Clases magistrales

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Así como los blogs democratizaron la escritura, ahora está arribando el turno del video online. Faltan cinco minutos para que proliferen los “programas de radio filmados” por Internet. Es decir, que uno o un grupo de personas se junte a hablar con un micrófono en el living de su casa, y que además se vea su imagen.

El servicio web que se utiliza para transmitir video online en forma gratuita es ustream.tv (por lo menos es de los más populares, es raro que youtube no ofrezca el servicio). Es muy sencillo registrase y comenzar a usarlo.

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¿Qué se puede transmitir? Todo lo que uno quiera. Conferencias, charlas, programas de radio online, etc. Y para visualizar esa transmisión sólo hay que visitar el link del programa, sin dejar ninguna clase de datos ni hacer ningún paso adicional.

Hoy viernes, a las 19 horas, el filósofo Alejandro Rozitchner hará una prueba del sistema y brindará una clase online.

Hace un tiempo compartí una actividad con Rozitchner, y en su rol de conferencista me resultó entretenidísimo, con ideas claras y poco complacientes.

El sistema tiene un chat online, así que si están por ahí, nos vemos.

Hace un tiempo transcribí el concepto de comunicación intrapersonal, según el Dr. Lair Ribeiro.

Ahora, una idea conectada: la escucha activa, extraida del libro “La Paradoja”, de James Hunter.

“Mucha gente da por sentado, de forma equivocada, que escuchar es un proceso pasivo consistente en estar silenciosos mientras el otro habla.

Puede que pensemos incluso que sabemos escuchar, pero con frecuencia, nos estamos limitando a escuchar selectivamente, haciendo juicios sobre lo que se está diciendo y pensando en cómo dar por terminada la conversación o en cómo llevar la conversación por otros derroteros que nos parecen preferibles.

Somos capaces de pensar casi cuatro veces más deprisa de lo que los otros pueden hablar. Por consiguiente, tenemos generalmente en la cabeza un montón de ruido, de conversación interna, mientras estamos escuchando.

El trabajo de la escucha activa tiene lugar en nuestra mente.

La escucha activa requiere un disciplinado esfuerzo para silenciar toda esta conversación interna mientras tratamos de escuchar a otro ser humano. Requiere un sacrificio, el máximo esfuerzo por nuestra parte, para bloquear un ruido y entrar realmente en el mundo del otro, aunque sólo sea por unos minutos.

La escucha activa consiste en tratar de ver las cosas como el que habla las ve, y tratar de sentir las cosas como el que las habla las siente. Esta identificación con el que habla tiene que ver con la empatía y requiere un esfuerzo más que considerable.

Esta presencia plena no es meramente física, sino también mental y emocional. No es fácil conseguirlo, sobre todo cuando hay tantos motivos de distracción a nuestro alrededor. La presencia plena, la escucha activa (…) es una muestra de respeto”.

Uno de los factores que más dificulta escuchar activamente es la perturbación emocional. Para ilustrar, un comercial de Doritos.

Podés seguirme en Twitter en @internalcomms

A continuación, la tercera y última parte sobre el libro Pasiones de Celuloide.

Hace un tiempo, en InternalComms posteamos la primera y la segunda parte del capítulo que conecta el oficio de la escritura con el de la narración audiovisual.

Ahora que lo pienso, espero que la trilogía les haya resultado interesante. Si no, tengo más. 🙂 Me quedo pensando si no me gustó solo a mí.

En fin, sin más:

Palabras e Imágenes, por José Pablo Feinmann

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En la primera parte de este post sobre el libro Pasiones de Celuloide, transcribí el capítulo “El arte esquivo del guión cinematográfico“.

Seguido a ese capítulo, viene otro muy interesante titulado “Cine y literatura”. En un próximo post completaré la trilogía con la transcripción de “Palabras e Imágenes”, para dar fin a estas mini entregas que conectan en cine y la escritura. Pero, como dice S. Covey, primero lo primero.

“Cine y literatura”, por José Pablo Feinmann

Hay un punto de partida notoriamente correcto para diferenciar al cine de la literatura: el cine se expresa con imágenes, la literatura con palabras. Sin embargo, su corrección es limitada.

El cine no se expresa sólo con imágenes, se expresa también con palabras. Es como si por querer diferenciarlo de la música dijéramos que el cine no es la música porque se expresa con imágenes y no con sonidos. Falso. Y nadie lo sabe mejor que los sonidistas: el cine se expresa también con sonidos.

