February 2013

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Análisis Comunicacional | S01E05 |

Prestemos atención a la siguiente viñeta. Se ocupa del conocido ejercicio del bote que tiene que cruzar un río con un oveja, un lobo y un ovillo de lana, pero solo puede cargar a dos a la vez, y además no puede dejar solos a la oveja y al lobo o a la oveja y al ovillo.

La sensación me quedó después de verla fue la de salir de una jaula.

Todos hemos sentido la agradable (¿excitante?) sensación de liberarnos de un paradigma luego de haber quedado atrapado en el durante mucho tiempo.

¿Cómo es esa sensación?

Es la de darnos cuenta de que veíamos algo, un problema, una situación, lo que fuere, desde una perspectiva específica que considerábamos como la única posible, y que repentinamente esa percepción cambia, mostrándonos otras opciones y dejando en evidencia que aquello que habíamos naturalizado no era “natural”, sino nuestra perspectiva personal.

Para ponerlo simple: la salida del paradigma comienza en ese preciso momento en el que percibimos que las cosas pueden ser de otra forma.

Y eso es lo que ocurre con esta viñeta. Siempre se piensa de un único modo, como un juego, hasta que se presenta con otra forma diferente, una forma original, en este caso, el del humor irónico.

La dificultad que acarrea estar atrapado en un paradigma es que uno solo puede verlo, con toda claridad, cuando uno logra salirse. Es el gran problema de los paradigmas: desde adentro no se ven -ni se perciben, ni se intuyen- como paradigmas. Sino que son nuestra una única realidad.

El humor, por definición, tiene que producir un quiebre en una historia. Tiene que, de alguna manera, hacerla avanzar. Pero sobre todo, lo que hace el humor, es mostrarnos con claridad un paradigma anterior, desde el nuevo paradigma. Porque primero, alguien, tiene que hacer el esfuerzo de darse cuenta que está atrapado, de descubrirse encerrado, para recién luego quebrar ese encierro, cosa que el formato humorístico logra a través del absurdo.

Vía: @irandallmunroe | Fuente original

Una pareja actúa una falsa propuesta de matrimonio, en lugares públicos.

La situación es TAN incómoda, produce tanta vergüenza ajena que LOS DESAFÍO a ver si soportan los tres minutos seis segundos que dura el video.

Vía: @emevieyra

Todo esto ya lo dijo McLuhan en los 70, pero como McLuhan no siempre es bien interpretado y además se estudia en la facultad de fotocopias imposibles, la adaptación a la vida organizacional es más fácil entenderla en un blog de vanguardia como este: 🙂 cualquier comunicación interna que no esté aggiornada a los cánones estéticos de la época, pierde credibilidad.

Y el lector atento podrá preguntar:

Lector atento:

– ¿Y cuáles son los cánones estéticos de la época? ¿Quién los determina?

A lo que yo, con la humildad que me caracteriza, responderé: los de las redes sociales, sin dudas.

Y se determinan a través del uso colectivo.

No importa lo que podamos pensar en forma individual, la cuestión excede nuestros gustos. Es la cultura la que determina la estética dominante. Y la estética, hoy, incluye la posibilidad de la crítica visible y explícita. Es decir, implica que lo que yo muestro puede estar sujeto a la opinión de otros.

Y aunque se elijan no opinar, igual está implícita la posibilidad de hacerlo.

Que en la actualidad la estética generalizada (no la vanguardia) está determinada por Facebook, Twitter y YouTube trae un nuevo elemento a la discusión: la interacción como parte de la estética comunicacional, más allá de la funcionalidad.

Hace diez años se editaban House Organs sin distinciones claras entre los niveles de lectura, y no era tan importante. Pero sí era importante tener una revista interna: las novedades organizacionales había que comunicarlas por escrito, en formato editorial.

La estética era negociable, tener una revista no.

Ahora, la estética vinculada a la comunicación interna, aunque muchas organizaciones se resistan, también demanda este nuevo insight: permitir la interacción.

