google ha comenzado a revisar las políticas internas que trasformaron a sus oficinas corporativas en un paraíso y a la organización en la employee brand por excelencia.

Según la teoría de los dos factores de Frederick Herzberg las oficinas son un factor higiénico, es decir, que no tienen que ver con la tarea sino con las condiciones en las que se desarrolla la tarea -el entorno- y por lo tanto no debiera contribuir con la motivación del empleado en el largo plazo.

Pero las oficinas de Google parecen ser la excepción que confirma la regla.

Más allá de la coyuntura y luego de ver el video de sus oficinas de Nueva York, dejo un análisis a través de 7 preguntas sobre cómo se contruye la mística y la cultura organizacional de un imperio, desde sus paredes.

1. ¿Trabajar en Google es trabajar en el paraíso?

Para ensayar una respuesta criteriosa, hay que cambiar la pregunta: ¿Puede el trabajo ser un paraíso? La respuesta que se me ocurre es bastante bilardista: el trabajo piensa en resultados o no es trabajo. Puede ser desafío, desarrollo, investigación, pero sobre todo el trabajo está concebido para transferir valor a través del esfuerzo y de grandes cargas de presión emocional.

Sin presiones -de jefes, de empleados, de clientes, según dónde estés parado- el trabajo no es trabajo. Se puede trabajar como coordinador de promotoras de la NBA, como catador de chocolates suizos, ser una estrella de rock o mismo en Google. Cada actividad tiene sus presiones asociadas. Y eso es trabajar.

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En lo personal, no me gusta el lugar común que dice que “cuando trabajamos de lo que nos gusta, o de lo que amamos, no estamos trabajando”. Después de los 22 años, me parece que es confundir vocación con realidad.

Además una cosa no quita a la otra. El trabajo también es compromiso, aprendizaje, estímulos, vida, alegría y satisfacción. Pero sin olvidar que el trabajo, en la mayor parte de los casos, antes que una elección es una necesidad.

Es muy bueno, es genial, no tiene precio, trabajar de lo que a uno le apasiona. La pasión en lo que hacemos es el condimento decisivo para alcanzar la felicidad. Todo lo que hagamos con pasión seguro lo vamos a hacer mejor. Incluido trabajar. Pero hay que separa los tantos. No es sano confundir un buen lugar para trabajar, un lugar desafiante, con la felicidad en sí.

Aclarado el asunto, pasemos al siguiente punto.

2. ¿Por qué son tan atractivas las oficinas de Google?

Tener oficinas con tantas comodidades es un gesto inequívoco de seducción. Y todo el mundo quiere ser seducido. Es una cuestión de autoestima: sentirse seducido, es sentirse valorado.

Trabajar en Google es sentirse seducido en forma permanente. Es como ser un adolescente que tiene una novia que le dice a todos tus amigos, a través de gestos en extremo visibles, que vos le interesás mucho. Pero no solo eso, no solo se desvela por vos, sino que además le interesa que todo el mundo sepa que vos le interesas.

Todo eso dice Google con sus oficinas. ¿¿¿Y qué EGO se resiste a un amor así???

Sin embargo, para emitir un mensaje de esas características, además de un modelo de negocios que se vea favorecido como es el hecho de trabajar por proyectos, implica que además ese modelo de negocios sea casi imbatible. Y ahí entra la metáfora del imperio.

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(Oficinas de NYC en Live Maps / vía Digital Inspiration)

3. ¿Qué cultura reflejan las oficinas de Google?

Trabajar en Google significa formar parte de la compañía que está escribiendo una parte importante de la historia de las comunicaciones. Y si tomamos en cuenta que la historia de las comunicaciones modifica directamente la historia del hombre, de alguna manera, ser parte de Google, es ser parte de la historia del hombre. Y no vamos a explicar lo atractivo que esto resulta.

Desde Adán y Eva que la historia no se hace en el paraíso. La historia la hacen los imperios. En este caso el pasaje que ocurre entre la percepción de paríso a la percepción de imperio es el mismo que se da de la teoría a la práctica, de los sueños a los hechos y de los ideales al pan nuestro de cada día. En síntensis, de afuera hacia adentro.

Desde afuera, Google es el paríso; desde adentro, el imperio.

