Creatividad aplicada

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Hoy encontré una pieza de comunicación sobre los Juegos Olímpicos que me hizo reflexionar en el vínculo que existe entre lo simple y lo creativo. Dejo algunas ideas desordenadas al respecto:

  • Un rasgo de madurez profesional es apreciar las cosas simples. A medida que el tiempo pasa, y que la experiencia se acumula, aprendemos a valorar la simpleza asociada a la eficacia. A esa asociación se la describe como oficio; oficio es, ni más ni menos, el poder de sintetizar.

  • La experiencia hace que valoremos cada vez más el tiempo, nuestro propio tiempo. El hecho de que sea un recurso escaso nos ayuda a darnos cuenta de lo importante que es evitar los rodeos y avanzar en línea recta hacia el núcleo de cada problema.

  • En las organizaciones, a esta capacidad de valorar lo simple, de caminar hacia la esencia del conflicto, la llaman seniority, y está vinculada a la capacidad de resolución: cuanto más seniority, más problemas para resolver.

  • Seniority también es la capacidad de conectar cosas que parecen inconexas, de comprender los asuntos en forma global, de resolverlos de forma oportuna y de descifrar la big picture que les da contexto, expresión que me gusta mucho por su precisión. El seniority, entonces, viene acompañado, indefectiblemente, de responsabilidades; a los conflictos profesionales, se agregan las urgencias personales. La vida y las relaciones ganan en complejidad, sumando nuevos y variados actores a la comedia personal: hijos, reportes, divorcios y jefes. Todos demandando soluciones: demandando seniority.

  • Entonces es ahí, justo ahí, en el momento en que la presión avanza hasta límites insospechados algunos -pocos- años atrás, cuando comenzamos a valorar lo simple. Y a los reportes que valoran lo simple, y a los proveedores que hacen las cosas con simpleza, y hasta resignificamos el concepto de Cadena de Valor: ahora se trata de personas que hacen lo que tienen que hacer, sin estridencias, sin rodeos, en el momento indicado.

  • Es un error confundir lo simple con lo fácil. Ser simple implica una gran dosis de criterio. Lo simple siempre sintetiza algo de manera profunda y armónica. Un rasgo diferencial de la simpleza es la profundidad. Lo simple es profundo, y lo profundo le gusta a todo el mundo.

Como alguna vez dijimos, al clímax creativo se llega a través de la síntesis. Porque para que un boceto prometedor se transforme en una idea hecha y derecha es necesario, aunque sea en su mínima expresión, alcanzar algún nivel de síntesis. Si no hay síntesis, no hay idea. Así de sencillo es el asunto.

Y todo luego de de ver esta infografía sobre los Juegos Olímpicos, que refleja (¿sintentiza?) todos los atributos de la síntesis.

Vía: Amphibia

La creatividad es un recurso. Que se puede utilizar en cualquier soporte de comunicación, en cualquier acción y en toda circunstancia. Pero sobre todo es un recurso.

La creatividad en comunicación interna no se aplica a marcas, sino a las personas que habitan esas marcas. No habla sobre productos, no le habla a un consumidor, sino que se acerca, como puede, a personas que están ocupadas, muy ocupadas, casi siempre más cerca del stress que del ocio: habla con personas que están trabajando.

Entonces, ¿cómo ayudar a la creatividad para que también haga su trabajo en forma eficiente cuando se trata de Comunicaciones Internas?

 

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La comunicación que se desarrolla dentro de las organizaciones no responde a deseos efímeros, sino a estados emocionales permanentes, duraderos, que se puedan proyectar en el tiempo. No se trata de propuestas comerciales tácticas, momentáneas e intuitivas, sino todo lo contrario, tienen la forma de un proyecto de vida: todos los días, todas las personas regresan a sus trabajos. En ese contexto, debemos colaborar para que la creatividad haga lo suyo.

Creo que ésta, la del paso del mensaje al medio, es una instancia clave. La falta de tiempo, la imposibilidad de meditar en determinados asuntos, de reflexionar en profundidad, en ocasiones nos empuja a vivir en un mundo superficial, como de plástico, de relaciones vacías, de mensajes irrelevantes. Y todo esto, lógicamente, tiene su correlato en la comunicación interna, en la comunicación que mantienen las personas que conviven dentro de una organización.

¿Por qué nos comunicamos de una forma tan natural con algunas personas y con otras no? Si cada persona percibe una misma situación de manera diferente, ¿por qué tantas veces nos obstinamos en creer que podemos comunicarnos de la misma forma con todo el mundo?, ¿por qué esperamos que las personas adapten sus parámetros a nuestras necesidades o, lo que es peor, a nuestras posibilidades de emisión?

Para lograr efectividad en la comunicación uno no debe ser como naturalmente es, sino que debe modificarse, adaptar su nivel de significación del mundo al del resto de las personas. Un bebé no significa lo mismo para la embarazada que para la partera. ¿Y por qué uno cree poder comunicarse de la misma manera con la mamá que con la partera? No le preguntan al bebé porque tampoco sabe.

Con las personas que nos comunicamos naturalmente bien es, en general, porque significamos el mundo de igual manera. Percibimos y decodificamos los acontecimientos con el mismo prisma. Por eso, supongo, comunicarse con amigos es relativamente sencillo. Ellos leen la realidad, interpretan al mundo y sus acontecimientos, tal como lo hacemos nosotros, con códigos e intereses similares.

Lo complicado, el gran desafío de la comunicación interna, es interpretar, tratar de entender y darse a entender ante todos los targets de una compañía, haciendo un esfuerzo extra con aquellas personas que no entran en nuestros registros habituales. Porque las que ya entran, a riesgo de redundar, ya entran. Y tal vez por eso son nuestros amigos.

El proceso de descubrir por qué las personas pensamos como pesamos es de una riqueza incalculable, irreproducible, inimaginable. Pero para eso se necesita una gran dosis de empatía, y la empatía necesita tiempo.

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