Campañas internas, sin pretenciones

Las campañas internas, en general, son percibidas por los distintos públicos como la voz formal de la organización. Más allá del clima que se esté viviendo, más allá de acuerdos o desacuerdos entre las áreas, entre jefes y reportes, o entre el management, lo que una empresa publique en su red interna de medios -en sus canales-, será su voz formal.

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En microclimas tan estrechos como los que propicia la vida organizacional, el desarrollo de una campaña de comunicación interna puede tener muchos errores, pero hay solo uno que los públicos internos no perdonan. Puede ser pobre desde la propuesta creativa, puede tener mala gráfica y hasta malos textos. Pero hay un detalle que no se puede pasar por alto: que la idea sea pretenciosa.

Y para hablar de este asunto, en la primera parte de este post, invocamos al espíritu del Capitán Jack Sparrow, el pirata sin imagen.

Encarnado con desenfado y glamour –sobre todo, glamour- por Johnny Deep, Sparrow es el protagonista de la saga Piratas del Caribe. La primera pregunta que surge al terminar de verla es, ¿por qué una película de piratas, que por momentos hasta se vuelve compleja, funcionó tan bien como para resistir tres secuelas? Si bien es difícil saberlo, existe una acción que contribuye de manera decisiva a su éxito: la construcción de la imagen de un pirata “sin imagen”.

El capitán Jack Sparrow es una idea simple, contundente, poderosa y llena de vida: un pirata sin imagen, que no gasta su energía en fingir grandeza, que todo lo que tiene y todo lo que es lo invierte en conseguir lo que busca, que prefiere el éxito al status y que está interesado en los fines y no en los medios, aunque eso signifique sacrificar la percepción que otros tienen de él, es decir, su imagen.

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Para explicar cómo funciona la imagen limpia de pretensiones (a eso me refiero con “sin imagen”, a la falta de pretensiones) que fue diseñada para que Sparrow se salga con la suya en forma sistemática, hay una escena clave.

En una isla tenebrosa se reúnen los nueve líderes más importantes de todos los tiempos y todas las regiones. Es una suerte de encuentro global de las máximas autoridades del mundo pirata. Para que se entienda, si estuviéramos hablando de la FIFA, entre los presentes mencionaríamos a Pelé, Grondona, Blatter, Havelange, y así hasta llegar a nueve.

Pero a diferencia de estos últimos, los Piratas del Caribe, tenían un código de honor en el que estaba escrito que para que un único pirata liderara al resto en batalla, que tomara decisiones por todos, que asumiera riesgos colectivos, este debería ser elegido por mayoría en votación abierta. Lo cual era ridículo, ya que cada pirata votaría por sí mismo para ser el líder. Nunca ningún pirata daría su voto a otro pirata. Jamás. El hecho de votar por otro, o mejor, de No votar por sí mismo, implicaría reconocer la existencia de un pirata superior, y con esto, sacrificaría su propia imagen.

En este cónclave decisivo, la comunicación fluye como debe ser entre piratas, a los gritos, hablando todos a la vez, acusándose unos a otros de traiciones pasadas, sin escucharse y sin la intención de escucharse, cada cual tratando de imponer su punto de vista. Es casi una reunión de consorcio en la que el único objetivo del que habla es decir lo suyo. No interesa escuchar para ver si algo de lo que se dice modifica un punto de vista. No es momento de gestos de grandeza, o de aprender algo nuevo. No. Es una reunión de piratas, solo se trata de tratar de imponer el criterio general para la toma de decisiones.

Y así llega el momento de la votación, en la que como era previsible ningún pirata pone en juego su prestigio, su imagen de pirata hecho y derecho, entregando su voto a otro pirata para que asuma el liderazgo. En una escena ridícula pero muy divertida, cada pirata vota por sí mismo.

Hasta que llega el turno del pirata sin imagen. ¿Y qué hace Sparrow? En vez de votar por sí mismo, vota al pirata que los iba a guiar a todos en la dirección que el mismo Sparrow también necesitaba. Votándose a sí mismo, hubiera dejado su imagen a salvo, pero nada hubiera logrado. El resto de los piratas era capaz de morir con tal de que su imagen no se viera manchada. Sparrow no, Sparrow sabía que la imagen, en ocasiones, no vale nada. Y esa era su genialidad.