Pero como rara vez las compañías permiten las redes sociales internas, es decir, que las discusiones queden por escrito en sus canales (ya bastantes problemas trae el mail), la interacción debe ser presencial. En términos prácticos, las organizaciones deben compensar esta falta de canales en los que se pueda interactuar, elevando la frecuencia de otro tipo de actividad: la interacción presencial de sus líderes.

Entonces, lo repito a los gritos para que se acuerden: LA INTERACCIÓN ES PARTE DE LA ESTÉTICA.

Ya no es una elección. Ya no es un capricho. Una comunicación que no permite interacción está fuera de época. La interacción no puede faltar porque la gente YA SE ACOSTUMBRÓ a interactuar. Eso son los mensajes de texto, interacción. Eso es Facebook, interacción. Eso es twitter, interacción. Eso es la TV mostrando su cuentas de Facebook y Twitter, interacción.

Cada like nos recuerda que nuestra opinión importa. O que aunque sea estéticamente debe estar incorporada. Parte de la estética que se consume tiene que ver con la interacción: interactúo, además de para que la comunicación sea más efectiva. Interactuar (o la posibilidad de interactuar) encierra un mensaje en sí mismo, además del que se quiere transmitir con las palabra y las imágenes.

Entonces, si los canales internos no permiten interacción los  líderes DEBEN (más gritos) reemplazar esta falta con comunicación presencial, en la que SÍ se pueda interactuar. Porque tampoco sirve poner la cara y no permitir preguntas, simular un diálogo o ejercer una presión sutil para que no sea realicen.

Finalmente, resumo: las comunicaciones internas que circulan por la Red de Medios y no permiten interacción deben estar acompañadas por la comunicación presencial e interactiva de los líderes. Y además, su estética debe ser impecable.

No lo digo yo, lo pide la época.

Todos hemos visto esas hermosas fotos-arte de platos decorados con maestría, que parecen sacadas por fotógrafos profesionales y podrían ser parte de un catálogo, pero que fueron tomadas con un celular, medio a las corridas.

La práctica es furor en Twitter y Facebook.

Debajo, pueden ver un ejemplo que tomé del tumblr de Pía, en el que compartió algo que vio en una panadería y que sin dudas, tiene la marca estética de la época:

Ya presentado el tema del post, con cierta alegría, me gustaría compartir imágenes de un blog en el que los lectores envían sus fotos de recetas que NO les salieron como pretendían.

La secuencia sería la siguiente: alguien lee una receta que viene con fotos, intenta replicarla en su propia cocina, le sale horrible y entonces comparte el resultado comparado en un blog.

Es decir, con humor, muestra la diferencia entre el plato profesional que copiaron y sus fallidos intentos caseros.

Y el resultado es desopilante. Vean:

(Vía)

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(ay, lloro)

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Cuando pude calmar el llanto producto del ataque de risa, intenté racionalizar un poco.

En un momento se me ocurrió pensar que hasta era probable que la diferencia fuera solo comunicacional, que como decía El Principito lo esencial fuese invisible a la vista y que el sabor, más allá de las apariencias, fuera similar entre uno plato y otro.

Pero igual había algo raro, el razonamiento se sentía raro.

Hasta que finalmente tuve mi momento Eureka!: entrada la segunda década del Siglo XXI, lamentablemente, la falla estética es a todas luces una mala noticia.

Un contenido interesante, con una imagen espantosa, vuelve todo el asunto sospechoso.

El razonamiento me ayudó a trazar cierto paralelo: si bien compartir las imágenes de un plato mal hecho, en definitiva, habla de gente que puede reírse de sí misma y todo es un bonito gesto de humildad, cuando somos comunicadores profesionales pero nuestra estética es amateur, todo nuestro trabajo es percibido como amateur.

Está claro que la comunicación nunca es lo esencial, que es una herramienta para contar una parte de lo esencial. La parte que elegimos mostrar.

Lo que narra una imagen pobre, ante audiencias que ya han naturalizado el diseño como parte de su vida en casi todos los aspectos, es una calidad pobre. Aunque esto, en parte, no sea así. Ya estamos en el siglo XXI y la comunicación interna no puede atrasar décadas. La imagen tiene que acompañar, aunque sea en los aspectos mínimos.