El mensaje “Google es un paraíso” no es para los Googlers, sino para el resto del mundo. Para los Googlers, el mensaje de sus oficinas es más directo aún: “para gozar de los beneficios de la cultura organizacional de un imperio, primero hay que comprometerse en la construcción del imperio omnipresente que todo lo ve y todo lo sabe.

En el trabajo se pasa la mayor parte de nuestra vida activa. Y parte de ese racional es el que utiliza la lógica de resignación que la posmodernidad tiene reservada para el trabajo: “Con nosotros, esa parte de tu vida va a ser mejor”.

4. ¿Son las oficinas de Google una campaña de prensa?

No. O no solamente. Sus oficinas son un producto más, que es consumido además de por sus empleados por varios actores externos vinculados a la producción de contenidos, sobre todo en Internet.

Además son una idea que retroalimenta el mito. No son una campaña de prensa, pero si es una comunicación mixta, interna y externa, con un retorno de la inversión que se multiplica día a día y que además de fortalecer su marca -algo hacen en mayor o menor medida todas las campañas- contribuye a fortalecer su cultura.

Los beneficios son muy buenos para sus empleados, pero más aún para la organización: mejor que tener la guardería para perros, es poder decir que se tiene una.

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A su vez, las oficinas son un mensaje de consideración, de empatía y de salud emocional para los Googlers. Y un gesto claro para el resto del mundo: nos interesan los soldados de nuestro imperio, o desde la mirada externa, las almas llenas de vida y talento que construyen este paraíso.

Sea como sea, el mensaje que envía la marca a través de sus oficinas, es claro: trabajar en Google es jugar para el equipo que va ganando.

5. ¿Google podría ser la marca que es sin sus oficinas?

Sí y no.

Primero el Sí. Sí porque la batería de novedades, productos y servicios integrados al buscador y su modelo de negocios, la transforman en una empresa, otra vez,  imbatible.

Google es como una petrolera que vive del aire, que no necesita sacar petróleo de ningún lado. El petróleo lo fabrica un recurso renovable: su gente. Pero además, como el conocimiento de quienes pasan por Google queda plasmado en productos y servicios, es como si esa petrolera en vez de comercializar el petróleo que extrae, lo acumulara y multiplicara. Como si con ese petróleo (el conocimiento) fabricara más petróleo (conocimiento) alimentado por tecnología (por una inversión monstruosa en tecnología).

Y ahora el No. No, Google no podría despertar tanta admiración sin sus oficinas. Es la cáscara, lo superficial, la construcción de atributos. A través de sus oficinas cambió el sentimiento de amor que se podría tener por la marca y sus productos. Trasformó admiración en excelencia. Google no solo quiere ser una compañía amada, además quiere ser respetada.

Y por eso, en parte, la ostentación.

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6. ¿Las oficinas de Google son la última gran revolución en beneficios corporativos?

Sin dudas. Del tema se ha hablado demasiado y hasta dejó de ser noticia para ser una percepción instalada en el inconsciente colectivo: trabajar en Google, otra vez, es trabajar en el paraíso.

Pero el asunto no fue una casualidad. Sin olvidar que después de todo se trataba de un trabajo, Google definió el posicionamiento de “paraíso” y lo comunicó de la manera correcta al diferenciar comunicación de estrategia, es decir, diferenciando públicos: la percepción para los públicos externos no es la misma que para sus empleados.

El impacto de la innovación hizo el resto.

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7. ¿Alguien sabe si Cuil, el buscador que iba a competir con Google, tiene oficinas?

Es muy probable que la mayoría de nosotros ni siquiera sepa si Cuil sigue online. La salud de un imperio también se mide en la debilidad de sus rivales. Y la respuesta sobre sus oficinas, por supuesto, es NS/NC (no sabe, no contesta).

El concepto de oficinas pensadas para satisfacer al empleado se puede imitar perfectamente, pero lo que es imposible de lograr, es el impacto y la frescura de la innovación, y los beneficios de ser el líder en innovar de cara a la opinión pública.

Esto nos lleva a una reflexión sobre el clima organizacional basada en la obviedad: para tener la cultura organizacional de un imperio, primero, siempre, es necesario tener el imperio.

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Luchar contra el sueño es una situación desesperante.

Ahora, luchar contra el sueño en la oficina es casi tan molesto como tratar con un proveedor mentiroso y escurridizo, de esos que sabemos que en vez de hacer bien su trabajo dilapidan la mayor parte de sus energías fabulando teorías inverosímiles sobre por qué el mundo no funciona.