Ocurre que mal podríamos definir al cine tratando de decir qué no es. Por ejemplo: que no es la música porque no expresa la primacía de los sonidos. O que no es la literatura porque no expresa la primacía del lenguaje.

Así, se va por mal camino. Y por una transparente razón: el cine es un arte esencialmente totalizador. Es una sumatoria y una combinatoria. Palabra, imagen, sonido, todos esto es absolutamente esencial en el cine.

En cuanto a la “notoriamente célebre” diferenciación con la literatura (la que dice que lo distintivo de la literatura es la palabra, y lo del cine la imagen) también habría que repensar hasta qué punto toda literatura no es una poderosa fábrica de imágenes.

Pocas veces el lenguaje reposa absolutamente en sí mismo. El lenguaje es comunicación y –por naturaleza- siempre remite a algo.

Podemos solucionar la búsqueda de una diferenciación hablando de “primacías”. Primacía de la palabra en la literatura, primacía de la imagen en el cine. Sólo que no se avanza demasiando con algo tan evidente.

Resulta, por el contrario, más fascinante y enriquecedor explicitar que tanto en la literatura como en el cine los niveles de entrecruzamiento y eficacia entre imagen y palabra surgen para potenciarse mutuamente. Que no existe una literatura que no convoque imágenes (aun cuando exaspere una postura inmanente con el lenguaje). Que no existe un cine que no requiera de la palabra.

Ante una afirmación como la precedente se alzarán las posturas absolutistas. Dirán: la verdadera literatura es la que reposa en la creación de su lenguaje.

El verdadero cine es el que reposa en la producción de imágenes y no claudica ante la “dictadura expresiva” de la palabra. Con lo cual tendríamos, en el caso de la literatura, una estética de la no-significación. Es decir, un lenguaje que no remite a nada, salvo a sí mismo. Y en el cine una estética del silencio. Es decir, imágenes que deben ser absolutamente autosuficiente para narrar lo que hay que narrar, sin incurrir, claro, en la tentación, en el facilismo del lenguaje hablado.

No por pretender soluciones de compromiso, sino porque creemos que –a esta altura del desarrollo de las artes- pocas actitudes pueden ser tan creativas como las de apertura y complementación, es que proponemos una paz duradera y fructífera entre imagen y palabra. La imagen “habla”. Y la palabra nos hace “ver”.

Consultemos al saber popular. Se dice: “una frase luminosa”. O se dice –luego de escuchar un buen razonamiento- “ahora lo veo claro”. La “luminosidad” mencionada en el primer texto remite a la luz del cine. En el cine también la luz es “luminosa”. Y lo es en el sentido expresivo: la luz está para que veamos y su ausencia para que no veamos. En ambos casos la luz revela el sentido. La “claridad” mencionada en el segundo texto expresa una visión.

Se “ve” una idea. Se la ve, finalmente, “clara”. Se la ve como una imagen. De aquí que el pensamiento –pese a reclamarse habitualmente “abstracto”- llega a su exquisita culminación cuando las ideas se “ven”, se ven “claramente”, se ven como “imágenes”.

El guionista –cuyo instrumento es la palabra escrita- sabe que su escritura está destinada a convocar imágenes. Así, su escritura debe ser ascética pero expresiva. Debe marcar las acciones sin invadir territorios que no le pertenecen. Salvo que sea fundamental para la trama, de nada sirve que el guionista diga que el sillón de la sala es verde. O que “las sombras de la habitación comienzan a ser lentamente disueltas por las luces del amanecer que ya se insinúa a través de la ventana”.

Este texto es agraviante para el director de fotografía. El del sillón verde, para el escenógrafo. Y si el guionista escribe: “en sus ojos brilla una furia demencial”, está usurpando la creatividad del actor, ya que será éste, con su interpretación, quien decidirá si esa furia es o no demencial.

Es bueno que el guionista se imponga etos respetuosos ascetismos (respetuosos, claro, con la esfera de acción de los restantes miembros del equipo, ya sean técnicos o actores), porque si se los impone, ante todo, él, quizá logre que, luego, en el set respeten su trabajo.

Que un actor, por ejemplo, no le diga al director: “No me sale `Voy a odiarte hasta el último de mis días´. Preferiría decir: `Sabés una cosa, voy a odiarte hasta el último de mis días, no sé si me entendés´”. Que, claro, no es lo mismo.

Como comenté ayer, InternalComms tiene su grupo en Linkedin.

