Personal

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Hace ya unos días que tenía ganas de volver a escribir, pero no sabía bien sobre qué.

No se me ocurría nada en particular.

Solo sentía, vagamente, el deseo de retomar una práctica que extrañaba.

Y como tampoco conozco una palabra justa que describa esa sensación, la de retomar un hábito placentero, creo que eso mismo, el hecho de no poder ponerlo en palabras, tampoco me ayudaba a clarificar la sensación de tener ganas de volver a escribir.

Todo muy circular.

Como si lo que no pudiésemos poner en palabras, no pudiésemos concretarlo.

Ya ha escrito mucha gente al respecto; es un concepto mitad autoayuda, mitad planificación estratégica.

La cuestión es que con esa inquietud interna, no del todo consciente, la de “retomar un… etc”, esa que no tiene una palabra específica para hablar de ella, encontré este post genial, con once palabras propias de diferentes países que no se pueden traducir a otras culturas.

Por ejemplo, en japonés existe una palabra, KOMOREBI, para describir la luz del sol que se filtra entre las hojas de los árboles. ¿No es hermoso?

Y otra que me gustó, JAYUS, una palabra del indonés, que describe la risa con el fin de atemperar una broma tan mal contada que no causa nada de gracia.

¿No es un concepto todavía más hermoso que el anterior?

No entiendo cómo no se me ocurrió a mí con lo que me gusta reírme de los demás.

Hay varias palabras más, todas muy lindas, y hasta pueden encontrar una de habla hispana. Para saber cuál es pueden ir al link original, así esto no se hace tan largo.

Porque este post es solo una excusa para escribir algo. Para retomar un lugar interno.

Así que ya saben: si encuentran una palabra que describa la sensación de retomar un hábito placentero abandonado, me avisan.

Vía: @PNLArg

Rara vez escribo sobre fútbol en el blog. Y hoy no va a ser una de esas raras veces.

Sin embargo, el tema del post que les voy a recomendar tiene un telón de fondo futbolero.

Es la relación de un padre y su hijo, cruzada por una pasión compartida -la pasión por el fútbol-, y contada desde el mundo-hijo.

Les aviso que pueden llorar. No es una historia sobre fútbol, sino una historia sobre la relación entre padres e hijos.

Bellísimo texto.

Parece que fue ayer nomás que InternalComms dijo adiós.

Pero no. No fue ayer. Fue hace ocho meses. Y un poco parece que fue en otra vida.

La cuestión es que hoy, con alegría, comienza una nueva temporada del blog, la sexta, la Temporada 2013, en la que compartiremos los mismos temas de siempre:

Las personas. Las ideas. Las organizaciones. En ese orden.

Solo para ponernos al día, me voy a extender unas líneas.

En este tiempo si bien hice varias cosas, sobre todo me dediqué a trabajar y a leer, y a ver series.

Todo el tiempo que no escribí, lo dediqué a relanzar la consultora e incorporar conocimientos, y a ver series.

Muy poco glamour, fue todo esfuerzo penoso y, por momentos, angustiante, y por eso la necesidad imperiosa de ver series: para evadirme un poco.

Pero nada especial, creo que de alguna manera u otra, todos encontramos una forma de hacer lo mismo.

Hace ocho meses, cuando nos encontramos en este espacio por última vez, también les comenté que esperaba transformar InternalComms en un libro; bueno, ese proceso continúa. Al respecto solo quiero decir que escribir un libro es contactar en forma brutal con que el tiempo es un recurso escaso, sobre todo cuando uno se dedica a ver series.

En este tiempo también me di cuenta de algo que ya sabía, pero que no había asumido en profundidad; algo de lo que no tenía una conciencia clara sino que intuía de forma más o menos superficial: que las pausas son importantes, sí, pero más importante es planificarlas.

Confieso: yo estaba seguro de que no era así, de que las cosas funcionaban en continuado; siempre creí, íntimamente, que no había que detenerse nunca, que no era necesario parar para pensar. Error. Detenerse favorece la perspectiva, y la perspectiva favorece las decisiones certeras, plenas, satisfactorias.

