Las lecciones de Mr. King #4: “Desconfía del adverbio”

Luego de meditarlo con seriedad, llegué a la conclusión de que he leído pocos libros más útiles sobre redacción corporativa que Mientras escribo. Así que, desde hoy y cada tanto, postearé alguno de sus consejos –y otros que encuentre por ahí-, bajo el tag Redacción Corporativa.

En esta entrega, vamos directo a la página 137, en la que Mr. King aborda el tema del adverbio:

“El otro consejo pendiente (…) es el siguiente: desconfía del adverbio.

Recordarás, por las clases de lengua, que el adverbio es una palabra que modifica un verbo, adjetivo y otro adverbio. Son las que acaban en –mente. Ocurre con los adverbios como con la voz pasiva, que parecen hechos a la medida del escritor tímido. Cuando un escritor emplea la voz pasiva, esta suele expresar miedo a no ser tomado en serio. Es la voz de los niños que se pintan bigotes con betún, y de las niñas que intentan caminar con los tacones de mamá.

Mediante los adverbios, lo habitual es que el escritor nos diga que tiene miedo de no expresarse con claridad y de no transmitir el argumento o imagen que tenía en la cabeza.

Examinemos la frase “cerró firmemente la puerta”. Reconozco que no es del todo mala (al menos tiene la ventaja de un verbo en voz activa), pero pregúntate si es imprescindible el “firmemente”. Me dirás que expresa un grado de diferencia entre “cerró la puerta” y “dio un portazo”, y no es que vaya a discutírtelo… pero ¿y el contexto? ¿Qué decir de toda la prosa esclarecedora (y hasta emocionante) que precedía a “cerró firmemente la puerta”? ¿No debería informarnos de cómo la cerró? Y, si es verdad que nos informan de ello las frases anteriores, ¿no es superflua la palabra “firmemente”? ¿No es redundante?”

Esto es lo que más me gusta del libro: no solo defiende sus argumentos con ejemplos concretos y precisos, sino que nos desafía a revisar nuestra opinión, para ver si luego podemos rebatir sus afirmaciones. En el caso de los adverbios, definitivamente ;-) , no no me resultan tan desagradables cuando la escritura es más o menos coloquial o desordenada (en inglés hay un verbo preciso para este tipo de diálogo o escritura: to ramble). Aunque debo decir que en general el consejo me parece sabio.

Hace un tiempo, también había leído sobre el uso periodístico de los adverbios terminados en mente: “No hay periodista que quiera impresionar con su escritura que no le meta adverbio terminado en mente a párrafo que se le cruce. Como por lo general están puestos para exagerar, para maquillar una prosa frágil, se los puede quitar sin que afecten el sentido de la frase. En muchos casos son redundantes. Para demostrar cómo se intenta embaucar con los “mente”, basta leer discursos políticos o declaraciones intencionadísimas”, escribió Darío Gallo, en su Bloc de Periodista, y agregó algunos ejemplos.

Por la misma vía, llegue a bloGicamente, el “único blog contra los adverbios terminados “en mente” en la redacción periodística y de blogs”.

Pero continuemos con la transcripción:

“Ya oigo a alguien acusándome de pesado. Lo niego. Creo que de adverbios está empedrado el infierno, y estoy dispuesto a vocearlo desde los tejados. Dicho de otro modo: son como el diente de león. Uno en el césped tiene gracia, queda bonito, pero como no lo arranques, al otro día encontrarás cinco, al otro cincuenta… y a partir de ahí, amigos míos, tendréis el césped, “completamente”, “avasalladoramente” cubierto de dientes de león. Entonces los veréis como lo que son, malas hierbas, pero entonces, ¡ay!, entonces será demasiado tarde.”

Hasta una próxima entrega de “Las lecciones de Mr. King”.

Related Posts with Thumbnails

 

You need to log in to vote

The blog owner requires users to be logged in to be able to vote for this post.

Alternatively, if you do not have an account yet you can create one here.

Powered by Vote It Up

Get Adobe Flash playerPlugin by wpburn.com wordpress themes