Auditores de la verdad

La banda ancha desarrolló en forma espontánea un ejército mundial de auditores. De cualquier tema, a cualquier hora y desde cualquier lugar del mundo. Todos armados de Google hasta los dientes. Todos velando porque, aunque la justicia no castigue a los copiones, el mundo sí reconozca a los verdaderos autores de cada idea.

Ya no hace falta ser mayor de edad para transformarse en un pladín de la veracidad. Por ejemplo cuando yo estudiaba geografía en el colegio, las pirámides eran una foto en un manual. Hoy, desde un celular, un alumno de 10 años puede chequear si lo que le están enseñando es verdad o no.

Y además explicarle a la profesora que a 1000 metros de las pirámides existe un centro comercial. Ya no se puede mentir o simular sabiduría, cuando el conocimiento es muy específico.

Sin ir tan lejos, o entrar en temas de plagio, creo que se puede establecer una diferencia en el hecho de copiar. La copia puede tener que ver con: a. Repetirse a uno mismo; y b. Repetir lo que ya hizo otro.

A. REPETIRSE A UNO MISMO:

El hecho de repetirse a uno mismo me parece el menos grave de los dos, y en general, persigue un único fín: economizar recursos. Pero no es robar. Al primer punto en consultoría se le dice Know how aplicado :-) : algo que hago bien, lo hago siempre igual. La replicación, es la base de la rentabilidad. Se trata de una cuestión de mercado, como se puede ver en este gran descubrimiento que postea Unblogged!:

B. REPETIR LO QUE YA HIZO OTRO, PERO MODIFICÁNDOLO:

El segundo punto, el de copiar algo ya inventado, es más delicado porque define la propia identidad. Puede tener que ver con la orginalidad de la que hablábamos ayer. Aunque caminando por una delgada línea, como retrata con gracia y autocrítica el blog Son cosas mías!:

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Ninguno de los dos caminos tiene buena prensa o es un atributo apreciado por los consumidores. Aunque creo que repetirse a uno mismo, en un punto, es inevitable.

Si bien el ejemplo sirve para graficar la idea, el caso de Diseney es más cuestionable ya que hay un compromiso no escrito de entregar algo nuevo al espectador, y además al tratarse de un producto masivo y global, se mancha la reputación de la empresa.

A mi juicio, es un error. Pero Disney sabrá.

Queda para más adelante un punto “C”: el vicio de mentir.

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