Pero el asunto es un arte. No sé si en algún momento se llega a dominar ese delicado equilibrio entre el deseo genuino y la acción compulsiva.

No faltará oportunidad de que a través de algún post de autobombo descarado les cuente sobre algunos proyectos.

Para no hacer extenso el regreso y ya comenzar la conversación cotidiana, solo resta agregar que a lo largo del año probaremos algunas secciones nuevas, que se sumarán a las que ya conocen, y que en sintonía con lo expuesto, esta temporada del blog tendrá principio y final: comienza con este post y, si todo sale bien, terminará el viernes 13 de diciembre. Así de prolijo espero que sea el asunto.

Justo ocho meses después, y otra vez en tercera persona, así como ayer dijo adiós, hoy InternalComms dice hola, ¿cómo les va?

Todo parece augurar un 2013 lleno de arbitrariedad y contradicciones. 🙂 🙂 🙂

Extrañaba escribir.

Los extrañaba.

Martín

Así, hablando en tercera persona de sí mismo, con la soberbia que a veces impostamos para esconder la tristeza, Internalcomms se despide.

Y saluda a su comunidad de lectores que ha sido siempre tan amable, fiel y entusiasta: GRACIAS.

Gracias por participar.

Gracias por formar parte de este espacio con tanta alegría.

De verdad, fue un gusto enorme.

Después de escribir casi a diario durante tres de los cuatro años que edité este blog creo que una breve explicación es necesaria.

Sobre todo para mí.

Necesito cerrar esta etapa de manera formal.

LAS RAZONES

Internalcomms fue, en principio, un ejercicio profesional. Qué con el tiempo sumó notas personales, como el propio “género blog” pide a gritos. Pero básicamente era un espacio para reflexionar sobre cuestiones laborales.

En ese sentido también cumplió con creces. Conocí clientes, participé de varios eventos y respondí un par de entrevistas sobre redes sociales. Casi sin querer, se transformó en una gran apoyo para la consultora. Lo que ocurrió es que en los últimos dos años cambiamos de eje: dejamos de hacer comunicación interna en forma exclusiva para orientarnos hacia la Cultura de HSE (no importa si no saben bien qué es, no los voy a aburrir).

El asunto es que al cambiar el eje diario de mi trabajo, el blog se volvió cuesta arriba, casi imposible de sostener. Alejarme del tema central -la comunicación-, lo volvió un ejercicio cada vez más complejo, por el hecho de tener que cambiar el foco de la mirada.

Si me lo permiten, antes de la despedida final, voy a hacer un breve repaso por los contenidos que más me gustaron del blog (ojo, no les quiero mentir, si no me lo permitieran igual lo haría). 🙂

EL VIDEOPODIO

Fue la sección que más disfruté. Además de que fue la única original: no se la copié a nadie ni como formato ni desde la denominación.

Me entusiasmaba cuando escribía alguna anécdota personal, aunque siempre las exageraba un poco.

Y más me entusiasmaba cuando encontraba un eje claro, como en el caso de la modelo evitando el ridículo. En  esas oportunidades todo era alegría y el texto salía redondo.

Pero eso no siempre ocurría. Era una sección ingrata y trabajosa, porque tenía que visualizar infinidad de porquerías hasta encontrar algo como la gente que se puediera conectar de alguna forma. Y encima nunca comentaba nadie, o rara vez.

Hasta amagué a cerrarla y finalmente me eché para atrás; fue mi costado vedette.

El de la escritora Nigeriana Chimamanda Adichie, el peligro de escuchar una sola historia, fue uno de los Videopodios que más me gustó.

Y el siguiente video nos hizo llorar a todos: los soldados de vuelven de la guerra y se encuentran con sus hijos.

EL EJERCICIO DE OBSERVACIÓN

Los viernes eran días esperados por mí. No solo por el hecho de ser viernes, también estaba el ejercicio.

