Creatividad aplicada & públicos internos

En Comunicación Interna, hay una sola clase de ideas peor que las robadas: las ideas pretenciosas. Para comunicarse adentro de una organización, las ideas simples y directas siempre son mejor recibidas que las que obligan a razonamientos laberínticos. La pretensión es engaño, y los públicos internos condenan la sobreactuación casi como una infidelidad.

Sin embargo, detrás de una campaña de comunicación interna pretenciosa no siempre existe la intención espuria de engañar, o de hacer alguna clase de daño, sino que se oculta una carencia. Sin quererlo, las ideas pretenciosas delatan la falta de autoestima organizacional. La pretensión es la otra cara del fracaso, el disfraz exagerado de lo que no somos, de algo que nos gustaría ser pero no sabemos bien por qué. Es la sobreactuación de la imagen: como afeitarse cuando todavía no crece el bigote.

Muchas veces, las ideas pretenciosas se usan para adornar programas o proyectos sin gracia, o sin beneficios directos para los públicos internos que deberán llevarlos adelante. Desde la comunicación se inventan atajos, que fuerzan el tono de los mensajes, con el fin de equilibrar de algún modo el esfuerzo que se va a exigir. Por ejemplo, si hay que comunicar un cambio en los proceso en planta para la fabricación de un automóvil, y todo el peso va a recaer en los operarios, decirle al operario que “el cambio depende de vos (o de tí)”, es una idea pretenciosa. Si bien es cierto, todo el cambio depende del operario, la idea está barnizada con un tiente emocional –positivo- que el proceso no tiene para el destinatario, ni va a tener nunca, porque la realidad es que “depende de vos, te gusto o no te guste”.

Mentir, o simular veracidad, es caminar derecho al abismo. Es el suicidio o el asesinato de la reputación interna, dependiendo de la intención. Las ideas pretenciosas hacen que las organizaciones (y las personas que las avalan) pierdan credibilidad, y por añadidura, los públicos internos se desencanten rápidamente. Como corolario, en radiopasillo comienza a sonar el tango organizacional, esa melodía cargada de lamentos, de frustraciones, y muchas veces, de bronca.

Para profundizar en este asunto de las ideas pretenciosas y el daño que pueden producir en la cultura organizacional, vamos a usar la técnica de brainstorming de los opuestos (es decir, encontrar una idea pensando en el opuesto) e invocar el espíritu del Capitán Jack Sparrow, el pirata sin imagen.

Pero antes vamos a hacer una pequeña prueba, enfrentando dos estilos opuestos que el cine utiliza para la transmisión de mensajes: lo simple vs. lo complejo. Así, en este rincón del cuadrilátero, ubicaremos a la inolvidable y pretenciosa “Magnolia”, y en este otro, podemos ver a la obvia y lineal “El día de la Independencia”.

Mientras que en “El Día de la Independencia” está más que claro quiénes son los buenos y quiénes los malos, y hasta el propio presidente norteamericano comanda el ataque aéreo –el mismísimo 4 de julio- en el que liberará al planeta de una invasión extra terrestre, en Magnolia llueven sapos.

Que el 4 de julio sea, además del día de la independencia de los EEUU, el día de la independencia mundial, es una idea lineal, casi grotesca, y hasta se podría especular con que lo hicieron a propósito, que se estaban riendo de ellos mismos, y antes de comenzar con el guión, el director le preguntó al guionista:

Director:

-¿Cómo podría burlarme de lo obvio y burdo que es nuestro mecanismo de propaganda imperialista?

 

Y la respuesta no se hizo esperar:

Guionista:

– Ya sé, que la liberación del mundo sea el 4 de julio!

Y el resultado fue “El día de la Independencia”.

Como sea, si algo caracteriza a esa idea es la falta absoluta de deseo de aparentar algo que no es, la falta total de pretensiones: o es propaganda, o la burla de la propaganda. Pero de ahí no sale.

Ahora, que lluevan sapos, sin dudas es pretencioso.

Nunca entendí la metáfora de Magnolia, o no quise entenderla. Desde que ví Magnolia, antes de ir al cine leo las críticas de los diarios, y si llueven sapos, no voy. Mi felicidad en es directamente proporcional a la cantidad de autos que explotan. Mientras más chatarra vuele por el aire, más contento salgo del cine.

En Comunicación Interna, con las ideas pasa lo mismo que con el cine: se hacen masivas –y logran conmover, o al menos sacudir a la organización- cuando los mensajes son simples, directos y sin pretensiones, cuando invocan el espíritu de Jack Sparrow, el pirata sin imagen.

Pero de eso nos vamos a ocupar en la segunda parte de este post.

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Enlaces relacionados:

La primera parte: Creatividadad aplicada & públicos internos

La segunda parte: Campañas Internas, sin pretenciones

  1. Martín Fernández’s avatar

    #log: http://internalcomms.com.ar/?p=36 Algo sobre creatividad aplicada y públicos internos…

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  2. Cecilia’s avatar

    ¡Excelente artículo!…me mataste de risa, de vergüenza ajena y de verdad corporativa con tus tropos analógicos… ¿Dónde estabas hace 10 años che?…Si te hubiera leído entonces, habría acuñado el término de “amor a primera vista…de letra”. Enhorabuena mente inteligente. Saludos desde México. 🙂

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