El día que me di cuenta que era gordo

Fue en un ascensor, en un episodio violento. Aunque antes tuve algunas señales que no supe ver. De chico y hasta la adolescencia fui flaco, por lo que me costó reconocer el cambio, que se producía con lentitud.

Así como le pasa a algunas mujeres que de chicas son feas, y después se transforman en bombas latinas, pero siguen con la autoestima a la miseria porque se visualizan como ya no son, a mí me pasó al revés, me iba transformando en una pelota de playa, pero creía que era un keniata.

La primera pista seria fue en una víspera de navidad, en lo de Jerónimo. Nos íbamos a juntar en su casa porque tenía aire acondicionado. Todos trabajábamos hasta el mediodía así que quedamos en brindar y picar algo a la salida, como almuerzo de fin de año.

Hacía como 20 días que no nos veíamos, yo estaba con la barba larga, canosa y desprolija, y tenía una remera roja que me habían regalado en un evento de la empresa.

El mismo Jerónimo, cuando bajó a abrirme, fue el primero en darse cuenta del asunto que llevaba meses madurando:

Jerónimo, antes de saludarme:

– Parecés Papá Noel.

Yo:

– Qué gracioso.

Jerónimo:

– Dale, subamos que hace mucho calor… Jo… Jo… Jo… ¿Dónde dejaste los renos?

La verdad es que la ocurrencia me causó gracias. Y cometí el error de contárselo a Ramiro, que llegó media hora más tarde con un Fernet y Coca-Cola caliente. Ramiro recogió el guante de Jerónimo, pero le agregó glamour. Americanizó el Papá Noél que me había espetado Jerónimo, y sin miramientos me dijo “Santa”.

Yo, hablándole a Ramiro:

– ¿Podés creer que este hijo de puta este me diga Papá Noel? Me voy a tener que afeitar. Me van a echar del trabajo.

Jerónimo, que escuchaba la conversación mientras le ponía hielo al Fernet, seguía festejando su ocurrencia desde la cocina. Ramiro, simulando estar de mi lado, hizo un ademán solidario.

Ramiro:

– Dejalo a ese que se ría (señalándolo a Jerónimo con la pera), no le des bola, no te vas a calentar por eso, Santa.

Y ahí sí, se rieron los dos como guanacos.

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Al rato llegó Quique, desesperado por un Fernet. En dos minutos le contaron sobre el nuevo descubrimiento, y Quique no tardó en agregar su aporte al tema del día.

Quique se llama igual que yo, pero más allá del nombre y de que los dos somos de Boca, no nos parecemos en nada. Es un milagro que seamos amigos. El tiene hijos, hermanos y es flaco. Yo tengo pelo, criterio y juego bien al truco.

De Quique también quiero decir que no tiene un gran dominio de las emociones, más bien todo lo contrario, es una bestia. Es de esas personas que para expresar afecto apelan al insulto. No tiene huevos para decir te quiero, entonces te putea. Por ejemplo, te llama para navidad, y te dice:

– “¡¡¡Qué hacés trolo, maricón, puto, infeliz, traga sable, feliz navidad!!!”.

Es su forma, no lo va a cambiar nadie.

Quique festejaba a lo loco mi nuevo apodo, en sus versiones latina y sajona, excitado ante una maldad que prometía mucha tela para cortar. Después de las risas, así como Jerónimo y Ramiro me habían dicho Papá Noel y Santa respectivamente, Quique apeló a su habitual dominio de la sutileza, y me dijo lo más ingenioso que se le ocurrió:

Quique:

– Gordo Puto.

Yo:

– Bue, ahí está el que faltaba, son tres infelices.

La gastada duró un rato más, hasta que el Fernet orientó la conversación hacia un análisis detallado del Apertura que había coronando al Boca de Bianchi por segunda vez. Pero igual me quedé pensando que más allá de los tres gansos que tenía como amigos, algo andaba mal, que ya no era la barba o la remera roja, sino que podía ser que el fisic tu rol de Papá Noel no estuviera tan lejos del mío.

Varios meses después del incidente navideño, llegó el incidente del ascensor. Estaba en planta baja esperando que bajara desde el 15, cuando una gorda y su hija se sumaron a la espera. Al llegar a PB, el ascensor traía a un vecino que desde adentro comenzó a explicar que se había olvidado las llaves y tenía que volver a subir.

Como un caballero les abrí la puerta para que pasaran primero. En el espejo había un cartel que decía: máximo 4 personas ó 450 kilos. Entrábamos todos.

Pero la gorda, que por nada del mundo iba a esperar un nuevo ascensor, igual dijo:

Gorda:

– Subí, subí vos primero, si total los tres gorditos entramos.

Entonces miré a la hija, gorda. Miré a la gorda, gorda. Me miré a mí, y en ese exacto momento comprendí que ya no era el de siempre. Que había cambiado de equipo. Así como juegan solteros contra casados, o Havanna contra Balcarce, ahora yo jugaba para los gordos. Hasta ejemplos de gordo me salían.

Bajé del asensor pálido, shokeado. Yo no era más yo. Al ser lento, no había sentido el cambio. Pero la biología había sido implacable. Con años de mala alimentación, exceso de café y sedentarismo, había pasado de flaco a gordo en un proceso natural, y sobre todo, lógico. Si comés como un chancho, te trasnformás en un chancho.

Pero en mi cabeza, todo pasó entre la planta baja y el séptimo piso. El cambio de físico fue lento, pero la percepción cambió con violencia.

Para combatir la angustia empecé a hacerme un sandwich de jamón crudo, roquefort y mayonesa. Y mientras me juraba que nunca más iba a ser gordo, lejanamente intuía que lo que fuera que buscara para calmarme, no lo iba a encontrar en la heladera.

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  1. Esperanza’s avatar

    muy bueno el relato
    ¡Feliz cumpleaños!
    Esperanza

    Reply

  2. Martín Fernández’s avatar

    Gracias Esperanza! Un beso!

    Reply

  3. Nadia’s avatar

    El día que me di cuenta que era gordo (muy bueno! >_<) http://bit.ly/cfaAL9

    Reply

  4. Jesús Fernández’s avatar

    Excelente relato. Descubrir sobre nosotros mismos miradas diferentes a la propia suele dejar impacto…
    Felicidades por el aniversario. Que te leamos en el tercero…

    Reply

  5. Martín Fernández’s avatar

    Gracias Jesús, espero llegar… 🙂

    Reply

  6. Alejandra’s avatar

    Jua jua jua jua, es excelente y conozco varios casos como los del autor!
    Felicitaciones excelente texto, se me caen las lágrimas de risa!!

    Reply

  7. Martín Fernández’s avatar

    Gracias Alejandra, me alegro que te haya gustado 🙂

    Reply

  8. Martín Fernández’s avatar

    Y ya que estamos con el tema, hace un tiempo escribí al respecto: "El día que me di cuenta que era gordo" http://goo.gl/0t1dI

    Reply

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Martín Enrique Fernández

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En este espacio escribo sobre las personas que generan corrientes de pensamiento en algún campo en particular, sobre ideas y herramientas de comunicación interna y sobre el proceso de cambio cultural permanente en el que se encuentran las organizaciones. Las personas. Las ideas. Las organizaciones. En ese orden.

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Presido la consultora especializada en Cultura de HSE, Antropología Corporativa y Comunicación Interna, Whycomm S.A.
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