Fue, lejos, la sección con más participación. Y la más divertida. La que hizo que este blog tuviera una comunidad activa.

Porque la otra comunidad, la silenciosa, se veía reflejada en las visitas y en las suscripciones por mail, y no necesariamente en los comments. A ellos, los lectores invisibles, también les mando un abrazo.

Regresando al tema, después de un tímido comienzo, entre todos encontramos el tono justo para el ejercicio de los viernes, y se volvió muy divertido.

LA PRIMERA PERSONA

Fueron cuatro años y dos meses en los que escribí mucho, y siempre a conciencia. La primera persona es adictiva; nada nos gusta más a los seres humanos que hablar sobre nosotros mismos.

En este tiempo escribí sobre por qué somos esclavos del dinero.

Sobre porquerías para el escritorio.

Sobre el día que me di cuenta que era gordo.

Sobre el terremoto de Chile, con una crónica desde Santiago.

Sobre el tiempo que no destinamos a pensar.

Sobre la inseguridad que genera la paradoja de elegir. Y la seguridad necesaria para presentar ideas.

Sobre Facundo Cabral, sobre mi amor adolescente por Ángela Molina y sobre el genial Britain´s Got Talent.

Sobre branding. Escribí mucho sobre branding. Demasiado.

Sobre creatividad.

Sobre Google, sobre Facebook y sobre Twitter.

También transcribí la increíble guía de la buena esposa y esa otra pieza brillante para buscar empleo en publicidad que es el Manual del Trainee.

Y hasta escribió mi madre.

Pero sorprendentemente para mí, el post más visitado, solo tuvo una foto. Esta:

Por una cuestión de energía, editar InternalComms fue un ejercicio increíblemente enriquecedor. Me explayo.

En general, cuando tenemos una idea, se debe a que atravesamos un proceso de incubación. Es como parir, pero sin la parte de los 9 meses, y sin el humanito bebé que queda al final.

O sea que no es como parir, pero la analogía es clara: tiene que pasar un tiempo de gestación, hasta que la idea madura y nace.

Después hay que cuidarla para que no se rompa. Este proceso de

tiempo que llevan las ideas y los humanitos bebés, los hace muy valiosos.

Bueno, algo de esto, a menor escala, ocurre con un blog. Todos los días hay que parir una idea.

El desafío de escribir a diario, de plasmar esa idea, por  pequeña que sea, es sumamente atractivo. Si ya el hecho de proponerse generar una idea es un desafío, tener una todos los días (una vez que se supera la creencia de que no se puede) nos brinda una gran dosis de energía extra. Porque pensar nos llena de energía. Del tipo de energía que brinda el aprendizaje.

Pero lo mejor de todo, no les quiero mentir, era escribir en primera persona, una arbitrariedad atrás de la otra, cobijado por el formato.

UNA ÚLTIMA IDEA, Y FINAL

Aunque tampoco será un final-final. Todavía me queda una idea más para Internalcomms: convertir algunos de sus contenidos en un libro digital.

Voy a agrupar temas, reelaborarlos y transformar los mejores textos en una pieza editorial con vida propia. InternalComms llegó a tener 100.000 visitas mensuales y aún hoy, casi sin postear, tiene más de 1.200 visualizaciónes diarias, debido a la cantidad de contenidos publicados. A esos contenidos tengo que darles un orden, también lo necesito.

A medida que tenga un nuevo capítulo, lo postearé para preguntarles qué opinan a quienes tengan ganas de leer los adelantos.

El 23 de febrero de 2008 escribí el primer post de este blog.

Y hoy, 20 de mayo de 2012, escribo el último. Lo que venga, cuando venga, tendrá otras reglas. Las que les conté: transformar el contenido y luego dejarlo descansar en otro formato.

Disfruté demasiado el blog para mantenerlo abandonado, así como así, y que no sea chicha ni limonada.

Es una sensación incómoda. Tengo mucho cariño por este espacio.

Poner un punto final es una buena idea, o por lo menos una idea sana.

