Redacción corporativa: la caja de herramientas

La redacción corporativa –me refiero específicamente a la que se usa para comunicaciones internas, y no a la que se utiliza para comunicación institucional-, ante todo, debe ser dócil. No hace falta una gran pluma, ni tener vocación de escritor, ni ser un periodista amante de la investigación y de las crónicas agudas.

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La comunicación interna no es tierra de poetas ni de locos. Más bien todo lo contrario. Se valora el lenguaje coloquial, simple y directo, muchas veces en detrimento de lo estético. Frases cortas y bien puntuadas. Adjetivos sin estridencias, una semántica inequívoca y una sintaxis prolija, casi ascética, que permita transmitir ideas con claridad. Suena poco prometedor, pero así funciona el asunto.

Por eso mismo me gustó tanto el concepto de Caja de Herramientas que propone Stephen King en el libro Mientras Escribo, que reseñé un tiempo atrás.

Introduce el Sr. King: “Para sacar el máximo partido a la escritura hay que fabricarse una caja de herramientas, y luego muscularse hasta poder llevarla”. Mientras escribo utiliza palabras como “muscularse”, que no son del todo familiares para muchos países de habla hispana. Pero es una cuestión superficial, de traducción, que no debe desanimarnos en su lectura. Lo importante está en la esencia de los conceptos.

Siempre hablando de la caja de herramientas, continúa la explicación: “La bandeja superior es para las herramientas normales. La más normal, el pan del escritor, es el vocabulario. En este caso puedes aprovechar lo que tengas sin ningún sentimiento de culpa ni de inferioridad. Es lo que le dijo la puta al marinero vergonzoso: “Oye, guapo, que no es cuestión de lo que tienes, sino de cómo lo usas”.

En este punto ya no sé cómo explicar que no podría estar tan pero tan de acuerdo. Con lo del vocabulario digo. Escribir en Comunicación Interna es escribir con soltura, mejorando nuestros pensamientos, soltando las ideas para que aterricen con suavidad sobre el papel (sobre la PC). Como en los comerciales de TV donde una pluma rueda alegremente sobre la piel rozagante de una mujer semidesnuda.

Pero volvamos al Sr. King y a las metáforas duras. “Pon el vocabulario en la bandeja de encima, y no hagas ningún esfuerzo consciente de mejorarlo (Claro que lo harás al leer…). Poner el vocabulario de tiros largos, buscando palabras complicadas por vergüenza de usar las normales, es de lo peor que se le puede hacer al estilo.”

Y luego muestra todo su oficio, con una recomendación liberadora: “Recuerda que la primera regla del vocabulario es usar la primera palabra que se te haya ocurrido, siempre y cuando sea adecuada y dé vida a la frase. Si tienes dudas y te pones a pensar, alguna otra palabra saldrá (eso seguro, porque siempre hay otra), pero lo más probable es que sea peor que la primera o menos ajustada a lo que querías decir.”

La redacción adentro de las organizaciones tiene poco de artístico -casi nada diría- y mucho de oficio. Es ideal para quienes perciben la redacción como un medio y no como un fin, como un oficio o como un camino, y así están dispuestos a disfrutarla. Siempre uso la misma metáfora: la redacción en CI es para zapateros de las palabras, y no para diseñadores de calzados. Es para quienes aman el oficio, y no el despliegue personal.

Quienes piensen que escribir es un arte, no van a encontrar placer en este tipo de redacción. Porque no hay lugar para el lucimiento, ni son buenas las palabras pretenciosas o grandilocuentes. En cambio, quienes buscan descubrir los misterios de la comunicación, de la empatía, de la precisión a través de la palabra escrita; quienes deseen volverse profesionales de la interpretación a través de la práctica cotidiana, han llegado al lugar indicado. La Comunicación Interna es el oficio apropiado.

Iba a terminar acá con el asunto del vocabulario, antes de pasar al asunto de los párrafos que fue lo que inspiró el post, pero lo que sigue me gustó tanto que me dio pena no compartirlo. Y decidí dejar el tema del párrafo para otro post.

Continúa King:

“Lo de “querer decir” es muy importante. Si tienes alguna duda, piensa cuántas veces has oído frases como: “Es que no puedo describirlo” o “No es lo que quería decir”. Piensa en cuántas veces lo has dicho tú, con más o menos frustración. Las palabras sólo reflejan contenidos. Aunque se escriba como los ángeles, casi nunca se logra expresar plenamente lo que se pretendía decir. Hecha esa precisión, ¿a quién se le ocurre empeorar las cosas eligiendo una palabra emparentada en segundo o tercer grado con la que se quería usar?

Y otra cosa: que no te cohíba tener en cuenta el decoro. Como dijo alguien, una cosa es hacerle a la condesa una visita en domingo, y otra un besito en las domingas. Quedaría mal.”

Más allá de la traducción, por momentos tan ajena, es experiencia condensada. Parece que lo hubiera escrito pensando en redactar un House Organ. Y ya que vamos a dejar el tema de los párrafos para un próximo post, transcribo las impresiones sobre la gramática, que también me parecen esclarecedoras (como todo, bah):

“En la bandeja superior de la caja de herramientas también debe estar la gramática, y no me vengas con quejas de que no entiendes de gramática, que nunca la has entendido, que cateaste lengua en el instituto, que escribir es divertido pero la gramática es un palizón (…)

(…) Tranquilo. Que no cunda el pánico. No vamos a dedicarle mucho tiempo, por el simple motivo de que no hace falta. Los principios gramaticales de la lengua materna, o se absorben oyendo hablar y leyendo, o no se absorben. La asignatura de lengua hace (o pretende) poca cosa más que poner nombres a las partes. Y aquí no estamos en el instituto…”

Iba a cerrar el post con una conclusión sobre el impacto de la redacción en la Comunicación Interna y lo contraproducente que son las palabras presuntuosas, los adjetivos estrafalarios, y etc. Pero encontré un párrafo que hace de frutilla del postre, y explica el asunto de manera inmejorable.

“A menudo, escribir bien significa prescindir del miedo y la afectación. De hecho, la propia afectación (empezando por la necesidad de calificar de “buenas” determinadas maneras de escribir y otras de “malas”) tiene mucho que ver con el miedo. Escribir bien también es acertar en la selección previa de herramientas.”

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Enlaces relacionados:

Primera parte: Redacción Aplicada & Comunicación Interna (I)

Segunda parte: Redacción Aplicada & Comunicación Interna (II)

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Créditos:

La imagen que ilustra el post la encontré en el blog Embelezzia, de Weblogs SL

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  1. Daniel Arguelles’s avatar

    Muy buen post! y muy útil. Gracias por compartirlo.

    Reply

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Martín Enrique Fernández

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En este espacio escribo sobre las personas que generan corrientes de pensamiento en algún campo en particular, sobre ideas y herramientas de comunicación interna y sobre el proceso de cambio cultural permanente en el que se encuentran las organizaciones. Las personas. Las ideas. Las organizaciones. En ese orden.

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Presido la consultora especializada en Cultura de HSE, Antropología Corporativa y Comunicación Interna, Whycomm S.A.
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