Todo el asunto abre las puertas al Tercer mandamiento de la Comunicación Interna, que vamos a ver mañana: la interacción es parte de la estética.

| Videpodio S06E05 |

Así como el sábado pasado les conté que me gustan las personas consistentes, también me gustan las ideas poco convencionales.

Una cosa no tiene nada que ver con la otra, aunque sea un error habitual confundir consistencia con el aburrimiento basado en el tedio de la acción repetida producto de la falta de motivación. JA. Qué tal. Mejor comencemos.

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BRONCE

Una gran escena de The Big Bang Theory, que no es una serie que me guste particularmente.

Presten atención al invento que utiliza Sheldon para doblar la ropa. Una delicadeza.

Y ya que están, presten atención al análisis semántico sobre la relación entre amistad y secreto. Brillante.

Lamentablemente el video no está disponible para embeber en el blog, tienen que ir a verlo a Youtube. Vayan, no sean vagos, es una gran escena más allá del invento en cuestión. Apenas cuatro minutos.

Y luego vuelven, ojo.

Vía @kastika

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PLATA

Todo el ingenio humano al servicio del bien. Aplicar el domino sobre una lancha para apagar un incendio.

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ORO

Y todo el ingenio humano al servicio del mal, en esta increíble valija para  robar otras valijas en el aeropuerto.

Vía: @yoriento

Hasta el próximo sábado.

Ya hace más de diez años que almuerzo trabajando; es decir, el almuerzo es un continuo en medio del trabajo. Ya sé que está mal. Incluso me lo dijo un nutricionista, con lo que podría decir que el peso de la ciencia ya me advirtió que no es saludable.

Pero igual no lo puedo evitar, y es más, lo disfruto. Es la pertenencia de clase que tira y tira: hay que trabajar, incluso, cuando almorzamos.

Les cuento esto porque en este espacio ya nos conocemos mucho. Ya todos sabemos que no les voy a decir una cosa por otra y que cuando les presento un chirimbolo para el escritorio es porque REALMENTE lo necesitamos.

Acá no nos conformamos con la estética ni con el ingenio vano. Si el cacharro no tiene alguna utilidad, no le prestamos atención.

Por eso cuando cuando vi este juego de lapiceras que se transforman en cubiertos no me conmoví en lo más mínimo. Ni siquiera esbocé una sonrisa. Todos podemos ver en forma inmediata que son una porquería.

Y pensé que así como el paraguas con visor que vimos la semana pasada me había devuelto la fe en la humanidad, este cachivache me la quitaba.

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Internamente, estaba protestando: “…cuando se almuerza no se escribe; se trabaja, sí, pero solo se lee. Qué se piensan, JA, que a mí la sociedad de consumo me va dominar…”, cuando, de repente, quedé rendido al contemplar el ingenio humano en toda su expresión.

Fue como una epifanía, un momento místico.

Un rayo me atravesó y juré nunca descansar hasta poseerlos. A los dos juntos. Las lapiceras-cubierto y el plato-teclado.

Es el nuevo propósito de mi vida: tener ambos gadgets para combinarlos.

No se dejen engañar: esto, y no otra cosa, es la calidad de vida.

Vía: gauyo | Vía: Nopuedocreer

Recuerdo el impacto, o la sorpresa, que me causó saber que los océanos están llenos de cables. Creo que me sorprendió porque nunca antes había pensado, y no es información que esté presente si no hay un interés específico.

A continuación, un mapa con el estado de ese cableado submarino al día de hoy, en un atractivo sitio de infografías llamado coolinfographics.com

Vía @PabloAlaniz, proveedor oficial de contenidos de InternalComms.

Análisis Comunicacional | S01E04 |

La síntesis gráfica que ilustra el post me pareció muy atractiva.

En primer lugar, por lo que se percibe a simple vista: capta la esencia de lo aburrida que puede llegar a ser una presentación extensa y refleja la falta de atención como característica central de la época.

Muestra la dificultad de prestar atención en forma sostenida.

SIN EMBARGO (nótese el cambio de tono), la imagen me recuerda una idea que detesto y que está muy en boga.

