Comunicación 2.0

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Gran entrevistaArianna Huffington, una de las personalidades más influyentes de la web. Perdón por el lugar común pero se justifica: el que sabe, sabe.

“En un ejercicio de ficción, si EEUU y sus empresas se lo propusieran, podría ocurrir que Wikileaks se quedara sin dominios. Que desapareciera de los resultados de búsqueda de Google (y Bing y Ask), lo que afectaría también a todas las páginas -desde pequeñas webs a grandes medios- que usan su tecnología de búsqueda. Los hostings ubicados en Estados Unidos también podrían dar de baja los blogs que hicieran referencia al tema. Podría ocurrir que no se permitiera nombrar a Wikileaks en Facebook, y tampoco en Twitter, y que las cuentas oficiales de Wikileaks fueran borradas. Incluso los navegadores y sistemas operativos no libres podrían incluir medidas en su contra. Este escenario es bastante apocalíptico, y va lo suficientemente en contra de la cultura de la red como para pensar que es improbable en extremo (a no ser que vivas en China, que entonces se trataría de tu día a día). Pero el caso es que es un escenario posible, si no hoy con Wikileaks, mañana con cualquier otro motivo.”

No dejen de leer el fantástico post del blog Trending Topics: “¿Y si Google no dejara buscar la palabra ‘Wikileaks’?

A modo de comentario final -y visceral-, no puedo evitar un sentimiento de asco y rechazo hacia PayPal y Amazon, dos compañías que hasta hace una semana estaban entre mis favoritas. Sobre todo en el caso de Amazon, cuyo core business son los libros; se supone que deberían estar a favor de la apertura, la inteligencia y el libre acceso a la información. Lo de Amazon lo vivo como una traición a los usuarios (supongo que a los que viven fuera de EEUU).

Ambas banearon a Wikileaks a causa de las presiones políticas, aunque intentan disfrazar la cobardía empresarial acusando a Wikileaks de no respetar los términos de uso (¡JA!) Una vez más queda claro que para el gobierno de EEUU la palabra libertad se presta a múltiples interpretaciones.

Por el contrario, espero que la revista TIME reciba adhesiones desde todo el mundo, luego de manifestar su apoyo a Julian Assange -fundador del sitio- en su portada y dedicarle una larga nota de tapa.

…—…

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“Empresas y al menos un gremio buscan contratar hoy en la Argentina a personas con un perfil particular e insólito: que pasen horas y horas frente a la computadora haciendo uso de las redes sociales más famosas, con muchos amigos y permanentes posteos. Pagan hasta $ 9 mil (US$ 2.368) para encontrar tendencias. Pero no sólo para eso, también se los quiere para que manejen foros y desarrollen comunicaciones internas y externas”.

Vía el blog de Martina Rua, llegué a una interesante nota de Perfil.com sobre las posibilidades de trabajar en la web 2.0.

Es muy probable que en poco tiempo quienes administren las comunicaciones 2.0 sean actores centrales en los organigramas de la comunicación de marketing y, tal vez, la institucional.

Ahora, me quedan mis SERIAS dudas de que el fenómeno llegue con fuerza en el corto/mediano plazo a las comunicaciones internas. Pero como siempre digo sobre el tema, veremos.

Update: Sebastián Paschmann (“Esos raros empleos nuevos“) y Alejandro Marticorena, de Tendencias Digitales (“Twittero se busca“) también se hicieron eco de la noticia.

Me entero vía Interactivity que la cadena de muebles británica Bensons for Beds realizó una acción viral en la que incluyó a sus empleados.

Si bien este tipo de comunicaciones que involucra públicos internos suele medir riesgos en extremo, el hecho de que participen de acciones de branding o marketing no deja de parecerme un arma de doble filo, sobre todo hacia adentro.

¿Los motivos? La rotación, algunos conflictos interpersonales, disconformidades varias en personas que se mezclan con la construcción de la marca.

En este caso, por lo menos lo que trasciende, parece ir bien. La acción consistió en que los empleados de la tienda realilzaran un dominó humano sobre colchones.

Divertido, y en principio, viral: desde el 26 de julio que aparece publicado en YouTube y tiene algo más de 350.000 vistas.

