Por si no saben, soy hijo de sociólogos.
De dos sociólogos quiero decir, madre y padre.
Y además de un tercer padre geólogo.
Una familia moderna.
Toda gente de perfil intelectual, pero con tanta mala suerte, que yo les salí consultor.
Mientras leen esto deben estar pensando en qué se equivocaron.
(Breve digresión. La mejor descripción que escuché sobre el oficio del consultor: “es alguien hincha de Boca y de River al mismo tiempo”).
Igual es culpa de ellos, no se direon cuenta y me mal acostumbraron de chiquito. Me dejaron opinar con cierta impunidad de casi todos los temas y, lo más importante, consideraron mi opinión como la de un ser humano y no como la de un niño. Eso ayuda a formar criterio propio. Siempre se los voy a agradecer, pero bueno, les salí consultor.
Algún costo hay que pagar.
Cuando una persona en su infancia es incentivada a opinar y además nace en Argentina, inmediatamente se vuelve consultor, periodista o psicólogo. Yo soy dos de tres. La psicología es para los giles. (CHISTE, aclaro como si fuera un guión técnico, por las dudas)
Toda esta cháchara viene a cuento de que leyendo el blog de mi madre, que es asesora de imagen cuando la mano viene relajada y de género cuando la cuestión se pone peliaguda, me encontré con un simpatiquísimo artículo -para mí que soy su hijo- que, oh casualidad, tiene un estilo de redacción IGUAL al mío.
¿O es a revés?
Pueden leer “Loca por las pichinchas” y de paso conocen el blog de Teresa García Sánchez, asesora de imagen personal, socióloga, madre. Y argentina.










