Series

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Esta parece ser una semana en la que vamos a hablar de series. Les dejo un aviso gráfico que se pautó un tiempo atrás en The New York Times con motivo del lanzamiento de la nueva temporada de Game of Thrones.

Cuando sorprende, la creatividad en gráfica es la que más sorprende.

Vía: eblog

Hunted

Hace un tiempo que pienso que a InternalComms le falta comentar series. Y hace un tiempo también que sigo un blog que me gusta particularmente por el tono y la extensión que utiliza para sus comentarios: Cinefanías.

Desde ahí traje el post de hoy, con el comentario de la serie Hunted.

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HUNTED

por Jorge Mayer (@fander)

Hunted es la clásica serie de espías con la salvedad de que la Guerra Fría terminó hace rato y ahora todos los miedos del mundo, por decirlo así, se concentran en Oriente Medio y el verdadero poder reside en las corporaciones antes que en los países.

Samantha Hunter, la muy comestible Melissa George, es una espía de elite que vuelve a escena después de un descanso forzado: fue baleada en su emboscada y cumple su recuperación bajo un secreto tan rígido que ni su empleador sabe de su paradero.

Al regreso debe infiltrarse en el seno de la familia de un acaudalado empresario, que por las buenas o las malas planea quedarse con un negocio multimillonario en algún sitio recóndito del que nunca sabemos demasiado.

Está muy bien manejado el suspenso, hay escenas de acción al por mayor y los caballeros encontramos un recreo visual en Melissa (una debilidad de la casa, como casi todo el reparto de Mulholland Drive). El conjunto es de bueno a muy bueno y la intriga provoca una fascinación que roza lo adictivo.

El desenlace, hay que decirlo, no resulta del todo satisfactorio. ¿Habrán querido dejar la puerta abierta para una segunda temporada? Eso no ocurrirá, al menos en la BBC, pero se corrió la voz de que había otras cadenas interesadas en retomarla. Sería una muy buena noticia.

Hace un tiempo leí una interesantísima reflexión en lanacion.com que me pareció tan certera que la copypasteo integra, ya que además es breve.

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Las series de TV y nuestra identidad

El año pasado, el crítico Daniel Mendelsohn armó un pequeño alboroto en Estados Unidos cuando escribió una larga reseña negativa de Mad Men en la New York Review of Books, la más prestigiosa de las revistas intelectuales de la ciudad. Mendelsohn, que hasta ese momento no había visto ni un episodio de la serie, se tragó las primeras cuatro temporadas en un par de semanas y llegó a un veredicto brutal: “El guión es débil, los personajes son chatos o incoherentes y las actuaciones son, casi sin excepciones, sosas y, a veces, amateur”.

(Un mapa muy entretenido que muestra el lugar en el que desarrolla cada historia. Acá se puede ver a tamaño completo)

Pero lo más interesante del texto de Mendelsohn, un reconocido y normalmente buenazo crítico literario y ensayista, no era su juicio sobre Mad Men sino lo que venía después. Durante cuatro años, Mendelsohn había sido testigo de la popularidad de la serie a su alrededor. Se la recomendaban sus amigos, la elogiaban periodistas y escritores de las revistas a las que estaba suscripto, la premiaban las organizaciones y academias encargadas de estampar prestigio sobre la ficción de televisión. Ahora que la había visto, y le había parecido telenovelesca y parasitaria, ¿qué decía esto de él? ¿Estaba todo el mundo demente? ¿O era él el único loco?

Las dudas de Mendelsohn me hicieron pensar en el creciente rol de las series de televisión para pintar nuestra identidad pública. Hace 150 años, el público empezó a hacer lo mismo con las novelas; hace 50, gracias al nacimiento de la cinefilia, con las películas; y, poco después, con la explosión del pop, con las estrellas y sus hits.

A ese mix de discos, películas y libros se han sumado las series de televisión. Hace 25 años, tener una opinión positiva o negativa sobre Brigada A Blanco y Negro no decía nada sobre uno mismo. Y los intelectuales casi no miraban televisión. Ahora, cualquier persona de clase media sabe bien cuáles son sus series favoritas. Si surge el tema, en una reunión con amigos, saca la lista y defiende su contenido con garra y orgullo: “¡Estás demente, cómo vas a decir eso de How I met your mother !” Cualquier intelectual que se precie está ahora casi obligado a agregar series a su menú de referencias. Mendelsohn, de hecho, pese a su invectiva, aclara que estamos viviendo una edad de oro de la televisión y aclara que Los SopranoThe Wire tienen “texturas morales” propias de Esquilo.

Cuando me preguntan a mí, no soy muy original. Digo que mis favoritas son The Wire, Los Soprano, Mad Men Breaking Bad . Y agrego, si todavía me están prestando atención, dos más:The Office (para no parecer tan dramático) y Friday Nights Lights , una serie sobre fútbol americano que no vio nadie fuera de Estados Unidos y me permite darme un toque misterioso. Así puedo presentarme como alguien interesado en la condición humana y los temas serios de The Wire pero también, porque veo The Office , como un tipo tierno y con sentido del humor.

El lado oscuro de esta pasión es que nos volvemos hinchas de nuestras series favoritas. Las defendemos como si fueran parte de nosotros mismos. En estos días he defendido Homeland , que mañana empieza su segunda temporada en Argentina, como si fuera un asunto personal, perdonándole errores que a otras no les perdono. No está bien, pero es demasiado tarde para cambiar de equipo.

Cuando encontré las fotos que ilustran el post sentí una emoción casi adolescente.

Si bien sabía del recorrido en New Jersey para ver locaciones de The Sopranos, o del café de Seinfeld en NYC, cuando encontré a un blogger que hizo el siguiente recorrido por Nuevo México, visitando las locaciones de Breaking Bad, me pareció una idea genial.

Debe ser casi la única forma de que Nuevo México resulte un lugar atractivo al turismo.

1. La casa de la familia Withe

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2. La casa de la familia Pinkman, que luego fue guarida de Jesse.

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3. El interior de Los Pollos Hermanos, del temidísmo Gus Fring. Nunca nadie me dio tanto miedo como el Sr. Fring.

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4. La casa de Hank, que a todos nos cae mal por gil.

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5. El lavadero de autos (y de US$) que comandaba la intensísima Skyler.

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6. Otra de las moradas de Jesse.

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7. La baulera en la que amontonaban el efectivo.

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8. La vieja cocina de meta anfetaminas. Cuantos buenos recuerdos.

Si no vuelve Breaking Bad pronto no lo voy a soportar. Pueden leer el recorrido por Albuquerque que postearon en este blog.

Y solo para fanáticos de la serie, hace un tiempo escribí algo sobre Breaking Bad en Internalcomms Jr: “¿Por qué amamos tanto a Jesse Pinkman?

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Martín Enrique Fernández

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En este espacio escribo sobre las personas que generan corrientes de pensamiento en algún campo en particular, sobre ideas y herramientas de comunicación interna y sobre el proceso de cambio cultural permanente en el que se encuentran las organizaciones. Las personas. Las ideas. Las organizaciones. En ese orden.

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Presido la consultora especializada en Cultura de HSE, Antropología Corporativa y Comunicación Interna, Whycomm S.A.
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