La comunicación 2.0 y la pérdida de la caballerosidad

La caballerosidad cayó en desuso.

Ya sé que el tema es de hace rato, que no descubro nada nuevo. Pero me gustaría hablar del componente comunicacional del asunto, porque creo que hay un motivo que acentuó el proceso de perdida de la caballerosidad: el aumento ininterrumpido en la velocidad a la que viaja la información.

En una época hiperconectada, donde las noticias se actualizan segundo a segundo, y un movilero de radio puede ser el último en llegar al lugar de los hechos, el lenguaje llano se impone en la comunicación. No hay tiempo para la formalidad. Es necesario hablar ya, sin pensar, sin medir. Sin reflexionar.

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Hace un puñado de años nomás, los medios masivos imponían las formas de la comunicación, y luego comenzaba un proceso de filtrado hacia las relaciones interpersonales, es decir, las personas adoptábamos las formas que veíamos en la TV.

En Argentina, un caso paradigmático es Marcelo Tinelli, sobre todo en las audiencias que encuentran en la TV una imagen aspiracional del mundo.

En otros públicos, es Internet la que está creando nuevos códigos.

La publicidad también es reen del asunto de la velocidad. No creo que los creativos publicitarios sean todos bananas, a los que les gusta el lenguaje simple, soez y las ideas de mal gusto, sino que el vértigo que propone la información en tiempo real, ha empujado a que la comunicación, toda, ya no tenga tiempo para cuidar las formas.

Y eso, a su vez, con paciencia y lentitud, atenta contra todo rasgo de caballerosidad, contra las buenas costumbres, contra el romanticismo.

Ya no quedan hombres, significa, también, ya no quedan mujeres. Significa: la comunicación de los hombres hacia las mujeres y de las mujeres hacia los  hombres, cambió para siempre.

(Pequeño disclaimer: detesto la comunicación canchera, sobradora, que parece estar por encima de las situaciones, y que muchas veces sí utiliza el lenguaje publicitario)

Pero acá llegamos al corazón del asunto, y que de alguna manera contradice lo hasta ahora expuesto: no creo que sea cuestión de género, ni de época, ni de la TV antes, ni de la web 2.0 ahora. Aunque en realidad, no es que lo contradice, sino que lo minimiza. Porque creo que la velocidad es un agravante, pero no el factor decisivo.

En Bestiaria, elegido el mejor blog del mundo en 2008, hay un excelente post titulado “Todo por amor” que narra algunas desventuras de la vida de Grace Kelly, pero sobre todo da un pantallazo del mundo en el que, se supone, la caballerosidad aún no se había perdido:

…en esa época, dejar la carrera para formar una familia no era ninguna proeza. Era la norma. Las mujeres que trabajaban en una oficina, por ejemplo, no estaban muy bien vistas. Trabajar era vulgar; era para chicas de clase media o clase media baja que en general terminaban como amantes de sus propios jefes porque nadie las tomaba en serio. Las mujeres de buena familia no trabajaban y menos en una oficina. Como mucho eran maestras hasta que se casaban, se dedicaban a su familia y eran felices con el último modelo de lavarropas y los primeros tupperwares“.

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En ese contexto, ¿de qué caballerosidad me hablan? Si las mujeres eran consideradas cosas, los verdaderos caballeros de la época fueron los que las ayudaron a construir su propio futuro. Y en cantidad, fueron bastante pocos también.

Entonces, repito textual, acá llegamos al corazón del asunto: no creo que sea cuestión de género, ni de época, ni de la TV antes, ni de la web 2.0 ahora.

Se trata de algo intrínseco en el ser humano, en el mono desnudo que describió Desmond Morris.

La velocidad en las comunicaciones favorece, incentiva, promueve la banalización del ser humano. Pero nunca tanto: el ser humano siempre fue así. O, por lo menos, nunca fue mejor.

Por mi parte no añoro la formalidad en la comunicación de antaño, además de porque no la viví, porque no le encuentro mérito. Me hubiera gustado ver a los caballeros del siglo pasado, comunicándose con Facebook y webcam.

Si bien es cierto que la web 2.0 atenta contra la caballerosidad, estoy seguro de que esa formalidad, ese don de gente, tampoco hubiera sido tal. Porque el ser humano es el mismo.

No creo que falten valores, creo que nunca existieron. La web 2.0, lo único que hace es dejar todo el asunto en evidencia.

Como verán, hoy me levanté pesimista.

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  1. Silvia’s avatar

    ¿Se ha perdido la caballerosidad y el romanticismo con la Web 2.0.? http://bit.ly/1XMfoP

    Reply

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Martín Enrique Fernández

MAF
En este espacio escribo sobre las personas que generan corrientes de pensamiento en algún campo en particular, sobre ideas y herramientas de comunicación interna y sobre el proceso de cambio cultural permanente en el que se encuentran las organizaciones. Las personas. Las ideas. Las organizaciones. En ese orden.

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Presido la consultora especializada en Cultura de HSE, Antropología Corporativa y Comunicación Interna, Whycomm S.A.
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