Un conocido que se dedica estampar remeras, digámosle Ramiro, anteayer me contó algo sobre su negocio que me sorprendió:
- “Sólo me dedico a hombres. No trabajo para mujeres”, dijo.
La sorpresa vino a cuenta del tipo de productos que vende: como dije, remeras estapadas.
Por ejemplo, si un Centro de Estudiantes organiza una protesta porque un dictador argentino tiene el beneficio de la prisión domiciliaria, Ramiro hace las remeras con la consigna: “Cárcel para los genocidas”. Y si a esa protesta, Cecilia Pando le organiza una contra marcha para bregar por los derechos de los dictadores en el crepúsculo de sus vidas, Ramiro también le hace las remeras, que en este caso dirán: “Viva la patria, viva la libertad”
En América Latina las peores masacres y los vaciamientos más escandalosos siempre se hacen en el nombre de la patria y de la libertad.
Pero el tema era otro: tanto el Centro de Estudiante como los partidarios de lo que políticamente sería la ultraderecha, se encuentran en el local de Ramiro a la hora de retirar las remeras. Los representantes de cada grupo pagan y se van, y si se cruzan en la puerta, lo más probable es que se saluden amablemente, ya que ni siquiera se conocen.
Es el mercado y su lógica más cruda: los ideales, principalmente, sirven para factuar.
Entonces, en presencia de productos (remeras) que duran un suspiro. Es decir, que luego de cada marcha, se estiran o se encogen o se rompen, porque son de la peor calidad (US$ 4, por remera estampada para una marcha, son casi descartables), mi reacción fue inmediata. Y no por una cuestión de diversidad e igualdad de los derechos, sino por una cuestión de mercado.
- ¿Cómo que no atendés mujeres? ¿Por qué? Te estás perdiendo todo un mercado… (dije casi en tono de burla)
Pero la respuesta fue contundente y con la mísma lógica capitalista:
- Porque los hombres son más fáciles. Yo vendo remeras. Si un hombre quiere una remera estampada, elige la estampa, y cuando le pregunto el color me dice: “Dame cualquiera, elegila vos, la que quede mejor”. En cambio a una mujer, después de que le mostré 4 tonos de naranja, me pregunta si no tengo alguna más tirando al salmón. ¡En una remera que va a usar 10 minutos!
Y me quedó claro, el negocio del estampado prefiere a los hombres.
Pero más allá de que el comentario me causó gracia, reafirma mi creencia de que es casi imposible que hombres y mujeres estén bien comunicados. Porque todo es difernte: intereses, deseos, cuerpos. Y a eso hay que sumarle que estamos en la “Cultura del envase” (definición de Eduardo Galeano)
Estamos en plena cultura del envase:
El contrato de matrimonio importa más que el amor,
el funeral más que el muerto,
la ropa más que el cuerpo,
la misa más que Dios.
Es decir, más allá del género, estamos condenados a la incomunicación.
Un último consejo para Ramiro, y para todos los emprendedores que estén buscando un nuevo nicho: hay dedicarse a comercializar almohadas que te abrazan. Nadie se niega a un abrazo sincero en plena crisis. Feliz día de la mujer.

(Vía)
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Trackback from LauraRisso on March 8, 2009 at 7:53 pm
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#Compartir Comunicacion estampada, y abrazos de almohadas http://is.gd/mreN By InternalComms/Martin Fernandez- Muy buena opción para solas.



2 comments
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