El resto de los piratas mantiene su orgullo intacto; todos se sienten dueños del mar y de la verdad, inflan sus pechos llenos de historias y de grandeza, pero pierden lo más importante: la posibilidad de decidir. Mientras ellos, desafiantes, dijeron “Yo soy poderoso, yo soy importante, yo soy el indicado para liderar”, Sparrow votó en contra de su imagen, votó a otro pirata, y consiguió lo que necesitaba.

Sparrow no es un ejemplo, ni pretende serlo. Lo interesante acá es la construcción impecable de la falta de imagen como mensaje; como un atributo positivo en manos de la industria de la imagen por excelencia: Hollywood. Simplificando: Sparrow es capaz de traicionar sin miramientos, y eso está mal; pero a su vez, también es capaz de vencer el qué dirán, y eso, además de estar bien, no tiene precio.

La no imagen -que sería algo así como la posibilidad de reírse de sí mismo- siempre es una idea que funciona, en los buenos y en los malos. No hace falta ser un experto en comunicación para entender lo que significa que todo comunica. Y que si decimos ser algo que no somos, más aún en ámbitos cerrados, con públicos cautivos como ocurre en las organizaciones, si bien puede darse algún triunfo pasajero, estamos hipotecando nuestro propio futuro.

Sparrow era una rata, que cuando tenía miedo, se escondía; cuando estaba por perder una pelea, huía; y cuando le dabas la espalda, te traicionaba. Con algunas contradicciones y algunas culpas. No pretendía ser temido, no gastaba su tiempo en odiar a sus enemigos, no le importa la imagen que proyectaba. Y eso lo hacía encantador.Solo le importaban sus deseos y sus intereses. Y si para eso tenía que destruir su imagen, lo hace sin dilaciones.

Pretender es dejar de disfrutar, es negar, es cambiar una realidad simple por la excitación momentánea de la histeria, que nos coloca en el centro de la escena. Pero no nos deja nada a cambio. No vivimos para lo que somos sino para la imagen que deseamos proyectar; no disfrutamos de lo que nos gusta, pero somos esclavos de la opinión de un tercero, que mutará una y otra vez hasta el infinito.

Así es como nos olvidamos de las cosas simples que nos hacían emocionar; y de tanto estar pendientes de la opinión ajena, se nos acaban las ideas propias; y por falta de uso, se marchitan los ideales.

El Capitán Jack Sparrow era un pirata sin pretensiones, un invento de la tierra de la imagen que, paradójicamente, era capaz de traicionar su imagen sin traicionar sus ideales.

Y eso lo hacía invencible.

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Enlaces relacionados:

La primera parte: Creatividadad aplicada & públicos internos

La segunda parte: Campañas Internas, sin pretenciones

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Créditos:

La imagen de la campaña que abre el post fue generada en la agencia.

La imagen de Sparrow huyendo, la encontré Lo que yo te diga.

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  1. Pia Gonzalez’s avatar

    Como siempre…muy buen post Martín.

    Hablando de piratas, en Stardust se luce Robert de Niro interpretando a un pirata que lo ÚNICO que le importa es la imagen, pero como bien decis casi al final: “si decimos ser algo que no somos, más aún en aún en ámbitos cerrados, con públicos cautivos como ocurre en las organizaciones (en este caso en un barco… vaya organización!), si bien puede darse algún triunfo pasajero, estamos hipotecando nuestro propio futuro.

    Y eso es lo que le sucede al pobre Capitán Shakespeare… no cuento el final por si no la viste.

    Aunque la película no versa sobre el Capitán Shakespeare, se muestra claro que para él su imagen era lo más importante, algo que no quería traicionar, pero al final no le quedó otra opción y fue + feliz!

    Reply

  2. Martín Fernández’s avatar

    Gracias Pía. No ví la película, pero fui a tu blog y me guardé el link a The Economist.

    Reply

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Martín Enrique Fernández

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En este espacio escribo sobre las personas que generan corrientes de pensamiento en algún campo en particular, sobre ideas y herramientas de comunicación interna y sobre el proceso de cambio cultural permanente en el que se encuentran las organizaciones. Las personas. Las ideas. Las organizaciones. En ese orden.

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Presido la consultora especializada en Cultura de HSE, Antropología Corporativa y Comunicación Interna, Whycomm S.A.
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