En mi mejor tono de maestro ciruela, me gustaría comentar sobre un desliz habitual que comenten los profesionales independientes (consultores, capacitadotes y conferencistas, etc.) en el desarrollo de su marketing personal: redactar artículos que, así como quien no quiere la cosa, narran detalles de su experiencia de campo.

Pasemos a los ejemplos. Son artículos que comienzan con frases del estilo “Una vez estaba en un taller sobre habilidades gerenciales y entonces ocurrió que…” o también “Recuerdo que dando una conferencia para jefes y gerentes de una importante corporación…“. Si nuestro trabajo es especial, dejemos que sean otros quienes lo digan.

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(vía Yoriento)

Autorreferenciarse nunca es una buena idea. Esa es la magia del marketing “boca a boca”: ninguna de las “bocas” es la nuestra. Que un tercero hable bien de nosotros, justamente, habla bien de nosotros.

El lector atento tarda lo que un suspiro en abandonarnos. Como máximo, dos párrafos. Huele algo raro, presiente el engaño: la autopromoción disfrazada de contenido.

Si es uno mismo el que tiene que hablar bien de sus propios menesteres, además de un rasgo de pronunciado narcisismo, es sospechoso: como no hay nadie que pueda decir algo bueno de nuestro trabajo, no nos queda otra que tomar las riendas del asunto.

Si bien estos artículos muchas veces son sinceros, aportan valor y están escritos con buena intención, tienen un problema de código, de formato, de relación con el público objetivo. Cometen uno de los pecados capitales del marketing personal: confundir el contenido con la publicidad.

Y eso, en la época de los prosumidores, consumidores productores de contenido, es casi imperdonable. A continuación, tres motivos por los cuales a la hora de redactar, los profesionales del “cara a cara” solo deben pensar en el lector:

1. Porque las audiencias no están dispuestas a dejarse engañar.

Todos sufrimos durante años las sobrepromesas de la publicidad masiva. Y aún hoy, a regañadientes, estamos dispuestos a soportar el engaño por TV. Un poco por costumbre, porque ya hay un código creado, y otro poco porque la publicidad busca entretenernos. Pero ese es nuestro límite.

Jamás permitiremos que en medios donde el usuario es el rey, como Internet, nos vendan contenido disfrazado. Aceptamos la publicidad online, pero tienen que ser clara y transparente. Nuestro tiempo es nuestro y lo valoramos. Nada de dobles discursos: si quieren nuestra atención, tienen que ganársela por las buenas.

Las audiencias online poseen la impunidad del anonimato y eso las vuelve muy críticas. En cuanto pueden, manifiestan su disconformidad con muy malos modales.

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(Vía Alejandro, en Facebook)

2. Por la falta de efectividad.

No es bueno recordar por escrito que uno brinda talleres, seminarios o conferencias, porque, simplemente, no funciona. Mal predispone al lector, al que solo le interesa el contenido valioso, y no nuestro CV.

El hecho de que uno brinde talleres, seminarios y conferencias, hay que recordarlo en otros talleres, seminarios o conferencias preparados para tal fin.

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3. Porque se produce un fenómeno de metacomunicación.

Esto es hablar de comunicación en lugar de comunicarnos. En la vida organizacional ocurre con frecuencia en jefes que, acusados de poco comunicativos, para compensar su carencia, comienzan por hablar de las bondades de la comunicación.

Pero tanto a los líderes como a los profesionales independientes no les conviene hablar de comunicación, les conviene comunicarse. La misma idea se puede trasladar al fenómeno que nos ocupa: en vez de comunicar que uno puede aportar valor, hay que aportarlo.

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Los argumentos vinculados a la propia experiencia profesional solo hay que utilizarlos por escrito cuando son imprescindibles para ejemplificar, debido a que el contexto en el que ocurren los hechos es determinante para la idea que se desea transmitir.

Por último, un post que, a pesar de estar escrito en formato lista, 🙂 me gustó mucho porque se percibe la experiencia: 5 consejos para redactar contenidos web.

Ponerse del lado del más débil es una actitud que nosotros, los bienpensantes criados en la clase media, adoptamos con facilidad.

Si alguien es débil, a priori, merece nuestra simpatía.

