October 2013

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La emoción me invade.

Voy a llorar.

¿En qué momento de mi vida dejé de admirar lo bello para valorar lo útil?

Miren esta horrible taza para “ensopar” una galleta (¡qué palabrita ensopar!… mejor avancemos), que sin embargo me parece irresistible.

Es más, si encuentro una de estas tazas pero con forma de media luna estaría en condiciones de afirmar que es el invento del siglo. Casi a este nivel.

Pero la emoción no es solo por la taza, sino por todo este post lleno de inventos por el estilo, sobre todo gastronómicos.

Par finalizar, solo una palabra: belleza FUNCIONALIDAD, quiero decir.

La década que comienza cuando cumplimos 30 y llega hasta el ritual de los 40 tiene una energía bien diferente a la que va de los 20 a los 30.

A partir de los 30 la energía que manejamos está más concentrada.

Es un poco más sutil.

El corazón está menos arremolinado.

O mejor dicho: se arremolina con más prudencia.

Cambian los miedos.

Y las ilusiones.

Que se mantienen, sí, pero son de otro orden.

Como sea, Josefina Licitra describe la década de los 30 en un texto breve e intenso.

Lo hace a la vez con profundidad y simpleza.

Todos atributos difíciles de combinar.

Por eso la columna me resultó genial.

Va un párrafo:

“La década del treinta es inolvidable –por alguna razón, jamás me sentí tan poderosa como ahora- pero es también dura. Si a los veinte somos médiums –y encarnamos el mandato familiar que pide básicamente dos cosas: que estudiemos y que no nos emborrachemos tanto- a los treinta empezamos a enfrentarnos a las demandas propias y –esto es lo duro- a la obligación de dejar de ser una “promesa” para empezar a transformarnos en aquello que alguna vez quisimos ser.”

Por supuesto les recomiendo leer el artículo completo titulado La década honesta.

Hace ya unos días que tenía ganas de volver a escribir, pero no sabía bien sobre qué.

No se me ocurría nada en particular.

Solo sentía, vagamente, el deseo de retomar una práctica que extrañaba.

Y como tampoco conozco una palabra justa que describa esa sensación, la de retomar un hábito placentero, creo que eso mismo, el hecho de no poder ponerlo en palabras, tampoco me ayudaba a clarificar la sensación de tener ganas de volver a escribir.

Todo muy circular.

Como si lo que no pudiésemos poner en palabras, no pudiésemos concretarlo.

Ya ha escrito mucha gente al respecto; es un concepto mitad autoayuda, mitad planificación estratégica.

La cuestión es que con esa inquietud interna, no del todo consciente, la de “retomar un… etc”, esa que no tiene una palabra específica para hablar de ella, encontré este post genial, con once palabras propias de diferentes países que no se pueden traducir a otras culturas.

Por ejemplo, en japonés existe una palabra, KOMOREBI, para describir la luz del sol que se filtra entre las hojas de los árboles. ¿No es hermoso?

Y otra que me gustó, JAYUS, una palabra del indonés, que describe la risa con el fin de atemperar una broma tan mal contada que no causa nada de gracia.

¿No es un concepto todavía más hermoso que el anterior?

No entiendo cómo no se me ocurrió a mí con lo que me gusta reírme de los demás.

Hay varias palabras más, todas muy lindas, y hasta pueden encontrar una de habla hispana. Para saber cuál es pueden ir al link original, así esto no se hace tan largo.

Porque este post es solo una excusa para escribir algo. Para retomar un lugar interno.

Así que ya saben: si encuentran una palabra que describa la sensación de retomar un hábito placentero abandonado, me avisan.

Vía: @PNLArg

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