Creatividad aplicada

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Hay dos libros que recomiendo de memoria.

Es decir, cuando me preguntan o noto alguna inquietud, no dudo.

Siempre me hicieron quedar bien.

Los libros son “Fernández” y “Mamá”, y ambos son del periodista argentino Jorge Fernández Díaz.

Los argumentos son simples (en realidad, “Fernández” es más simple; mientras que “Mamá” posee saltos temporales y personajes entrelazados) pero las historias que se desarrollan son potentes.

Están cargadas de mundos emocionales, contradictorios como todo mundo emocional, pero decodificados con claridad. Y ese es uno de los dos grandes méritos que pude captar del libro: la fuerza de la descripción cuando logra aislar sensaciones que habitualmente percibimos arremolinadas.

El otro es la poética de la prosa aplicada a lo cotidiano.

Fernández, al autor me refiero ahora, tienen esa rara habilidad. Posee el don de los grandes escritores: como comprende el mundo emocional ajeno puede provocar el llanto, y más difícil aún, la risa.

Las dos cosas, apenas, con unas páginas de diferencia.

Creo que solo logran eso quienes a fuerza de introspección pueden desenmarañar -y por ende traducir- el complejo laberinto que supone la vida interior propia, y recién entonces por añadidura, percibir la de un tercero.

Desde mi nunca humilde punto de vista, Fernández -el escritor ahora- es el mejor novelista argentino desde Osvaldo Soriano. Y como hace rato que leí “Fernández” (el libro) fui a buscarlo a la biblioteca a ver si recordaba qué era lo que me había gustado tanto.

Ni bien leí el primer párrafo me acordé.

Miren que belleza:

1

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Tenía cuarenta años y no creía en nada. Se veía a sí mismo como un pobre imbécil frente a un mural, armado de una espátula y dispuesto a dejar la vida. Pero raspaba y raspaba, y debajo del paisaje descubría una naturaleza muerta, y después el rostro trémulo de una mujer victoriana, y luego un barco en altamar, y así, agotado y sudoroso, comprobaba que la tarea era extenuante pero infinita, y que detrás de una verdad siempre había otra, y otra, y otra más. Y que al final la verdad no existía.

A Fernández esta enfermedad personal lo avergonzaba. Tenía, por supuesto, una coartada perfecta. Era nada y nadie, es decir: era un periodista. Había visto demasiado. Había abrazado tantos credos que se había quedado sin ninguna fe, y gustaba vestir esa desnudez con un uniforme impermeable. El uniforme de la objetividad.

(…)

.

¿Algún libro que recomienden de memoria?

Cosas que ya todos sabemos: la escritura es un oficio, con lo cual para aprender a escribir, se necesita: a) leer mucho; b) escribir mucho; c) escribir bajo presión o con un fin; d) que alguien corrija

Listo, ahí está todo el secreto.

Por eso los artículos con consejos son una tortura. Porque son redundantes.

Además cualquier dinámica de aprendizaje a través de tips es una berretada extrema.

PERO, SIN EMBARGO, A VECES se encuentran buenos artículos. Con buenos consejos. Y en formato tips.

Lo que me gustó del post que les voy a recomendar hoy es que tiene “consejos inusuales”, por supuesto desestructurados, y muy simpáticos.

Por ejemplo: “Usá muchos puntos”.

O uno que también me gustó: “Sé gracioso”.

O “Hacé llorar a la gente”.

¿No son buenísimos?

Pero para qué les voy a contar si los pueden leer acá (en inglés).

Por algún motivo me llamó la atención esta ventana intervenida gráficamente.

Me gustó más de la cuenta, más de lo razonable, teniendo en cuenta que -Internet mediante- son imágenes habituales.

Y me puse a pensar por qué. Qué había de especial.

Pensé en qué atributo se podría asociar a la imagen que la describiera con precisión: creatividad, no. Diseño, no. Arte, no. Simpatía.

Eso.

Simpatía.

La intervención me pareció “simpática”. Simpática sin ironía.

Y seguí pensando: ¿es lo suficientemente valorado el atributo simpatía en la comunicación?

Debería serlo. La simpatía arrasa. Conecta a las personas de la mejor manera.

La simpatía no es empatía, pero la simula de forma muy cercana.

Lo simpático no tiene un rol determinante como atributo de la comunicación mediada, es decir, cuando el mensaje es soportado por un canal (por un soporte); en esos casos es más difícil ser simpático, y por supuesto empático.

Pero en la comunicación cara a cara la simpatía es decisiva.