Cada día habrá ahí un tema nuevo, o más, pero yo solo postearé uno o dos. El asunto es que el blog y el grupo serán espacios separados, con dinámicas diferentes. Y para ver si los motivo a sumarse, les copio el tema del día que me parece interesante.

Hoy, en el grupo “Comunicación Interna, Creatividad & Clima Organizacional”: “La estrategia”

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¿Cuánto sabés de estrategia? ¿Contribuís a la estrategia de tu organización? 

Creo el de “estrategia” es uno de los conceptos más trillados del management. A todo se le dice “estrategia”, pero a la vez es cierto que todo necesita una estrategia.

Pensando qué podía aportar a la discusión de hoy, encontré un fragmento que me pareció muy interesante y que transcribo a continuación, porque aborda el asunto desde un punto de vista más amplio, y a la vez simple.

Es una mirada más organizacional, más abarcadora que la habitual definición de estrategia basada en el entorno y el futuro. Esta involucra a los RRHH. Me gustó.

“La estrategia se desarrolla desde dentro de la organización, y no desde su futuro entorno. La estrategia es un patrón de comportamientos profundamente engarzados y continuos, que establece la dirección de la organización; y no un mecanismo manipulable y controlable que puede ser cambiado de un año a otro.

La estrategia es un concepto irracional, procedente de valores, tradiciones y normas informales de comportamiento que aportan los directivos y empleados de la empresa.

No es una serie de procesos racionales, formales, lógicos, conscientes y predeterminados, establecidos por la cúpula directiva.

(Y ACA SE PONE MÁS INTERESANTE, ATENCIÓN)

La estrategia emerge del efecto acumulativo de muchas acciones y decisiones informales, tomadas a diario por muchos empleados a lo largo de los años y no de una declaración puntual desarrollada exclusivamente por los altos directivos para su aplicación en la organización”

Fuente: Líderes del Management (Larry E. Greyner, “Senior Excecutives as Strategic Actors”, New Management. Vol. 1 No. 2)

Por último, una viñeta con un pensamiento estratégico un poco cruel:

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Los espero en Linkedin: “Comunicación Interna, Creatividad & Clima Organizacional

Hace algunos años leí Pasiones de Celuloide, un gran libro sobre cine de José Pablo Feinmann.

Yo todavía no tenía blog y Feinmann todavía no había dicho su célebre frase “cualquier pelotudo tiene un bloc (sic)”. De hecho, cuando la dijo, yo recién comenzaba con el blog, con lo que no me sentí del todo aludido.

Me pareció un exceso de su parte, pero nada del otro mundo. Nada que me ofendiera. Más una mala idea que otra cosa.

Es triste, sobre todo para él, pero Feinmann escribió más de 20 libros entre ensayos y novelas, y se hizo famoso en Internet con un gesto poco feliz, en un pésimo negocio: insultando gente que utiliza herramientas sociales para multiplicar sus ideas.

Pero no hay que ser tan duro, ya lo atendieron periodistas, blogs y comentaristas. Y además, el que esté libre de pecados… eso. La causa ya prescribió.

Feinmann no sabe de Web 2.0 ni 1.0, ni de tolerancia. Pero sabe de escritura, de historia, de filosofía, de televisión, de cine (sabe mucho de cine). Sabe de papel también. Y el papel no es viral, es papel. Quiero decir que sabe más de formatos en los que hay que pagar para acceder al contenido, y es lógico que se enchinche contra los nuevos medios, y que piense que van en contra de sus intereses, aunque esto no sea cierto.

Volviendo a lo que nos interesa a nosotros, mucho antes del desliz en la web, Feinmann escribió un libro muy entretenido (en negrita, como le gusta al autor) para los amantes de Hollywood como yo, con un capítulo genial, que debería ser de lectura obligatoria en las escuelas de periodismo, cine, publicidad y en todas las carreras vinculadas a la comunicación: “El arte esquivo del guión cinematográfico“.

Lo que me gustó de ese capítulo fue la seriedad con la que escribió sobre el oficio de escribir. Las recomendaciones son buenas, pero mejor es que a Feinmann se le va la vida en eso. Escribe con pasión y lucidez. Tanta pasión como para luego cometer el ingenuo pecado de agarrárselas con toda la blogósfera de un saque por la misma cuestión.

En el pecado está la virtud.

Es más, creo que la twittósfera se salvó de la arremetida por el solo motivo de que Feinmann no debe saber de su existencia. Mejor así, imagínense lo que sería capaz de decir cuando le pregunten: – José Pablo, ¿usás Twitter?

