De la revolución a la emoción

“Ser argentino es ponerle dulce de leche a lo frío. Ponerle queso rallado a lo caliente. Ponerle limón a lo frito. Ponerle cara de asco a lo hervido…

El domingo, mientras nuestro país se preparaba para cumplir 200 años, me fui a desayunar a un bar muy canchero en un shoping de Pilar.

Asumiendo que ya no me quedaban ideas revolucionarias (o mejor dicho, que ahora creo que la revolución está adentro de las personas y no afuera, cosa que no vamos a discutir hoy), me puse a leer La Nación, específicamente el suplemento “Enfoques” que el diario dedicó al bicentenario.

Muy buenas inforgrafías, columnistas oportunos y una nota de la historia del humor gráfico me habían dejado realmente satisfecho; y como todavía restaban dos días de descanso (lunes y martes) estaba tranquilo y leía con la guardia baja.

Lejos de los problemas de la oficina, las ideas y los pensamientos fluían relajados, en un tono entre superficial y racionalizador digamos.

Entonces llegué a la contratapa del suplemento, que traía una columna de Casciari. “BIEN”, dije. Casciari tiene un estilo que disfruto mucho; es tan cercano para escribir, que uno lo quiere como a un amigo.

Con suficiencia, le hice un gesto a un mozo para que me trajera otro café, y entonces comencé a leer. Cuando el café llegó, yo estaba haciendo malabares para contener los mocos y las lágrimas, luchando porque mi imagen de hombre de mundo que lee La Nación un domingo a la mañana y ya no cree en las revoluciones, no se desbarrancara por la emoción.

El bicentenario según Casciari, literalmente, me hizo llorar.

  1. Martín Fernández’s avatar

    De la revolución a la emoción, el bicentenario según Casciari http://bit.ly/bBPwoJ

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