Alemania jugó sucio: “En un Mundial de Fútbol se pone en evidencia el carácter de un pueblo”

Una semana después de la eliminación, y cerrando las columnas de los domingos sobre el Mundial, el Dr. Rulicki trae una idea provocadora (“Alemania jugó sucio”). Y un gran análisis sobre el carácter nacional argentino en el último encuentro: ¿Por qué perdimos?

Al final, también, hay una metacolumna: una columna sobre la columna.

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“Una forma de entender lo que nos pasó en Sudáfrica”

Por Dr. Sergio Rulicki

Alemania jugó sucio.

Comenzaron la previa atacando al pueblo argentino, con Swainsteigger, capitán del equipo y representante de su nación, calificándonos de provocadores, ventajeros e irrespetuosos. Supongamos que un miembro del equipo argentino hubiese respondido que los alemanes son altaneros, brutales y traicioneros, seguramente hubiese causado más ruido.

La operación conceptual del discurso de Swainsteigger es la de crear un estereotipo despreciable del otro. Lo que hizo fue un acto de discriminación. Irónica fue la ceremonia oficial, antes de comenzar el partido, en la que los capitanes leyeron un pequeño discurso contra el racismo.

¿Y a nosotros, qué nos pasó?

Estábamos tan bien que nos fuimos a las nubes, y nos sorprendieron con un golpe bajo. Nosotros pudimos la otra mejilla, e intentamos reírnos con tolerancia. Extraña contradicción que en cierto sentido hayamos hecho lo correcto, y en otro sentido nos hayamos equivocado tanto.

Dejamos pasar una afrenta a nuestro orgullo nacional, minimizándolo, cuando lo acertado hubiese sido el contraataque inteligente. La AFA debería haber protestado ante la FIFA y haber denunciado al equipo alemán por discriminación, y el equipo alemán debió haber sido sancionado con una multa. Incluso, podríamos haber exigido una disculpa diplomática.

Supuestamente, este iba a ser el Mundial del Fair Play. Deberíamos haber reaccionado con furia y salir a la cancha con un cuchillo entre los dientes. Pecamos de ingenuos.

Los alemanes también jugaron sucio desde el arranque del partido, ya que fueron ellos quienes descargaron a traición el primer golpe, la alevosa patada por la espalda de Klose contra Otamendi, en el minuto 2, que corta un contraataque argentino y deja sentido al defensor.

Llama la atención, que el árbitro Ravsham Irmatov, predilecto de la FIFA, se guarda la merecida amarilla para el alemán y de esta manera inicia el manejo arbitral del partido con una injusticia en nuestro perjuicio. Un minuto después Alemania hace el gol.

En un Mundial de Fútbol se representa al país. Se juega por la autoestima nacional y se pone en evidencia el carácter de un pueblo. En resumen, el equipo alemán usó como estrategia de competición la humillación y la violencia. Eso demuestra que los alemanes no aman este deporte como lo hacemos nosotros, y eso es más importante que cualquier victoria.

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METACOLUMNA: la columna sobre la columna

Por Martín Fernández

Como le dije al Dr. Rulicki: me gustó mucho la idea del texto. La disfruté de punta a punta.

Me gustó el enfoque debido a su originalidad antropológica y el análisis de dos hechos específicos: los alemanes, primero, desde la previa, provocaron el carácter nacional argentino, y luego, en la cancha, nos intimidaron con una patada incial y decisiva.

Ahora, con el diario del lunes, como se suele decir cuando uno -cobardemente- analiza la historia que ya no se puede cambiar, ¿cuál hubiese sido una estrategia posible? Mi respuesta: una que, como pueblo, no tenemos la habilidad de implementar. La del golpe por golpe. La de la agresividad controlada y justificada.

¿Por qué Maradona fue contra sus genes y no le dijo “Swainsteigger, la tenés adentro” como le dijo a Toti Pasman? ¿Por qué no le dijo “Y vos, Swainsteigger, a quién le ganaste”, “hacete un mechón”, “se te escapó la tortuga” y “sos el Cartonero Báez”?

Porque queríamos ir por más (Maradona y todos nosotros), y eso era ir por menos. Era repetir lo peor de nosotros, era darle la razón al bruto de Swainsteigger. Estábamos todos tan ilusionados, que ningunear la agresión fue nuestra única reacción para evitar el conflicto.

