Un jefe es como un padre, es la figura de autoridad, es alguien que se mira hacia arriba. Como a Dios, salvando las distancias. Por eso, sin embargo, también se comporta como si lo fuera: recibe los reclamos y los pedidos más caprichosos. Y, a la vez, actúa de la forma más arbitraria posible.
Ser jefe es una gran complicación en la vida de las personas, siempre exagerando un poco para que se entienda.
Sin embargo, salvo honrosas excepciones, cuando la jefa es mujer y el reporte es mujer, la cuestión se pone realmente peliaguda, a menos que la que tiene el rol coyuntural de jefa sea una persona justa, equilibrada, equitativa, serena, bien intencionada y emocionalmente equilibrada. Sí, otra vez equilibrada. El equilibrio emocional vale doble.
Pero si las personas no somos equilibradas, ni todo lo demás, ¿por qué lo íbamos a ser si nos llegara la hora de ser jefes?
A esto se suma que en el jefe se depositan todas las frustraciones. Quienes no se animan a cambiar de trabajo, quienes no saben hacer sus tareas, quienes no poseen autocrítica, todos, le echan la culpa a su jefe.
O sea, un roto para un descosido.
Tener jefe es odioso, porque las personas somos odiosas. No existe una salida elegante.
Ni los que mandan ni los que reportan están preparado para asumir su rol con madurez.
Con honrosas excepciones, repito, la relación con el jefe no tiene futuro. No es culpa de nadie, es la naturaleza humana. Sepan entender la generalización, ya sé que su jefe es divino, y ustedes, los que son jefes, también son divinos. Hablo de otra gente.
Pero por suerte y como si el panorama no pintara negro, llegó Facebook para hacer todo más difícil aún. Ahora no sólo tu jefe es tu jefe si no que es tu amigo y mira tus fotos del fin de semana.
Entonces, más temprano que tarde, se plantea la cuestión decisiva: ¿lo acepto no lo acepto? Aunque más no sea vía muro, ¿quiero a mi jefa de amiga?, ¿realmente deseo que exista un entorno en el que nuestra relación pueda estar definida por la palabra amistad?
Según esta encuesta, una de cada cinco personas tiene a su jefe de amigo en FB.

Pero no sé si es por hipocresía o por desconexión emocional, según vemos debajo, la mayoría cree que esa relación ambigua que se produce no lo afecta o, peor aún, mejora su efectividad.

Rápidamente: cada grupo tiene sus propias características, a esas características digámosle “Cultura”. Como todos participamos de diferentes grupos, todos formamos parte de diversas culturas. Con mis amigos soy de una forma diferente a como soy en el trabajo por un motivo simple: estoy inmerso en otra cultura, con otros códigos, con otros patrones de comportamiento aceptados: con otras características. Las características compartidas determinan la cultura.
En Facebook mezclo todos los grupos, y se produce un crisol de culturas.
Esa mezcla es garantía de conflicto. En esa mezcla todo puede ocurrir.
No me importa lo que diga la encuesta. No me vengan con esa pavada de que las Redes sociales mejoran la Comunicación Interna.
vía: @pabloalaniz
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