Sin dudas, el blog sacó lo mejor de mí.

Y eso también se los quería agradecer.

Con afecto, de verdad con afecto, les mando un abrazo, nos vemos pronto, o en Twitter, o nos leemos por ahí.

Martín

Durante 14 años, un gato gordo, peludo y cómodo, apodado Chochi, fue amo y señor de las diferentes casas en las que vivimos. Además de cumplir años el mismo día que yo, el Chochi tenía mis mismos derechos, con lo que siempre lo consideré uno más de la familia.

Recuerdo que su lugar favorito en el último departamento que compartimos, estaba justo debajo del marco de una puerta, previo a un pequeño pasillo que daba a mi pieza.

Así, cuando yo quería pasar hacia mis aposentos, tenía que saltarlo con un tranco largo, ya que lo último que pensaba hacer el Chochi en el mundo, era moverse.

Pero como de noche no se veía bien y muchas veces yo no prendía la luz del pasillo, cuando cruzaba por esa puerta, sin saber muy bien si el Señor estaba, daba un salto pronunciado por temor a pisarlo. O sea, por las dudas, yo igual saltaba. Lo saltaba al Chochi, de día o de noche.

Cuando el Chochi murió, durante un buen tiempo, seguí saltando como si estuviera ahí. Saltaba de memoria, y cuando pasaba al otro lado, me acordaba que el Chochi andaba por el cielo de los gatos, que seguro estaba lleno de comida.

Muy pero muy de vez en cuando me acuerdo del Chochi. Y es raro, porque lo recuerdo con mucho cariño, con mucho más amor que cuando vivíamos bajo el mismo techo. No tengo dudas de que hoy lo cuidaría mucho más de lo que lo cuidé de infante.

Y eso que es una gran verdad que los gatos no dan bola a nadie. Uno es un proveedor de alimentos, y algunos mimos cuando quieren ronronear. Pero es uno el que se encariña. El gato, nada. Es afecto en un solo sentido.

Quien sea que haya dibujado la siguiente viñeta lo tenía todo muy claro.

.

Gatos durante emergencias

Primer lunes del año, en pleno enero, con lo que solo quiero dejar sentada mi posición para el 2010:

07-07-04-money-happiness

En definitiva, les deseo un año próspero, y bueno, con un poco de felicidad que nunca viene mal. 🙂

(Vía)

Pepsi lanzó en Argentina una campaña en la que se atreve a modificar su propia marca aprovechando un localismo. En un gesto de audacia y frescura, la propuesta creativa se anima a jugar con la mala pronunciación de la marca, asegurando que el 24,3% de los argentinos dicen Pecsi en lugar de Pepsi.

Sin ningún dato confiable, me animo a decir que la campaña funciona muy bien. Y para fundamentar el por qué, voy a hacer lo que el ABC de la comunicación dice que no hay que hacer: tomar la propia experiencia -aislada y subjetiva- como una fuente de información válida.

El asunto es que el jueves pasado fui a comprar el almuerzo para llevarlo a la oficina, y mientras decidía de qué iba a ser el sándwich, me adelanté a pedir la gaseosa, y pedí “una PeCsi”. Hasta ahí nada que no deba haber hecho todo el mundo.

Como les comentaba, la campaña es una bocanada de aire fresco, y el chiste es fácil y tentador. La campaña es muy pegajosa. Es muy fácil decir:

– “Una PeCsi por favor”.

Y acá entra el detalle autoreferencial cuasi maradoniano. Yo no tomo Pepsi, tomo Coca-Cola. El asunto es ideológico.

Todo comenzó hace varios años, cuando se lanzó el “Desafío Pepsi” en Argentina, en el que se podían probar las dos gaseosas sin ver cuál se estaba tomando (se escondía la marca), y luego había que elegir cuál de las dos gustaba más. En esa época, yo era adolescente y en mi colegio nos dividimos en bandos. Yo quedé del lado de la Coca-Cola.

