July 2013

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Pero acompañado con una reflexión de corrido.

La necesidad de ser distintos por momentos se manifiesta de forma tan intensa, supongo, porque tiene que ver con el contraste.

Me explico: no es tan deseada la búsqueda de la diferencia -el deseo de ser diferentes, reconocidos- como el anhelo de encontrarnos con eso que la filosofía ha definido como “nuestro propio ser”.

Si supiéramos quienes somos, no buscaríamos ser distintos.

Pero para saber quienes somos, el esfuerzo es demasiado grande, y el camino no es claro, no tiene reglas precisas.

Todo demasiado angustiante.

Ser distinto está más a mano: no hace falta saber quién soy, alcanza con ser como nadie más.

Y lleva menos esfuerzo.

Entonces, de vuelta al principio: como no sabemos bien quiénes somos, empezamos por desear la diferencia, que es más simple.

Es bien adolescente el asunto.

Y se termina con la vejez, o con el cinismo.

O, por el motivo que sea, cuando se acaban las fantasías.

Y sobre la ventanita torcida, la distinta, qué opinan: ¿VOT Sí o VOT No?

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Tres pisos, y una vista hermosa.

“El progreso técnico no solo coloca al ser humano en una posición dependiente de esos procesos sino, además, lo vuelve vulnerable a cualquier forma de vida que no esté organizada en función de ellos. En otras palabras, los hombres de las cavernas sufrían mucho menos que nosotros.”

Interesantísima entrevista al filósofo Christian Ferrer.

¿Vot SI o Vot NO?

No puedo decidirme.

Porque en la foto se ve muy bonito, pero de pensar en el ruido y el smog de Buenos Aires, no sé, no creo, ¿o sí?

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El gran inconveniente de aprender cuando uno ya es adulto es no tener la vida lo suficientemente vacía.

Cuando somos niños, y el contexto (familiar, sobre todo) lo permite se nos va la vida en aprender lo que estamos aprendiendo. Dedicamos toda nuestra energía al proceso de aprendizaje.

Así aprenden los chicos: entregados a la tarea.

Cuando somos chicos el proceso de aprendizaje es es excitante. Una excitación de mediano plazo. Ese lento discurrir en el se va adquiriendo una nueva habilidad, un nuevo saber, y que también lentamente comienza a consolidarse.

Esta primera etapa de aprendizaje sin temor a lo nuevo y sobre todo sin temor a todo el peso que conlleva no saber algo, con los años deja de ser habitual.

Con los años, hay cosas que da vergüenza no saber.

Y entonces comienza a apagarse el fuego del “aprendizaje a cualquier precio”: ahora se aprende en aulas o en contextos específicos; también ocurre que la tarea de incorporar habilidades y conocimiento pierde su rol central y deja paso a la más grata tarea de ejecutar lo que ya sabemos.

Sin embargo, el aprendizaje adulto -cuando logramos conectar con el proceso-, tiene una gran ventaja: una vez que se aprende aprendiste a aprender, ya  no te aburrís nunca más. Porque sobreviene una certeza visceral: no te va a alcanzar la vida para saber todo lo que te gustaría saber.

Como sea, de aquel aprendizaje que transitamos cuando somos niños y tenemos la cabeza vacía -y los prejuicios en proceso de incubación-, tengo un extraordinario recuerdo: Les Luthiers.

Existen por lo menos tres generaciones que aprendieron la estructura básica del humor con Les Luthiers.

Y a ellos vamos a dedicar el videopodio de hoy.

BRONCE

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PLATA

ORO

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Hasta el próximo sábado.

En este espacio muchas veces festejamos, con cierto descreimiento, la inmensa cantidad de chucherías que se inventan para hacernos la vida más fácil (por decirlo de algún modo).

Sin embargo, cuando algo necesario es inventado hay que reconocerlo con todas las letras: ¿quién habrá sido la luminaria intelectual de avanzada que logró tan sutil y determinante innovación, con el fin de aprovechar mejor la zapatilla?

No lo sé, pero todo el talento se resume en dos palabras: GE NIO.

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