Como sea, después del salto, está la transcripción del capítulo “El arte esquivo del guión cinematográfico”. Y en futuros post copiaré los capítulos “Cine y literatura” y “Palabras e imágenes”, los dos capítulos que siguen a este, y que sólo son una muestra del libro. Si algo de lo que leen les gusta o se entretienen, consíganlo más allá de la simpatía que tengan por Feinmann y sus ideas políticas o tecnológicas, no se van a arrepentir. 🙂

Solo resta agregar que, tal madre abnegada, todo esto lo hago por ustedes, y porque aquella lectura iniciática me abrió un mundo. El de la palabra previa a la imagen

“El arte esquivo del guión cinematográfico”, por José Pablo Feinmann

Durante los días 9 y 12 de diciembre de 1991 dije un par de cosas sobre el guión cinematográfico en el taller de Antonio Skármeta que funcione en el Instituto Goethe, Santiago de Chile. Para tal fin había sido invitado. También me reuní con algunos alumnos y leí sus trabajos.

Me pareció que era necesario no solo precisar la categoría, digamos, artística del guión, sino también abundar sobre los aspectos pragmáticos del oficio del guionista. El resultado fue muy parecido a lo que puede leerse en las líneas que siguen.

El abogado Larsen del film de Adolfo Aristarain Tiempo de Revancha gustaba definirse diciendo: “Soy un mercenario”. El guionista cinematográfico no es ajeno a esta definición: entre él y lo que escribe siempre está el dinero.

Al guionista lo contratan. Lo llama un productor y le dice: “Queremos una historia fuerte. Con pocos personajes. Con muchos interiores y nada de lluvia”. El guionista pregunta: “¿Para cuándo?”. El productor dice: “Queremos empezar a rodar en siete semanas”. El guionista hace su pregunta decisiva: “¿Cuánto hay para mí?”. Le dicen una cantidad que es -con impecable frecuencia- insuficiente y el guionista se pone a trabajar.

Tiene, como siempre, poco tiempo. Escribe pensando en el consjeo que Robert Towne (que escribió, por ejemplo, el guión de Barrio Chino , el film de Polanski) dio cierta vez para todos los guionistas. Dijo Towne que hicieran como el título de esa película de Woody Allen: Take the money and run. O más claramente, agarrá la guita y rajá. Esto, cuando te pagan.

Como vemos, al guionista no lo acorralan ciertas cuestiones que desvelan a los escritores. Preguntas como “¿Para quién escribo?, como “¿Escribo para mí o para los demás?”, como ¿”Es auténtica mi leteratura?”, como “¿Escribo de frente o de espaldas al mercado?”, no se las plantea el guionista. O ya se las ha planteado y las he resuelto. El guionista escribe para los demás. Escribe porque lo han contratado. Escribe para ganar dinero. Si a alguien se parece es al escritor de folletines.

Estábamos con Jorge Goldenberg en una reunión. Alguien se nos acerca y dice: “Los escritores siempre se juntan”. Goldenberg: “El escritor es él; yo soy un guionista”. Además de una gentileza, era una perfecta definición del guionista. El guionista es un escritor que no tiene obra. Lo que ha escrito se ha disuelto, con mayor o menor fortuna, en films que, por ejemplo, dicen: “Un film de José Bowles”.

El guionista no escribe literatura. O escribe una clase especial de literatura: una literatura en tránsito. Una literatura hipotética, esquiva, difícilmente definible, utópica. Una literatura que no existe en sí, sino que existe para que exista otra cosa. Para que exista un film del que -con abrumadora frecuencia- se apoderará el director.

Las relaciones entre el guionista y el director -cuando acomenten juntos la escritura del guión- son difíciles pero no imposibles. Cada uno, por ejemplo, suele desconfiar del otro anclado en su especificidad. El director se dice: “¿Por qué voy a confiar en alguien que nunca narró en imágenes, que nunca filmó?”. El guionista se dice: “¿Qué puede saber sobre las leyes del relato alguien que se ha pasado su vida apricionando imágenes?”.

En esta encrucijada es aconcejable que ceda el guionista. Para decirlo claramente, el guionista debe escribir el guión que el director podrá filmar.

Cuando trabaja solo, la suprema arrogancia de ser el autor del film suele asediar al guionista. Cuando escribe Corte a siente que tiene en sus manos el anhelado final cut. Asume aquí la arrogancia de ser no solo el director: sueña con un guión perfecto. Tan perfecto que tenga valor en sí mismo, que anule la necesidad de hacer el film.

