Lo verdadero como atributo de la comunicación

Las fórmulas comunicacionales no existen.

O sí, existen, pero no funcionan.

Porque el problema de pensar fórmulas comunicacionales es que después hay que aplicarlas a personas.

Y si bien las personas somos bastante predecibles, el abanico de comportamientos es amplio y las combinaciones situación-protagonista-mensaje, infinitas.

Es por eso mismo que tampoco funcionan los listados de “tips para la comunicación efectiva” del estilo “los mensajes deben ser claros”, “sea honesto”, “diga siempre la verdad” u otros similares.

Porque en esencia son fórmulas.

Cuando se leen este tipo recomendaciones hay algo, interno, que nos grita que lo que estamos leyendo es mentira. O poco operativo, para ser más condescendientes.

Y cuando se abordan específicamente atributos como el de “verdad”, o sea, se pide que la comunicación sea “verdadera” entramos en camisa de once varas.

No es porque “decir la verdad” sea una mala recomendación, solo que es un recomendación imposible de llevar a la práctica. Se puede tener una actitud honesta, sí, pero no sé si se puede decir “la” verdad.

Pretender decir la verdad implica pensar que nuestra realidad como la única real y no como una mirada más. Las fórmulas son auto ayuda pre digerida para aplicar a la construcción de estrategias de comunicación.

Luego de esta reflexión desordenada, miren qué hermosa búsqueda de la verdad:

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