Pero esto es una trampa, por dos motivos:

1. La debilidad, en general, es utilizada para manipular. Muchos débiles son débiles de profesión, que en vez de intentar volverse más “fuertes”, de tratar de mejorar, prefieren dedicarse a repartir culpas: los padres, el gobierno, etc. Mientras, esta actitud les permite continuar en su eterna y cómoda posición de debilidad.

Detesto a los débiles de profesión.

2. Estar del lado del más débil, muchas veces, es un acto de envidia, y no, como suele confundirse, de justicia. Alguien que no tiene nada, no es competencia. No es un riesgo. Es fácil defender la debilidad, ya que nuestra posición de superioridad se mantiene intacta.

En lo personal, otra vez a priori, desconfío del débil desde que leí a Hermann Hesse reinterpretando la historia de Caín y Abel (luego lo busco en la web y lo publico).

Ahora, pongamos las cosas en su lugar: una cosa son los débiles, y otra, MUY distinta, es cuando alguien en clara posición de desventaja, sufre un atropello por alguien que posee más poder. O sea, alguien que de verdad es débil en una determinada situación.

Bueno, esto fue lo que le ocurrió a Dave Carroll, compositor de Sons of Maxwell, cuando empleados de la compañía United Airlines destrozaron su guitarra Taylor, de 3.500€, durante una de sus giras. Y el pudo verlo desde la ventanilla del avión.

Parece que después de meses de lidiar con la compañía sin éxito, compuso un vídeo que se ha convertido en un fenómeno en internet: “United rompe guitarras”.

El video es TAN simpático, creativo y pegadizo, que tardó lo que un suspiro en convertirse en un fenómeno viral. El daño que provocará a la imagen de la marca es difícil de calcular. Es para verlo más de una vez.

Ahora, la pregunta que da título al post es tramposa. Por lo menos en este caso (más discutible es el reciente caso de Domino´s Pizza). Acá los empleados no son TAN responsables. Si bien son los causantes del daño inicial, es la compañía la incapaz de instrumentar una política de atención de reclamos, al menos, digna.

Cual maestro ciruela, voy a dejar mi recomendación al paso sobre el mensaje que debería dar la compañía, luego de una veloz investigación interna: presentar un programa de “puertas abiertas” para que los pasajeros puedan ver cómo se trata su equipaje.

Si no se pueden abrir las puertas por cuestiones logísticas, instalar cámaras en las que se pueda seguir el equipaje en los momentos críticos, y demás ideas en sintonía con mostrar el backstage del equipaje.

También leí sobre el tema en error500, Enrique Dans, Alt1040, LaInformación (que publica el video con subtítulos) y Fogonazos.

La muerte de Michael Jackson hizo estallar las redes sociales. De hecho, fue un blog el primer medio en confirmar la noticia, adelantándose a los medios tradicionales que debieron citarlo como fuente inicial.

Después, en los diarios online, quedó claro que la gente es mala y comenta, como se puede ver en esta captura que alcancé a hacer en lanacion.com ante una avalancha de opiniones de todos los calibres:

(Click sobre la imagen para ver a mayor tamaño)

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Por último, las seis portadas de la revista Rolling Stone en las que Michael Jackson fue protagonista:

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Sólo de artículos destacados.

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Vía: Neatorama

Para cambiar un poco la onda del post de ayer, dejo un link al blog The Art of Manliness (“El arte de la hombría”, sería) cuyos artículos ayudan a ser “mejor esposo, mejor padre y mejor hombre“, pero en inglés.

En el video se puede ver cómo hacer el nudo de la corbata, y además hay que reconocer que está bien musicalizado, con gracia y simpatía.

Por otra parte, el nudo le queda impecable. Creo que para dejar la cobata así me tengo que morir y nacer de nuevo.

En el post original hay explicaciones de otras clases de nudos. La web 2.0 al servicio de la virilidad… (!?)

La caballerosidad cayó en desuso.

Ya sé que el tema es de hace rato, que no descubro nada nuevo. Pero me gustaría hablar del componente comunicacional del asunto, porque creo que hay un motivo que acentuó el proceso de perdida de la caballerosidad: el aumento ininterrumpido en la velocidad a la que viaja la información.

En una época hiperconectada, donde las noticias se actualizan segundo a segundo, y un movilero de radio puede ser el último en llegar al lugar de los hechos, el lenguaje llano se impone en la comunicación. No hay tiempo para la formalidad. Es necesario hablar ya, sin pensar, sin medir. Sin reflexionar.

