November 2013

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| Videpodio S06E23 |

Uno de los problemas que tienen las cosas que nos hacen reír es que, además de hacernos reír, nos dejan en evidencia, quedamos expuestos, casi indefensos ante la mirada ajena. Porque sobre todo y antes que ninguna otra cosa, las cosas de las que nos reímos hablan de nosotros mismos.

Piensen en situaciones que les causen gracia, y después piensen en ustedes mismos riéndose de esas situaciones. Alejen la cámara. Mírense desde afuera, riéndose de algo, de lo que sea. Eso de lo que se ríen, íntimamente, en el fondo de su corazón -eso y no otra cosa-, eso es lo que son. Lo que somos. Es una verdad tan cierta que si la buscan seguro que está en la biblia: somos las cosas que nos causan gracia.

Hay mil ejemplos.

Pensemos en el que se ríe de una anciana que se tropieza en la calle. Se ríe porque eso es lo que es: un sor*te. O una parte de él, para no ser dramáticos.

O tomemos por caso a cualquier adolescente, que son ejemplos más livianos.

¿Por qué los adolescentes se ríen de pavadas? Porque, básicamente, son pavos.

Ni más ni menos. Sin juicio moral sobre la adolescencia. Todos fuimos adolescentes. Todos nos reímos de pavadas. Todos fuimos pavos.

Pero después crecimos.

Y cuando crecemos desarrollamos una cantidad infinita de prejuicios con el humor (y con todo en general, pero en el humos se acentúan).

Porque, en nuestro fuero interno, sabemos que eso de lo que nos vamos a reír, va a mostrarnos algo de nosotros mismos.

Y también se lo va a mostrar a los demás.

Y muchas veces eso que vemos es algo que preferiríamos no ser. Cuando la distancia es grande, cuando lo que creemos que somos y lo que nos causa gracia, son percepciones que están demasiado lejos, se invierten los mejores esfuerzos en reprimir la risa. Un negocio horrible.

Toda esta explicación es para justificar que cuando vi el siguiente comercial de Sidra Real pensé que me iba a desmayar del ataque de risa que me dio.

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ORO

Ahora que ya vieron el comercial, un análisis comunicacional de algunos insight que me gustaron.

1. La cara del pibe.

Está seguro de lo que dice. Lo cree. En su fuero interno quiere cambiar. Quiere no hacerse mala sangre. Como si el cambio simplemente ocurriera porque en una cena nos proponemos algo. Como si la emoción no fuera un estallido que nos invade; como si no fuera un proceso que requiere un profundo ejercicio de reflexión. Como si sin el conocimiento profundo de los motivos de nuestra conducta pudiéramos cambiar nuestro comportamiento.

Es autoayuda o psicología básica, pero además es verdad: para cambiar, primero hay que entender. El autoconocimiento debería ser materia obligatoria desde primer grado, cosa que nos da paso al punto dos.

2. Los estallidos.

El primero jugando al fútbol, el segundo en el tránsito y el tercero hablando con una máquina. Son tan geniales las frases que no puedo más. Se enoja, pero además se enoja con ironía. Le sale de las tripas. Cuando grita “¡¡¡DESDE MARZO QUE ESTOY SOLO!!!” esa mezcla de enojo e ironía, tiene que ser real. Esas frase existen. O si no vean de nuevo la del teléfono, ¿prestaron atención al texto?: “¿¿¿QUE TENGO QUE HACER PARA HABLAR CON UN SER HUMANO???” Hay tanta verdad en esa frase que, para mi gusto, lo vuelve irresistible.

Pero bueno, ya vieron cómo es el humor, eso habla de mí.

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Si bien podría haber concluido acá nomás, completo el videopodio con toda la campaña de Sidra Real.

PLATA

El segundo lugar también es un gran aviso. Los textos son geniales.

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BRONCE

Le faltó realismo, creo. Se aprecia en la comparación con los otros dos.

Hasta el próximo Videopodio.

En las organizaciones hay una salida elegante para todo conflicto: aducir problemas de comunicación.

Es una forma efectiva de calmar los ánimos y hacer borrón y cuenta nueva, sin que la sangre llegue al río.

Igual siempre alguien queda resentido, pero por lo menos se avanza.

Todos miran un poco para otro lado, acordamos con resoplidos entre cómplices e indignados que se trató de “un error de comunicación”.

Y pasamos de pantalla.

Sin embargo, desde hace un tiempo, el tema escaló un nivel en cuanto a complejidad y sofisticación.

Ahora la culpa es de la cultura.

Es menos burdo. Parece menos burdo, en realidad, pero no estoy tan seguro que lo sea.

¿Tu jefe es un salvaje? Es cultural.

¿Las reuniones son poco eficientes? Es cultural.

¿La gente de RRHH es ineficiente? ES CULTURAL.

Para no hacer más largo el asunto, les dejo una viñeta que cuenta un poco cómo se resuelven los conflictos en las diferentes culturas, y que tienen cierto correlato (cierto, no todo, pero sí cierto) con organizaciones de los orígenes señalados.

Y así, como quien no quiere la cosa, cerramos la semana con un ejercicio de observación al paso, muy pero muy fácil.

¿Qué le falta a esta escena tan sensual?

Comments off por un rato.

El nuevo comercial de camiones de Volvo tiene como protagonista a la estrella Hollywoodense de películas de artes marciales Jean Claude Van Damme.

La pieza es muy buena, y me hizo acordar a un tecnicismo para construir una campaña: diferenciar la PUC (propuesta única a comunicar) de la idea. La eterna dificultad de definir beneficios y atributos antes de comenzar a producir ideas.

El asunto, en forma simple y resumida, funciona así: a una única “propuesta única a comunicar” pueden corresponderle infinitas ideas (bueno, no sé si infinitas, pero sí muchas, es para remarcar la diferencia entre concepto y ejecución). La PUC es un nivel de abstracción superior, y por eso mismo, más difícil de definir o sintetizar.

En la pieza que van a ver a continuación, está clarísimo todo este asunto de PUC vs. idea; de concepto vs. ejecución.

Conceptualmente (PUC) había que transmitir estabilidad. Y para eso lo llamaron a Van Damme, que logró personificar la estabilidad con su marca registrada (idea).

Me pareció todo un gran acierto.

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