Libros & Fragmentos

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“Podemos dividir la mayoría de las lenguas en dos grupos: las tonales y las no tonales. La lengua china, por ejemplo, pertenece al primer grupo, donde el tono tiene mucha importancia. Una sutil diferencia en el tono de ciertos sonidos puede cambiar radicalmente el significado, ésta es una de las razones por las cuales a un adulto que ya habla una lengua no tonal le es tan difícil aprender chino. Sin embargo en las lenguas no tonales el tono de la palabra hablada no afecta al significado.”

La cita -y un interesante estudio sobre la influencia de la genética en las lenguas tonales- es del blog NeoFronteras.

Y para ilustrar el asunto de las lenguas tonales, transcribo un fragmento del genial libro “El antropólogo inocente”, de Nigel Barley (pág 72).

“Los dowayos no tuvieron nunca conciencia de las dificultades que su idioma planteaba a un etnógrafo europeo. Se trataba de una lengua tonal, es decir que el tono en que se pronuncia una palabra altera su significado. Muchas lenguas africanas tienen dos tonos; los dowayos emplean cuatro. Distinguir un tono alto de uno bajo no entrañaba dificultad alguna, pero entre estos dos parecía que todo era posible.

Y el asunto se complicaba todavía más por el hecho de que los dowayos combinan tonos para fomar entonaciones específicas, y un tono puede muy bien verse afectado por los de las palabras contiguas. A esto hay que añadir los problemas dialectales. En algunas zonas juntan varios tonos, además de emplear un vocabularios y una sintaxis distina.

Puesto que lo importante es el tono relativo, al principio me resultaba dificil acostumbrarme a hablar primero con una mujer de voz aguda y luego con un hombre cuyos tonos altos están al mimso nivel que los bajos de la mujer.

Pero lo que más me deprimía…”

Tienen que leer el libro, rebosante del mejor humor inglés, es una obra de arte.

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En su obra “Mujeres que corren con lobos”, Clarissa Pinkola Estés escribe:

“La mujer moderna es un torbellino de actividad. Se ve obligada a serlo todo para todos. Ya es hora de que se restablezca la antigua sabiduría. La palabra “salvaje” no se utiliza en su sentido peyorativo moderno con el significado de falto de control sino en su sentido original que significa vivir una existencia natural, en la que la criatura posee una integridad innata y unos límites saludables.

Las palabras “mujer” y “salvaje” hacen que las mujeres recuerden quiénes son y qué es lo que se proponen, personifican la fuerza que sostiene a todas las mujeres.

¿Cuáles son algunos de los síntomas emocionales de una ruptura de la relación con la fuerza salvaje de la psique? Sentir, pensar o actuar crónicamente de alguna de las maneras que a continuación se describen utilizando un lenguaje femenino, dichos síntomas son: sentirse extremadamente seca, fatigada, frágil, deprimida, confusa, amordazada, abozalada, apática hasta el extremo.

Sentirse asustada, lisiada o débil, falta de inspiración, animación, espiritualidad o significado, avergonzada, crónicamente irritada, voluble, atascada, carente de creatividad, comprimida, enloquecida.

Temor a aventurarse en solitario o revelarse, temor a buscar un mentor, una madre o padre, temor a presentar un trabajo hasta que no se ha conseguido la perfección absoluta, temor a emprender un viaje, temor a interesarse por otro o otros, temor a seguir adelante, huír o venirse abajo, perder la energía en presencia de proyectos creativos, sentir encogimiento, humillación angustia, entumecimiento, ansiedad.

Temor a reaccionar con agresividad cuando ya no queda nada mas que hacer, temer probar cosas nuevas, enfrentarse con desafíos, hablar claro, oponerse, sentir nauseas, mareos, acidez estomacal, sentirse como cortada por la mitad, o asfixiada, mostrarse conciliadora o excesivamente amable, vengarse.

Estas rupturas no son una enfermedad de una era o un siglo sino que se convierten en una epidemia en cualquier lugar y momento en que las mujeres están cautivas, en todas las ocasiones en que la naturaleza salvaje ha caído en una trampa.

Una mujer sana, se parece mucho a una loba: robusta, colmada, tan poderosa como la fuerza vital, dadora de vida, consciente de su propio territorio, ingeniosa, leal, en constante movimiento.”

Vía: Personalia

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Mi radar interno para darme cuenta si un libro sobre management me va a gustar, es el hecho de entender los conceptos abordados en la primera lectura, o sea, luego de leerlos una sola vez.

Esto no quiere decir que luego no haga falta releerlos para profundizarlos, para comprenderlos, o que la reflexión de cada idea no sea necesaria para saber si estamos de acuerdo o no con lo que leemos. Reflexionar siempre es necesario, es una de las instancias que no hay que saltearse nunca, ni aún con ideas conocidas o familiares. Me corrijo: menos que menos con ideas que ya sabemos que sabemos. A esas no hay que darles tregua.

Pero estoy hablando de cómo detectar si un libro “está vivo” o si solo se trata de información pura y dura, que puede ser valiosa, o estar muy bien ordenada, pero que no tiene ni una pizca de vida ni de experiencia destilada.

Ocurre que cuando hablamos de management en cualquiera de sus disciplinas -liderazgo, creatividad, trabajo en equipo, etc- el proceso de acercamiento al conocimiento es muy diferente que en la ciencias duras o biológicas. En el caso de la literatura de management, que la información esté “viva” es un requisito definitivo. Es todo.

¿Y qué es “información viva”? En esencia, todo lo que tiene que ver con la práctica. Se puede hablar o leer mucho sobre liderazgo, pero lo que se aprende liderando un pequeño equipo (de dos, tres o cuatro personas) deja enseñanzas más valiosas que toda la biblioteca de Tom Peters.

Hablar de management es hablar de personas en contextos cambiantes. Entonces también puede ocurrir -como en la biología- que unos conceptos dependan de otros, y que el asunto escale en complejidad. Pero aún así, no quiere decir que los conceptos, tomados individualmente, no se puedan enentender en la primera lectura. Ese es mi filtro para saber si un libro de management me va a gustar.

Y por eso me gusta mucho releer libros de management. Porque tengo la oportunidad de repensar las ideas en cada lectura. Como a las personas nos cambia la vida, los acontecimientos nos van dejando huellas, cuando releemos un libro no somos la misma persona que lo leyó por primera vez. Es como en el ejemplo de que no se toma dos veces agua del mismo río, pero aplicado a la lectura sobre management: si hemos cambiado aunque sea un poco, no leemos dos veces el mismo libro.

Todo este palabrerío era para presentar algunos extractos que seleccioné del capítulo 12 del libro Introducción a la creatividad, de Eduardo Kastika, con una explicación muy clara de por qué hay que defender las propias ideas cuando uno forma parte de una organización. Pero este post se hizo tan largo que quedan para mañana. Sin falta. 🙂

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Martín Enrique Fernández

MAF
En este espacio escribo sobre las personas que generan corrientes de pensamiento en algún campo en particular, sobre ideas y herramientas de comunicación interna y sobre el proceso de cambio cultural permanente en el que se encuentran las organizaciones. Las personas. Las ideas. Las organizaciones. En ese orden.

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Presido la consultora especializada en Cultura de HSE, Antropología Corporativa y Comunicación Interna, Whycomm S.A.
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