El clímax de la Comunicación Interna

Hay ideas que acechan. No hace falta pensar demasiado para encontrarlas. Están cerca, a disposición de todos, esperando ser descubiertas. Son ideas despreocupadas, que fingen espontaneidad, casi como un reflejo. Se plantea el problema, pensamos un instante, y entonces aparece, sin esfuerzo, “la primera idea”. Cada asunto de Comunicación Interna tiene una primera idea rondándolo, lista para ser usada, dispuesta a sacarnos de apuro.

Pero antes que las ideas están los problemas.

Con ánimo generalizador, se puede decir que existen dos grupos de problemas de comunicación adentro de las empresas. El primero tiene que ver con la arquitectura de la información, la optimización de los canales de Comunicación Interna y el flujo de las novedades; el segundo, sin dudas más complejo, está vinculado a lo intangible, a la vida emocional de la organización y a los conflictos entre las personas que la habitan.

Los primeros no son problemas sino problemáticas, necesidades de corte técnico y, cada vez más, tecnológico; su resolución apunta a generar un entorno más sano para trabajar y a construir cultura. Los segundos, en cambio, sí son problemas, densos problemas, angustiantes a veces, hasta cinematográficos. Dejan de lado la actualización de los temas estratégicos y las comunicaciones de Recursos Humanos, para enredarse en las complejas manifestaciones del alma humana. Envidias ante el éxito ajeno, arribismo en las relaciones interpersonales, traiciones por los espacios de poder, competencia entre los machos y celos entre las hembras. Tienen que ver, en suma, con el lado oscuro de la fuerza. Y por eso lo de cinematográficos.

Diseñar un programa que favorezca la convivencia puertas adentro siempre ha sido más complicado que implementar una campaña, que transforme la información en comunicación, volviéndola disponible. Las dificultades metodológicas para definir el posicionamiento y la Comunicación Interna de un proyecto pueden resolverse con una idea, mientras que los conflictos entre las personas suelen estar asociados a la falta de tiempo. Es decir: pueden no resolverse jamás.

Hay una porción de la gran torta de problemas de Comunicación Interna que se cocina en forma cíclica. Cada año, los departamentos de Comunicaciones Internas se enfrentan a diversas temáticas de enfoque temporal que deben resolver en forma equilibrada, sin estridencias, con gracia y armonía. Con solvencia.

Para avanzar en el razonamiento, se puede analizar un caso simple y recurrente: la Comunicación Interna del día del padre.

El brief: generar un mensaje de reconocimiento para el segmento “padres” de la compañía.
El eje creativo: abordar la comunicación desde la metáfora del súper héroe.
El racional: vincular a la institución padre con las fantasías que despiertan los poderes sobrenaturales.
La primera idea: Súper Papá.

Eso (esto) es una “primera idea”, que brota sin esfuerzo, que está a disposición de todos, esperando ser utilizada una vez más.

También es probable que esta primera idea sea producto de las necesidades de subsistencia más básicas y primitivas de la especie. Y que a través de un dibujo en el que representa a su padre como Súper Papá, el pequeño mamífero refuerce el vínculo emocional que le permite manipular al Sapiens adulto, ausente y culpógeno, al ofrecerle un gesto de aprobación inequívoco. Sos más que un padre, sos tan diferente y especial que estás fuera de la norma, sos Súper Papá. Si resisten el cliché, pueden ver un enfoque similar acá.

Casi inevitablemente, cuando la pequeña criatura se transforme en un adolescente desaforado, llegará el momento de los reclamos fuera de contexto, los desaires insolentes y los pases de facturas desconsiderados. Pero mientras tanto, Súper Papá vive su momento de éxtasis al reconocerse en la obra de su pequeño vástago. Y la especie continúa su lenta evolución.

  • (Update: vía YouTube se puede comprobar que Súper Papá existe).

Dejando de lado las referencias antropológicas caseras, el punto en cuestión es que todas las Comunicaciones Internas de cultura tienen una primera idea a mano. Y el problema con las primeras ideas es la falta de frescura, de impacto, la sobreactuación que implica buscar la sorpresa cuando ya conocemos el final: todos queremos a papá, para todos puede ser un súper héroe, eso nunca va a estar mal, y nunca va a ser una sorpresa. Son las ideas prepizza de la Comunicación Interna, ideas rendidoras, que sacan de apuro, que calman la coyuntura siempre demandante. Han sido probadas en reiteradas oportunidades y solo sirven en instancias de bajo riesgo organizacional, como el día del padre, de la madre, de la primavera, y todo el abanico de temáticas promocionadas en la sociedad de consumo en apariencia civilizada.

Las cosas cambian cuando la coyuntura es compleja. Las primeras ideas no funcionan por el entramado mismo con el que deben interactuar. Una compañía con casa matriz en Basilea compra la operación regional en Latinoamérica de una compañía con casa matriz en Munich, que antes operaba en el mercado de los medicamentos y ahora también lo hace en el de la tecnología. El crisol de culturas para las que es necesario alinear nuevos valores, correr nuevos procesos y desarrollar nuevas políticas, genera un escenario en el que la complejidad se multiplica en forma exponencial. A la contradicción de las dos culturas fusionadas, se suma una tercera que, sin pedir permiso, comienza a gestarse y a ganar terreno minuto a minuto. Y en el medio de tanto desajuste, hay que preparar la Comunicación Interna.

Es raro que en esa clase de escenarios, una primera idea resulte útil. Son situaciones en las que es necesario revisar los conceptos centrales, profundizarlos, relacionar elementos, buscar analogías, sintentizar. Y volver a comenzar varias veces: de la comprensión a la síntesis. Una y otra vez. Hasta encontrar mensajes unívocos, consistentes, que requieren más tiempo de maduración, pero que tienen un elemento en común, el clímax creativo, que los distingue en la metamorfosis que se produce entre el pensamiento desordenado y su salto jerárquico al mundo de las ideas.

El clímax creativo es un instante preciso. Un único momento. Es como una aparición, o como un nacimiento. Las abstracciones quedan de lado y todo ese montón de palabras inconexas y combinaciones sin sentido abandona el estadio embrionario del boceto para materializarse en una idea. Y cuando esto ocurre, se produce esa emoción compleja de describir, pero que todos hemos sentido alguna vez; esa pequeña victoria, ese orgullo íntimo que nos inunda cuando la solución a un desafío intelectual se gesta tras un período de esfuerzo. Y donde no había nada ahora hay algo. Algo que empieza y termina en algún lado. Algo que sintetiza algo. Donde había un problema, ahora hay una idea.

Y nos sentimos más cerca de entender el milagro de la vida.

  1. Martín Fernández’s avatar

    #log: http://internalcomms.com.ar… El clímax de la comunicación interna

    Reply

Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

48ab7568e1667774e0ce07e12d77330fLLLLL