Cierta vez, como olvidarlo, entregué un guión a un productor. Lo leyó y me dijo: “Es tan bueno que es una pena arruinarlo filmándolo”. La vanidad del guionista encuentra aquí su punto más elevado. Su guión es tan bueno que vale por si mismo. Por consiguiente: la innecesariedad de la realización del film sería el máximo logro de la vanidad del guionista.

El extremo opuesto de este pecado de soberbia está en la integración del guionista en el equipo del film. Un film es una empresa de muchas personas. Es una totalidad en la que todo tiene que ver con todo. Así, es aconsejable que el guionista sepa mucho de cine, y no solo de narrativa.

Es aconsejable que conozca cómo se filma una película. Qué hace el director de fotografía, el production designer y hasta la gente de utilería. Es aconsejable que cuando escribe Juan carga una valija sepa que no ha escrito eso impunemente, sino que la gente de utilería tendrá que conseguir una valija. Que si escribe Llueve habrá que conseguir agua.

Se suele decir que un guión se escribe más rápido que una neovela porque no presenta el problema del estilo. Es cierto. Un gerundio o una cacofonía no condenarán al guionista. Pero el lenguaje es decisivo para el guionista. Ante todo, un guión debe utilizar las palabras necesarias. Se escribe, en general, para los productores, y los productores tienen siempre poco tiempo, ya que viven consagrados a ganar el dinero que hará posibles las películas.

Un guión no debe tener indicaciones de movimiento de cámaras. Este es el guión técnico y lo escribe el director. Un adjetivo afortunado puede inducir a un actor a componer su personaje. Algunos (algunos de los 18 ó 20 alumnos que fueron seleccionados entre 250 postulantes) me encontraron demasiado pragmático. Otro dijeron: “Nos hacía falta este cable a tierra”.

Pero todos nos fuimos pensando que en nuestro fugaz encuentro habíamos aprendido algo más sobre el arte esquivo del guión de cine. (En fín, supongo que fue así).

“Leer sólo cura la ignorancia, no así la idiotez o la maldad”.

– Anónimo.

(Vía Leat Significant Bit, vía DesEquiLIBROS)

.

Hay momentos en la vida de un hombre, y cuando digo de un hombre también estoy diciendo de una mujer, estoy diciendo de hombres y mujeres en forma indistinta, en los que es necesario parar; parar de hacer lo que estamos haciendo, parar de correr sin pensar. Parar. Hacer un alto. Detenerse. Reflexionar. STOP.

Pero yo sé que ustedes ya saben eso, que todos lo sabemos, y también que todos sabemos que es prácticamente imposible que eso ocurra cuando estamos trabajando. El mundo esta diseñado para no detenerse, para correr cada día más, para no pensar.

Por eso retuve este post hasta hoy domingo, que se supone que uno tiene algo más de tiempo.

A continuación hay un video que dura 20 minutos. Y con esta información muchos de ustedes acaban de ponerse a hacer otra cosa. Pero para los que siguen ahí, para los dispuestos a parar, les adelanto que se trata de un video inspiracional, que habla de creatividad y de educación, con una mirada profunda y llena de vida. Y con la sutileza del mejor humor inglés.

Se trata de Ken Robinson, profesor experto en Innovación y Recursos Humanos, en una de las famosas conferencias de TED (Technology, Education, Design, ahora también en español) titulada “¿Las escuelas matan la creatividad?”

Me gustó tanto la conferencia que desearía no haberla visto aún; para repetir la sorpresa inicial, para estar más concentrado. Me hubiera gustado que me avisaran que era tan buena, de ideas tan amplias.

Me hubiera gustado preparme un poco más antes de verla, hacerme un café, o unos mates, y luego sentarme a verla. Como con una película o una serie corta. Y por eso les aviso: el material que hay a continuación, sin temor a ser redundante o a exagerar, es muy bueno.

Ustedes que tienen la chance de verla por primera vez, prepárense. Hay que estar concentrados.

A veces utilizamos el tiempo en cosas tan pero tan poco productivas, tan poco enriquecedoras, que no tener 20 minutos para escuchar al Profesor Robinson sería una pena.

Y si no les gusta, siempre tienen los comments.

Vía: Management Estratégico

Si ya vieron la conferencia y quieren profundizar en el tema, dejo tres enlaces de estos últimos días que relacionan la tecnología, internet y la educación de las nuevas generaciones:

Un link para descargar el manifiesto “100 Ways to Kill a Concept: Why Most Ideas Get Shot Down” (pdf, 24 páginas, en inglés. “100 maneras de matar una idea”).