Pero volvamos al asunto del sueño. Recuerdo que en una época me había acostumbrado a almorzar pesado. Pero pesado pesado. Yo era flaco como un palo, siempre había hecho deportes y por lo tanto siempre me había alimentado bien. Por eso, cuando comencé a trabajar en una oficina del centro no tardé en elegir una roticería que quedaba a la vuelta y hacerme cliente fiel del plato del día que, como mínimo, traía 1500 calorías por bocado.

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 (Campaña del café Suplicy, en Brasil, abordando la temática de la siesta en el trabajo)

Y a eso de las dos de la tarde, cuando me arrastraba hasta mi escritorio luego de haberme atragantado con costillitas de cerdo a la riojana por ejemplo, si no me tiraba una olla de café encima (metáfora para exagerar que necesitaba mucho café) los primeros minutos me invadía una modorra tal que sentía que iba a romper el monitor de un cabezazo, tras desmayarme de sueño.

En ese preciso momento, una y otra vez, fantaseaba con lo mismo: “si pudiera dormir 15 ó 20 minutos, estaría como nuevo” para enfrentar la tarde en una pieza. Con los años me di cuenta de que era mejor abandonar la cebolla al medio día, pero esa es otra historia.

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(Gadget 1: la Manta USB para ir tapándonos cuando comienza el sueño)

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(Gadget 2: la almohada USB, para ganar en comodidad)

¿Dormir o no dormir en el trabajo? Dejando de lado el tono personal y exagerado, creo que los beneficios corporativos que salen de la norma, como podría ser el hecho de permitir una breve siesta en el trabajo, son un arma de doble filo.

Si bien son un aliciente y son muy bien recibidos cuando recién se comunican, a la larga suelen despertar lo peor de las personas: envidias, celos y descalificaciones de todos los calibres cuando no son iguales según las jerarquías o locaciones.

Por ejemplos, cuando una oficina fuera de la capital no cuenta con un beneficio que es práctico para quienes sí trabajan en la la capital, como la flexibilidad horaria en la entrada al trabajo por el tránsito, el asunto despierta malestar. ¿Por qué? Si en última instancia es mejorar la calidad de vida de otro trabajador. No importa, el “pensamiento” es más visceral: si él lo tiene, yo también lo quiero.

En las empresas pasa lo que pasa en cualquer grupo humano, se trate de estudiantes, un equipo de fútbol o en un coro: están llenas de personas talentosas, eficientes y creativas, por un lado, y también hay una gran cantidad de cadáveres que hay que arrastrar para que no arruinen todo el asunto (no sé bien cómo funcionará en los coros, pero debe ser lo mismo).

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(Gadget 4: The Nappak sleeping cube, para cuando ya la decisión está tomada)

Por eso creo que si una empresa contemplara en su política de beneficios la posiblidad de dormir la siesta, este beneficio despertaría toda clase de controversias. Porque muchas personas, saturadas de presiones y desbordadas de responsablidades, que ejecutan sus tareas con disciplina espartana, verían como otros más irresponsables le responderían a un cliente por teléfono:

Empleado que se quedó mirando televisión hasta las 3 de la mañana y está desesperado por dormir su siesta:

– Sí, por supuesto Mr. Slim… claro que sí. Ya recibimos su transferencia de US$ 1.675.649.908 por la compra de 1.525 toneladas de Glatomelamina, nuestro producto más caro. En cuanto me levante de la siesta, termino de enviarle el reporte de rendimiento.

Y se irían a dormir sus 15 minutos sin más. Porque es un beneficio.

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(Gadget 4: Metronaps, el gadget corporativo para dormir la siesta)

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(Gadget 5: pegatinas para ojos. Si sufrís una persecución laboral, evitá riesgos).

Mi opinión final. El hecho de que no se implementan beneficios diferentes NO suele radicar en la falta de apertura de las empresas o en la poca creatividad de los responsables de implementarlos, sino que casi siempre (el “casi” es una cortesía), el principal problema de los beneficios es el riesgo ante el mal uso, cosa que se disipa bastante cuando se trabaja por proyectos por ejemplo.