Y cuando es calibrada en su justa medida, es imbatible; sobre todo para el mantenimiento de vínculos superficiales y cotidianos (o sea, la mayoría de los vínculos).

A todos nos gustan las personas simpáticas.

La simpatía, como la empatía, también es una ganzúa que abre todas las puertas.

Acá la galería completa.

La filosofía de vida “si la vida te da limones, hacé limonada” siempre me pareció muy atractiva.

Es una idea profunda y llena de sabiduría.

Si bien en una lectura rápida puede confundirse con conformismo, ya que aceptar las cosas como vienen podría implicar, justamente, conformarse, creo que la frase apunta a otra cosa: a la actitud de modestia necesaria para vivir con alegría mientras peleamos por lo que deseamos. Por tomar de la vida lo mejor que nos da. Tarea compleja si las hay.

En resumen, sería algo así como hacer nuestro mejor esfuerzo sin evaluar tanto los resultados sino nuestra actitud ante los desafíos.

En esa línea, me pareció extraordinaria la campaña de esta tienda, que aprovechó imágenes verídicas de un saqueo para montar su campaña de rebajas navideñas sobre el video captado por la cámara de seguridad, aludiendo a esta idea de los limones y la limonada.

La idea me pareció tan buena que hasta pensé que la tienda había provocado el saqueo para hacer luego la campaña. Pero no, creo que es un caso en el que la realidad le dio material a una ficción publicitaria.

Esto sin mencionar el genial copy de apertura de la pieza: “No hace falta que rompas la vidriera, hay 40% de rebaja”.

Vía

“A menudo me preguntan si llevo un anotador. Creo que un anotador es la mejor manera de que un escritor realice sus malas ideas. Mi idea sobre las buenas ideas es que una buena idea es la que permanece.

(…) Mi método para empezar cualquier historia consiste en contármela a mí mismo por la noche, cuando me acuesto. Me lo cuento a mí mismo. Hay que darle tiempo, con tiempo, si tomaste un trozo de carbón se puede convertir en un diamante.”

Muy interesante Master Class de Stephen King.

Me gustaría saber si el cartel pertenece a una empresa de algún tipo o es solo particular.

Una idea simple, cuyo despliegue es esencialmente comunicacional.

Me pareció muy simpático; todo un servicio a la comunidad.

Las ideas interactivas son las más complejas de lograr, creo, por dos cuestiones: cuando involucramos a alguien más en algo, lo que sea, para que ese algo le guste a alguien más, tiene que tener que ver con sus intereses, con sus gustos, o que lo entretenga.

Con la publicidad, por definición, ese algo interactivo tiene que ser funcional al emisor, es decir, a la marca que emite. Para que una idea interactiva se produzca, primero, tiene que ser funcional a la marca que realiza la pieza.

¿A qué voy?

A que toda idea interactiva de carácter comercial, por más interesante que resulte, está pensando primero en el emisor antes que en el receptor. Es por esa lógica que la interactividad suele quedarse a mitad de camino: no puede atender las necesidades centrales del consumidor: primero, siempre, están las necesidades de la marca.

Se acuerdan de esta masterpiece del género interactivo, 100% pensada en el receptor. Qué atractiva resulta.

Otro ejemplo válido es el famoso Candy Crush, que es interactividad pura y simple, y se popularizó tanto porque está pensado para que el receptor se divierta, y en el medio, si pueden, te venden algo (vidas, etc). Bueno, es otra lógica, pero no deja de ser contenido pensado con finalidad comercial.

Toda esta introducción es para presenta una idea que me resultó muy atractiva: un cartel contra la violencia a menores, que les habla a menores que van con sus agresores.

Vía: ReporteraNinca.tv

Cliché

En el top tres de los yeites comunicacionales que más rinden se encuentran los bebés, las madres y la patria. En ese orden. Porque a los bebés no hay con qué darles. Miren.

Vía

El monólogo de Ricky Gervais es increíblemente divertido, pero eso es lo de menos.

El notable y exquisito -realmente exquisito- dominio del idioma lo transforman en un fragmento genial.

No quiero exagerar, pero lo tuve que ver más de una vez para apreciar los diferentes matices y registros de la construcción de personajes.

Me gusto mucho, pero mucho-mucho.

No hace falta que sea espectacular, pero si moderno.

Si tu CV es un listado de habilidades, datos personales y experiencia, es más de lo mismo.

En resumen: creo que si no sos capaz de representar gráficamente tu experiencia (aunque después evalúes no entregarla como única opción), en algún punto, estás en desventaja.

Lo vi acá (y está a tamaño completo)

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