100 maneras de ,matar una idea

Vía: ArielArrieta.com

Antes de entrar de lleno en la explicación sobre qué es un “aviso campeón”, veamos la ya clásica foto de los trabajadores en el andamio:

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[Construction workers, Empire State Building, NYC. Photo by Lewis W. Hine]

Luego, un aviso de Volkswagen con una foto que simula la foto histórica. Y que utiliza el eje comunicacional “confort” para un utilitario.

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Y ahora un extracto del libro “The Copy Book” –la Biblia de la redacción publicitaria– para incorporar una distinción sobre la creatividad publicitaria: ¿Qué es un aviso campeón?

“Olvídate de los copetes, las frases de efecto, los diagramas, etc. Todos ellos son agregados opcionales. En el noventa por ciento de los avisos de gráfica, hay un mínimo de cuatro elementos.

Si puedes hacer un aviso que funcione en serio usando uno solo de esos elementos, tendrás un campeón.

Con sólo dos elementos estará bastante bien. Si tiene tres, aún será mejor que el resto de los avisos del diario.

Y, si no puedes usar menos de cuatro, es posible que la idea básica no sea lo suficientemente fuerte o que no la hayas expresado tan bien como se necesita hacerlo”.

Por último, la remake del aviso “Workers“, de Volkswagen. Un aviso campeón, con un buen trabajo de photoshop.

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“Volkswagen Crafter at only € 15.200. Unfortunately the word has already spread.”

Ha sido otro post conceptual de InternalComms al servicio de su formación profesional 🙂

(Vía)

Podés segurime en Twitter en @internalcomms

Luego del amague no del todo voluntario de ayer, lo prometido:

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Introducción a la creatividad, de Edurado Kastika.

Capítulo 12:

Negocie, defienda y hasta oculte sus ideas cuando sea necesario.

(fragmentos)

“Hay contextos en donde las ideas se negocian (se venden). Los procesos de validación interna de ideas son parte de la dinámica de la innovación en las empresas.

Dicho de forma fácil: lograr aprobación interna para nuestras ideas es tan importante como producir las ideas.

Podemos cometer errores si no manejamos bien estos procesos. Un error posible consiste en defender las ideas equivocadas. Pero no es el más grave: me preocupa más la decepción que provocan las ideas robadas, “cajoneadas” o minimizadas. Me preocupa porque creo que es una decepción que nace de un error de apreciación.

¿Por qué, por ejemplo, planteamos ideas incipientes -y por lo tanto vulnerables- en contextos no adecuados? A veces, porque buscamos apopoyo, seguridad o la validez que nosotros no nos animamos a adjudicarles. No creemos lo suficiente en la idea; entonces la planteamos prematuramente para encontrar aliento, apoyo.

Este apoyo nos puede costar carísimo (hasta nos puede costar la autoría de la idea). Y  así es como nos decepcionamos.

Saber negociar ideas es parte del proceso de innovación.

A veces regalamos ideas porque no sabemos cómo negociarlas. Conozco casos a montones. Otras veces “regalamos proyectos”, porque no sabemos cómo transformarlos en planes concretos. También conzco casos a montones.

Hay contextos en donde las ideas se defienden a cualquier costo. Puede ser un caso especial de negociación. Pero remarco este tipo de contextos porque son moneda corriente en el mundo de la creatividad.

Por último es necesario reconocer los contextos en donde las ideas deben ocultarse. Hablar de nuestras ideas en enriquecedor. Nada mejor que ir fortaleciéndolas con el aporte de otros y con el avance “en espiral” que aportan otras ideas.

Pero en ciertos lugares es imposible. Hay contextos en donde no vale la pena ni siquiera mencionar nuestras ideas. Usted pensará que se trata de evitar la copia. Sí, pero no solamente.

Lo más importante es el efecto desmotivador de expresar ideas en lugares dende no interesan. No hace falta que ponga ejemplos. Usted debe conocerlos en cantidad. Hay lugares en donde exponernos no tiene ningún sentido.

¿Qué se pierde? Sobre todo, energía.”

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Martín Enrique Fernández

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En este espacio escribo sobre las personas que generan corrientes de pensamiento en algún campo en particular, sobre ideas y herramientas de comunicación interna y sobre el proceso de cambio cultural permanente en el que se encuentran las organizaciones. Las personas. Las ideas. Las organizaciones. En ese orden.

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Presido la consultora especializada en Cultura de HSE, Antropología Corporativa y Comunicación Interna, Whycomm S.A.
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