No encontramos la respuesta correcta. Evitar los conflictos simpre es una mala idea. Y sólo “minimizamos” el asunto, como claramente explica el Dr Rulicki.

Teníamos miedo a quedar mal, desubicados. Maradona tenía miedo de ser Maradona. Y se comportó como Pekerman, recatado, sereno. Ese fue su avance, nuestro avance. Maradona representa al colectivo argentino y mostró que se puede ser moderado, “poniendo la otra mejilla”.

Pero Maradona no pudo ser un caballero con los caballeros y un orangután con los orangutanes. Ahí falló la estrategia. Estaba  bien no enojarse, no desubicarse, pero estaba mal no responder. Ahí comenzamos a perder el partido. Ni el negro Enrique, que a todas luces tiene alma de estratega, la vio venir.

¿Y entonces? Bueno, nos faltó agresividad controlada. Decirle, efectivamente, a Swainsteigger, que se hiciera un mechón y pensara en el carácter de su propio pueblo, que no ha sido justamente un canto al humanismo en los últimos 100 años.

Sin insultarlo, pero poniéndolo en su lugar. ¿Desde cuándo un jugador alemán, tenga razón o no, puede hablar de “los argentinos”? ¿Estamos todos locos? Y luego, es decir, luego de haberle cantado las cuarenta con educación desde una conferencia de prensa, arrasarlos adentro de la cancha. Cuando digo arrasarlos: digo fisicamente. Digo, y espero que se entienda, a las patadas. Intimidarlos. Porque no había puntos medios: o intimidábamos o éramos intimidados. Y eso fuimos.

¿Qué con los alemanes no se puede físicamente? No hablo de eso, de correr más, aunque también lo pongo en duda. Al minuto del partido, en vez de recibir el patadón alemán, podríamos haberle devuelto la gentileza de la conferencia de prensa pero en los tobillos. Sin resentimiento. Una única y dolorosa patada, con un comentario al oído mientras todavía el alemán con nombre de cerveza se retorcía de dolor en el piso: RISPECT.

Ellos entienden bien el inglés. Lo podríamos haber mandado a Tévez. Y recién después de eso, de equilibrar el asunto, dedicarnos a hacer “la nuestra” (como se le dice al estilo argentino).

Pero no, en la previa no hablamos de la tolerancia histórica del pueblo alemán. Nos comportamos como buenos hijos de la FIFA (la que dice Rulicki que te FIFA).

Se comportó Maradona que por una vez no fue Maradona. En un paso adelante, hizo lo correcto. Un paso intermedio para todos. Ahora no hay que enojarse con Maradona, hay que agradecerle su entrega, y darle la oportunidad a alguien más que pueda lograr otro avance mientras representa nuestro carácter nacional: Bianchi, Gallego, no sé, otro.

Maradona puede asesorar, tampoco quiero borrarlo, minimizar su aporte, como hizo Warsteiner :-) . No sé, algo hay que pensar, no hay que dejarlo afuera tampoco. Negar a Maradona es negar nuestro carácter.

Fin. Ahora ya está. Ya peridmos. Nos ganó un equipo mejor. Más pícaro. Más equipo. Calentitos los panchos.

Nos vemos en cuatro años.

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  1. jhoset’s avatar

    alemania jugo lindo es un gran eqipo felicidades aunque no quedaron de campeones precisamente lo son unos campeones alemania es alemania y se respeta,de colombia para el mundo,alemania es grande

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  2. jhoset’s avatar

    alemania arriba para siempre animo que somos los mejores,aunque no ganamos somos grandes,aunque no soy jugador pero se lo que es jugar al futbol,y el mejor futbol es el aleman

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  3. Pablo’s avatar

    la columna me parece una pelotudez inmensa. un taxista hubiese expresado la misma idea con las mismas palabras. se me fueron las ganas de leer la “metacolumna”

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  4. Martín Fernández’s avatar

    Pablo querido, entiendo que no te guste. Pero mal lo del taxista. Esas cosas se piensan pero no se dicen. Te sugiero que te retractes diciendo “tengo un amigo taxista”. Parece tu estilo.

    Volvé cuando quieras y dejá un comentario como la gente. Con alguna idea o razonamiento sobre por qué no te gustó. Igual creo que no obrás de mala fe: como no entendiste, solo te da para insultar.

    ¿Escuchaste alguna vez la frase “en el pecado está la virtud”? Reclamás inteligencia y mirá el comentario que dejás.

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