En “Gadgets imprescindibles”, hoy: almorzar trabjando

Ya hace más de diez años que almuerzo trabajando; es decir, el almuerzo es un continuo en medio del trabajo. Ya sé que está mal. Incluso me lo dijo un nutricionista, con lo que podría decir que el peso de la ciencia ya me advirtió que no es saludable.

Pero igual no lo puedo evitar, y es más, lo disfruto. Es la pertenencia de clase que tira y tira: hay que trabajar, incluso, cuando almorzamos.

Les cuento esto porque en este espacio ya nos conocemos mucho. Ya todos sabemos que no les voy a decir una cosa por otra y que cuando les presento un chirimbolo para el escritorio es porque REALMENTE lo necesitamos.

Acá no nos conformamos con la estética ni con el ingenio vano. Si el cacharro no tiene alguna utilidad, no le prestamos atención.

Por eso cuando cuando vi este juego de lapiceras que se transforman en cubiertos no me conmoví en lo más mínimo. Ni siquiera esbocé una sonrisa. Todos podemos ver en forma inmediata que son una porquería.

Y pensé que así como el paraguas con visor que vimos la semana pasada me había devuelto la fe en la humanidad, este cachivache me la quitaba.

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Internamente, estaba protestando: “…cuando se almuerza no se escribe; se trabaja, sí, pero solo se lee. Qué se piensan, JA, que a mí la sociedad de consumo me va dominar…”, cuando, de repente, quedé rendido al contemplar el ingenio humano en toda su expresión.

Fue como una epifanía, un momento místico.

Un rayo me atravesó y juré nunca descansar hasta poseerlos. A los dos juntos. Las lapiceras-cubierto y el plato-teclado.

Es el nuevo propósito de mi vida: tener ambos gadgets para combinarlos.

No se dejen engañar: esto, y no otra cosa, es la calidad de vida.

Vía: gauyo | Vía: Nopuedocreer

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