Así, durante todo el secundario mantuve una discusión irracional sobre qué bebida era más rica. Y me había embanderado en la causa Coca-Cola con un ímpetu desmedido. Escribo esto y pienso que el Che Guevara se debe estar revolcando en su tumba.

El asunto es que con los años me olvidé de que una me gustaba más que la otra, pero me quedó la costumbre en la elección. A la hora de pedir, pido “Coca”, con un leve registro de que la opción es consciente.

Entonces, cuando de la nada, me escuché pidiendo PeCsi, me sorprendí. Me sorprendí de escucharme pidiendo algo que sé que no pido. Porque una cosa es que la publicidad me engañe y me genere el deseo de comprar un iPhone, y otra es que venza una causa adolescente con solo dos comerciales bien producidos.

Le comenté la campaña a quién me estaba preparando el sándwich, y coincidimos en que a los dos nos gustaba el mismo comercial: el de Mostaza Merlo, un ex futbolista que se caracterizó por su juego sucio, que cuando le preguntan si se dice “foul o fau” responde “no sé, yo siempre fui a la pelota”.

Para no hacer más largo el post, luego voy a dejar un comment de por qué me causa gracia el de Mostaza en particular y a continuación dejo el que sin dudas es el mejor comercial de la serie:

En resumen, la campaña me cayó tan simpática, que me hizo pedir PeCsi. Y es probable que mientras esté en el aire, yo siga tomando PeCsi (aunque nunca se sabe, los consumidores somos impredecibles). 🙂

En una suerte de Meme que no llega a ser tal, me tomo la libertad de preguntarles algunos amigos de la red como Alfonso, Senior y Diana (de España), María Pastora (de Chile), Claudia (de República Domínicana) y Lorena (de Colombia) si pueden dejar algún comentario con su sensación general de este comercial.

Me gustaría saber si se entiende y si les parece o no graciosa la campaña. Y por supuesto cualquier otra observación que tengan ganas de hacer.

De más está decir que todo aquel que desee comentar está invitado. Me genera cierta curiosidad saber cómo ven la campaña desde afuera, desde otros países, y qué opiniones genera el cambio en la marca.

Por último, resta agregar que también se desarrolló la Pecsipedia, una wiki que contenía más de 1300 palabras mal pronunciadas en Argentina (ya no está online) con el mismo humor que propone la campaña, una cuenta en Twitter y el canal en YouTube para ver todos los comerciales.

Creo que de no ser por el tono ultralocalista de la campaña, estábamos ante un comercial que podría producir resultados históricos. Y esto lo digo con fundamentos. Me pasó a mi. 🙂

Más o menos en la misma época que leí “Demian, también leí “La extraña vida de Ivan Osoquin” (.pdf al libro). Yo era chico y la literatura fantástica/esotérica me encantaba. La niñez es una buena época para estímulos literarios de esa naturaleza.

Luego uno crece y hay una tendencia natural durante un tiempo a orientarse hacia textos académico. Después se pasa a los “casos prácticos”, para, finalmente, volver a las lecturas en búsca de sentido. En fin.

El libro de marras comienza con los últimos días de vida de Ivan Osoquin, el protagonista, conversando con un mago, “un anciano encorvado con una aguda y penetrante mirada” al que le gustaba “el buen brandy y los cigarros”, que no era como los magos de ahora, como Harry Potter, sino un hombre robosante de sabiduría.

El asunto es que Ivan Osoquin, le dice al mago que si pudiera vivir de nuevo su vida pero conociendo los acontecimientos, no cometería los mismos erroes.

Para hacerla corta, el mago se ríe y le concede la oportunidad de volver a vivir con la ventaja de recordar todo lo que sabe sobre su vida anterior. Pero lo advierte sobre que como es la misma persona, realizará las mismas acciones, que traerán los mismos resultados.

Como es de esperar, Ivan Osoquin vive la misma vida, con los mismos erroes. El libro, en su nudo central, narra esta segunda oportunidad y esta repetición de fracasos conscientes. Aunque no parezca, es una lectura muy llevadera, con mucho ritmo y la moraleja está en uno de los últimos capítulos llamado “La vuelta de la rueda”.