Y muchos dirán, “¡pero que se sancione a quienes los utilizan mal! ¡Eso es injusto con el resto!“. Sí, es cierto, así es la vida. El razonamiento es correcto. Pero mejor todavía es evitar el conflicto -y los costos ocultos- y dejar el tema para más adelante. Adelante siempre hay tiempo.

El principal problema en la construcción de cultura organizacional es la falta de criterio de las personas. Es un cliché, pero es cierto: la cadena siempre se corta por el eslabón más débil.

Y por último, el momento de la verdad: Keving sleeping at work (¡hay que ser mal tipo para escrachar así a un compañero!)

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Otros links de interés (?):

+ National Sleep Fundation (“Despertando a América sobre la importancia de dormir“) 🙂

+ Excusas para dormir en el trabajo

+ Dormir la siesta en el trabajo para rendir más

+ Un estudio en inglés (que no leí, pero aporta la nota de seriedad)

+ Update: vía Miravos.tv me entero del denominado zzz-mail, una variación del sonambulismo, que consiste en usar internet mientras dormimos.

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Es sorprendente lo baja que es la satisfacción de los empleados cuando las empresas -con beneficios por encima del mercado- no lo comunican de manera efectiva”, dice esta nota de iProfesional.com.

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Es cierto, pero.

No se puede desconocer que la falta de difusión es un error habitual de las Políticas de Beneficios. Al tratarse de prácticas dinámicas en contextos cambiantes (porque ambos, beneficios y empleaos, tienen una permanente rotación), la comunicación resulta siempre insuficiente.

Otro error frecuente mencionado en el artículo: “Muchas veces vemos que en la comunicación de un beneficio se habla de costos y no se enfoca en lo que realmente significa el beneficio para el empleado”. Por ejemplo, en vez de poner el foco de la comunicación en la importancia de aprender inglés para el desarrollo de la propia carrera, se hace hincapié en que el empleado puede ahorrar dinero al estudiar a través de la compañía. Que también es cierto, pero.

Y los peros se deben a que la problemática de la comunicación interna de la Política de Beneficios no pierde actualidad, en escencia, por una razón más que simple, y que grafica la historia de la humanidad: luego de un tiempo, cualquier beneficio pasa a ser derecho adquirido.

Continuando con el el tema, de un tiempo a esta parte se está instalando una nueva moda entre los beneficios corporativos: Yoga en la oficina.

Lisa Cullen, simpática e irónica, opina en el blog Work In Progress de la revista Time: “No quiero que la gente con la que trabajo vea mis pies. ¿Por qué querría sus globos oculares en mi hinchada espalda pos-natal?“.

Estoy de acuerdo. Sin demasiado esfuerzo puedo imaginar las risotadas luego de ver los ejercicios del siguiente video en la oficina. Por una cuestión de imagen nomás tenemos la obligación moral de averiguar en qué gimnasio tenemos el descuento corporativo y espera el horario de salida con dignidad.

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La noticia de que Microsoft China cuenta con transportes equipados con estaciones de trabajo para trasladar a sus empleados, ha despertado comentarios sacásticos en varios blogs.

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Por mi parte, y sin más datos disponibles que las fotos publicadas en esta web, creo que sería un excelente beneficio corporativo si las horas se cuentan como horas de la jornada laboral: en vez de perder tiempo en viaje, comenzamos a trabajar desde el preciso instante en que dejamos nuestro hogar.

De cualquier manera no me parece tan descabellada la idea. Es más, quienes van en sus propios autos deberían usar el soporte de volante para sus portátiles.

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Y quienes van caminando, el soporte de cintura conocido como Lindo (?).

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Más allá de las curiosidades, quienes deseen profundizar en el asunto, El Blog Salmón explica el concepto de Productividad en un interesante y pedagógico post: “La productividad se define como la cantidad de producción de una unidad de producto o servicio por insumo de cada factor utilizado por unidad de tiempo”.

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Martín Enrique Fernández

MAF
En este espacio escribo sobre las personas que generan corrientes de pensamiento en algún campo en particular, sobre ideas y herramientas de comunicación interna y sobre el proceso de cambio cultural permanente en el que se encuentran las organizaciones. Las personas. Las ideas. Las organizaciones. En ese orden.

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Presido la consultora especializada en Cultura de HSE, Antropología Corporativa y Comunicación Interna, Whycomm S.A.
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