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Hace un puñado de años nomás, los medios masivos imponían las formas de la comunicación, y luego comenzaba un proceso de filtrado hacia las relaciones interpersonales, es decir, las personas adoptábamos las formas que veíamos en la TV.

En Argentina, un caso paradigmático es Marcelo Tinelli, sobre todo en las audiencias que encuentran en la TV una imagen aspiracional del mundo.

En otros públicos, es Internet la que está creando nuevos códigos.

La publicidad también es reen del asunto de la velocidad. No creo que los creativos publicitarios sean todos bananas, a los que les gusta el lenguaje simple, soez y las ideas de mal gusto, sino que el vértigo que propone la información en tiempo real, ha empujado a que la comunicación, toda, ya no tenga tiempo para cuidar las formas.

Y eso, a su vez, con paciencia y lentitud, atenta contra todo rasgo de caballerosidad, contra las buenas costumbres, contra el romanticismo.

Ya no quedan hombres, significa, también, ya no quedan mujeres. Significa: la comunicación de los hombres hacia las mujeres y de las mujeres hacia los  hombres, cambió para siempre.

(Pequeño disclaimer: detesto la comunicación canchera, sobradora, que parece estar por encima de las situaciones, y que muchas veces sí utiliza el lenguaje publicitario)

Pero acá llegamos al corazón del asunto, y que de alguna manera contradice lo hasta ahora expuesto: no creo que sea cuestión de género, ni de época, ni de la TV antes, ni de la web 2.0 ahora. Aunque en realidad, no es que lo contradice, sino que lo minimiza. Porque creo que la velocidad es un agravante, pero no el factor decisivo.

En Bestiaria, elegido el mejor blog del mundo en 2008, hay un excelente post titulado “Todo por amor” que narra algunas desventuras de la vida de Grace Kelly, pero sobre todo da un pantallazo del mundo en el que, se supone, la caballerosidad aún no se había perdido:

…en esa época, dejar la carrera para formar una familia no era ninguna proeza. Era la norma. Las mujeres que trabajaban en una oficina, por ejemplo, no estaban muy bien vistas. Trabajar era vulgar; era para chicas de clase media o clase media baja que en general terminaban como amantes de sus propios jefes porque nadie las tomaba en serio. Las mujeres de buena familia no trabajaban y menos en una oficina. Como mucho eran maestras hasta que se casaban, se dedicaban a su familia y eran felices con el último modelo de lavarropas y los primeros tupperwares“.

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En ese contexto, ¿de qué caballerosidad me hablan? Si las mujeres eran consideradas cosas, los verdaderos caballeros de la época fueron los que las ayudaron a construir su propio futuro. Y en cantidad, fueron bastante pocos también.

Entonces, repito textual, acá llegamos al corazón del asunto: no creo que sea cuestión de género, ni de época, ni de la TV antes, ni de la web 2.0 ahora.

Se trata de algo intrínseco en el ser humano, en el mono desnudo que describió Desmond Morris.

La velocidad en las comunicaciones favorece, incentiva, promueve la banalización del ser humano. Pero nunca tanto: el ser humano siempre fue así. O, por lo menos, nunca fue mejor.

Por mi parte no añoro la formalidad en la comunicación de antaño, además de porque no la viví, porque no le encuentro mérito. Me hubiera gustado ver a los caballeros del siglo pasado, comunicándose con Facebook y webcam.

Si bien es cierto que la web 2.0 atenta contra la caballerosidad, estoy seguro de que esa formalidad, ese don de gente, tampoco hubiera sido tal. Porque el ser humano es el mismo.

No creo que falten valores, creo que nunca existieron. La web 2.0, lo único que hace es dejar todo el asunto en evidencia.

Como verán, hoy me levanté pesimista.

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Martín Enrique Fernández

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En este espacio escribo sobre las personas que generan corrientes de pensamiento en algún campo en particular, sobre ideas y herramientas de comunicación interna y sobre el proceso de cambio cultural permanente en el que se encuentran las organizaciones. Las personas. Las ideas. Las organizaciones. En ese orden.

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Presido la consultora especializada en Cultura de HSE, Antropología Corporativa y Comunicación Interna, Whycomm S.A.
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