No voy a contar el final por si algún lector se motiva y desea leerlo. En última instancia, el objetivo del post es compartir esta viñeta: ¡es la vuelta de la rueda organizacional!

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Vía: Mini.canasto.es / GTDtimes.com

Uno de mis isologotipos favoritos es el de Federal Express. Y el motivo es que encierra una sutileza: si prestan atención encontrarán una imagen “oculta” vinculada al core de la compañía.

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El asunto es que cada vez que me cruzo con la marca en la calle tengo la oportunidad de lucirme sin esfuerzo, 🙂 a costa de transformar a mi ocasional interlocutor en una víctima, con una conversación calcada:

Yo, con cierto aire casual:

– ¿Sabés qué es lo que más me gusta de la marca FedEx?

Al ser inesperada, la pregunta sorprende, y genera cierta intriga.

 Víctima ocasional, con las expectativas en alza:

 – No, ¿qué cosa?

Me, again, seguro de mí mismo:

– La flecha.

Víctima ocasional, aún despistada:

– ¿Qué flecha?

Yo, ahora simulando la humildad de los sabios:

– Si te fijás bien, entre la E y la X se forma una flecha, que refleja el espíritu de la marca, sus atributos de velocidad, servicio, bla, bla, bla…

La reacción de sorpresa es instantánea, ya que la flecha se distingue en forma inmediata.

 copia-de-fedex.JPG

Víctima ocasional:

– ¡Sí, qué bueno!

Si bien no es un gran descubrimiento, es uno simpático. Nunca conocí a nadie fuera del micromundo de la comunicación que se haya dado cuenta por sí solo del detalle. Ni siquiera que lo haya escuchado en algún lado. Son temas que a la gente normal no le interesan.

La gente -ese colectivo difuso al que cariñosamente llamo víctimas– siente que ahora sabe algo más. Y es cierto, en efecto sabe algo más. Algo que no le va a servir para nada, algo que no puede aportar sentido a la vida de nadie, pero algo al fin. Eso pasa con el saber.

Y luego del breve intercambio, poniendo mi mejor cara de especialista, cambio de tema. De alguna manera, queda flotando en el aire que es uno de los tantos secretos de la psicología de masas que domino. 🙂

Gracias a un post en el blog de Arturo Goga llegué a otras marcas que esconden mensajes ocultos, de los que no me había percatado, y que me aseguran nuevas oportunidades de afirmar mi imagen de experto ante futuras víctimas desprevenidas. 🙂

Los cuatro que más me gustaron:

amazon.com

amazon-logo.jpg

Dos detalles en uno: la flecha indica que desde la “A” a la “Z” encontrarás todo lo vinculado a las letras, y por el mismo precio también representa la sonrisa de atención al cliente. Una genialidad (una verdadera lástima el último bochorno).

HORROR FILMS

horror-films.png

Genial otra vez. No se me ocurre otro adjetivo. Se puede ver la cara de horror y a la vez una cinta. Síntesis en estado puro. Genial. ¿Ya lo dije?

Toblerone

toblerone_logo.jpg

Por lo menos una vez por año, compro Toblerone. Lo tengo asociado a los viajes. Sin embargo nunca había puesto mayor cuidado en la marca.

Parece que el Toblerone es de la ciudad de Bern, en Suiza, también conocida como “Ciudad de los osos”. Si prestan atención, en medio de los Alpes se puede ver la figura de un oso. Genial 🙂

yoga australia

yoga-austrailia.jpg

Este es más difícil de adivinar, incluso ya conociendo de qué trata el post. ¿Alguna idea? Si aún no lo sacan, acá hay una pista.

Quienes quieran ver algunos ejemplos más, hay toda una galería en el post original: “25 logos with hidden messages – Amazing Graphic Designing tricks!“.

