Canales de Comunicación Interna

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¿Por qué es tan difícil explicar Twitter a las personas que todavía no lo usan? Por fin encontré la respuesta. Hace rato que la pregunta me daba vueltas en la cabeza, pero no terminaba de encontrar un argumento que me convenciera. Al tratarse de un concepto simple, no veía dónde radicaba la dificultad de esbozar una explicación también simple. Hasta que la vi:

Twitter es difícil de explicar por la falta de referencias.


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En la primera parte de este post conté cómo caminé por el borde de ese abismo que es el ridículo en una reunión de brief al intentar una explicación original sobre Twitter. El fallido me hizo pensar –enhorabuena-, y me di cuenta que cometí un error básico en todo proceso de aprendizaje: querer explicar algo que no existe en el imaginario de la persona que recibe la explicación sin utilizar una referencia clara de su propio pasado, sin dibujarle un escenario posible, sin un recorrido metodológico natural.

No fue solo falta de pericia, fue también falta de conceptos. Sacrifiqué el aprendizaje ante la tentación de una experiencia lúdica y de una idea que en el momento me pareció creativa: explicar Twitter en el código Twitter, o sea, en 140 palabras. Tal vez, ese fuera un ejercicio para afianzar conceptos, para practicar Twitter una vez que se supiera qué era. Antes hacía falta un puente, un punto de contacto, generar un código en común.

Así las cosas, una vez descubierto el error, busqué la nueva idea que me allanara el camino, un argumento sólido para encauzar futuras explicaciones.

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Vía Twitter llegué a la foto que ven debajo. Y me acordé de una conversación que tuve unos días atrás.

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En una reunión de brief, una Jefa de Comunicaciones Internas me dijo que no entendía bien qué era Twitter y que su sobrina, de 11 años, lo usaba todo el día, pero ella, con treinta recién cumplidos, sentía que se caía del mundo porque no lograba ni siquiera enfocarse en entender algo que parecía tan simple. Con un dejo de angustia, me dijo que sentía que la tecnología avanzaba demasiado rápido, y que el tiempo nunca alcanzaba para estar al día con las tareas más básicas.

Éramos varios en la sala, y todos coincidimos en que con el ritmo actual de la vida organizacional, para conciliar la vida personal con la profesional, se necesitaba un día de 40 horas. Luego de la catarsis colectiva, me propuse explicarles de qué se trataba Twitter en el mismo código de Twitter: en 140 palabras. Me pareció una buena idea, pensando en desenfocarlos de su paradigma, en sacarlos de la caja. Pero la experiencia fue un fracaso total. Me excedí de las 140 palabras una y otra vez, y luego de varios intentos fallidos, todos los presentes se quedaron con la sensación de que Twitter no servía para nada. Y el que terminó con ganas de meterse en una caja fui yo.

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