Queridos todos:

Necesito hablarles en primera persona a ustedes que componen la comunidad fiel de lectores de InternalComms, que con alegría veo crecer día a día. 🙂

El tema en cuestión puede parecerles intrascendente pero no lo es, ya que involucra uno de los grandes misterios de la comunicación: el misterio de la percepción.

Lo que necesito pedirles en esta ocasión es que se olviden de todas las oportunidades en las que sugerí que algún gadget me gustaba, o incluso de la lista de caprichos que me gustaban para la oficina pero que no necesitaba.

El problema de escribir con relativa asiduidad sobre chirimbolos tecnológicos (mejor conocidos como “gadgets”) es que ahora que salió uno que de verdad vale la pena, todos los adjetivos para describirlo que tengo disponibles en mi repertorio idiomático, todo el universo de sensaciones que provocan, ya los he utilizado.

De hecho, ese es el objetivo principal de estas líneas previas: aclarar.

Siento la necesidad de aclarales que esta vez, y solo esta, es la que vale.

El resto fue todo un gran chiste, fue inexperiencia, o, para no ser tan duro, digamos, fueron experiencias menores, intrascendentes; se trataba de valoraciones erróneas, de sobre estimación de las cosas, de simples percepciones desenfocadas.

Me ocurrió como cuando era un niño, que me asombraba con cualquier cosa. Me dejé llevar. La curiosidad siempre ha sido una virtud en mí, mientras que uno de mis principales defectos es que soy muy generoso (juas!, me encanta la gente que como defecto tiene una virtud: “mi defecto es que voy a fondo con las cosas”, por ejemplo).

En fin, la curiosidad lleva al entusiasmo y el entusiasmo nos hace perder objetividad.

Pero los años pasan y las experiencias se amontonan. Casi sin querer uno empieza a comparar y se da cuenta de que las propias percepciones iniciales rara vez son fidedignas.

Y ahí el asunto se vuelve más complicado aún: porque las experiencias solo se acumulan con el tiemo y el tiempo solo corre hacia adelante. O sea, es imposible no pecar de soberbio.

En las empresas a todo este curioso y natural proceso de la vida le dicen “Seniority”.

Les ocurre también a las madres primerizas, que piensan que sus hijos son irrepetibles porque aprenden a aplaudir y a tirarse la papilla en la cara al mismo tiempo, o cuando a los 10 años ya pueden atarse los cordones solos. Verdaderos genios del conocimiento. 🙂

Una última analogía para explicar el asunto es la primera vez que nos rompen el corazón, que suele dejar una marca iniciática: como aún no conocíamos el dolor que provocaba, siempre lleva un tiempo considerable reponerse.

love.jpg

Pero como el del amor es un terreno lleno de espinas, vamos a evitarlo cobardemente.

Y todo es para tratar de graficarles que con el asunto de los gadgets me ocurrió lo mismo. Como no tenía con qué comparar, pensaba, entusiasmado, que cuando descubrí la pochoclera retro estaba viviendo una experiencia única e irrpetible.

Ahora que se entendió la idea, quiero decirles, estimados lectores, que me hubiera gustado no haber reseñado nunca ningún gadget, no haber hablado jamás de ningún juguete para la oficina, solo para poder decir que lo que realmente deseo, por fin, ha sido fabricado.

Desde hoy, sin temor a equivocarme, puedo decir que mi vida recobró sentido, que tengo un nuevo motivo para ir a trabajar por las mañanas, ya que encontré el gadget definitivo, el que, esta vez sí, va a ser imposible de superar: el robot que prepara café.

Espero que lo disfruten.

Les dejo un abrazo,

Martín

Vía: alt1040.com

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Martín Enrique Fernández

MAF
En este espacio escribo sobre las personas que generan corrientes de pensamiento en algún campo en particular, sobre ideas y herramientas de comunicación interna y sobre el proceso de cambio cultural permanente en el que se encuentran las organizaciones. Las personas. Las ideas. Las organizaciones. En ese orden.

Whycomm S.A.

Presido la consultora especializada en Cultura de HSE, Antropología Corporativa y Comunicación Interna, Whycomm S.A.
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