Si bien es cierto que las mejores presentaciones son las que podrían hacerse sin un ppt sin perder efectividad (abro el paraguas), me refiero a la horrible concepción de que toda presentación debe “entretener” al auditorio; debe, escuchen bien, “SER DIVERTIDA”.  Hiperventilo.

¿A quién se le ocurrió que una presentación es para divertir a alguien?

Es un razonamiento tan de vendedor ambulante que piensa que la atención se gana a fuerza de simpatía, que se me sube la gallegada a la cabeza y las diez generaciones alimentadas a jamón crudo que tengo en los genes, se estremecen. Voy a estallar de indignación. No señor. El power point no es una herramienta de entretenimiento, sino de gestión.

En entornos corporativos es utilizado -principalmente- como soporte para que quien presente pueda completar una serie de ideas en forma ordenada y tenga un ayuda memoria tecnológico.

Y fuera de lo corporativo, simplemente, no hace falta utilizar ppt.

El caso testigo es TED. Da lo mismo si hay o no hay ppt: lo que vale es la habilidad del presentador como storyteller o narrador.

Pero se puso de moda acusar a alguien de presentar “en forma aburrida”, como si la obligación de un presentador fuera entretener.

Esto, también, implica quitar toda responsabilidad de entendimiento al público asistente, que en muchas ocasiones debe prestar atención y hacer un esfuerzo sostenido por entender -y atender-, más allá de que le interese o no.

Prestar atención no tiene que ver necesariamente con nuestros intereses edonistas. O no debería. Tiene que ver con intereses de gestión, con proyectos que hay que llevar adelante.

Me resulta una idea tan agotadora y tan sinsentido pensar que lo más importante de una presentación es que sea “entretenida”, que no tengo más ganas de escribir al respecto.

Como sea, no dejo de reconocer que se trata de una gran síntesis visual como todas las que hace cinismoilustrado.com

Una hipnótica máquina que lo destruye todo.

Empecé a ver el video y ya no pude parar hasta el final.

Y después me pregunté a qué se deberá esa extraña fascinación que tenemos los seres humanos por destruir.

¿Cuál es el morbo en mirar choques de autos, peleas entre personas o, como en este caso, una máquina capaz de romper casi cualquier cosa?

¿Es así?

¿Estoy, efectivamente, en lo cierto?

¿El caos fascina?

¿A ustedes también les pasa?

¿O solo soy yo y mejor debería llamarme a silencio?

Vía

Así como la semana pasada vimos el primer mandamiento de la comunicación interna, ahora vemos el segundo: si es urgente, no es por mail. O en su versión reversible: si es por mail, no es urgente.

El problema candente, en la actualidad, es que el correo electrónico se utiliza como reaseguro. Para cubrirse, justamente, de futuros problemas. Es un arma de doble filo y exige andar con con pie de plomo: el mail más inocente puede abrigar las peores intenciones.

Si algo queda escrito “es evidencia”.

Entonces, cualquier asunto que esté estampado en un mail hay que tratarlo como comunicación formal, lo que inmediatamente le quita carácter de urgencia, aunque en el subject diga URGENTE en mayúsculas y con negrita (si los subjetcs permitieran negritas).

La palabra “urgente” genera un doble vínculos: todos sabemos que me estás dejando algo por escrito, pero que si fuera urgente, me lo hubieras comunicado verbalmente. Es indefendible decir “era urgente, te lo pedí por mail“. Hasta el alma más pura e inocente que habite una organización lo sabe: si lo necesitás urgente, que lo pidas por mail no garantiza la entrega.

También hay una excepción a la regla: cuando uno de los dos involucrados es demasiado jefe.

Es decir, cuando la diferencia jerárquica es abismal (mail de un CEO con un pedido directo, a un reporte de segunda línea), o cuando un jefe explicita verbalmente que “cuando te mando un mail -como jefe- el mismo tiene prioridad uno“.

Es raro igual. Va contra el sentido común instalado y contra la lógica del canal. Se reciben más de 50 mails por día. Si es urgente -y tengo dos dedos de frente- no debería pedirlo por mail. Existe un consenso más o menos extendido, un acuerdo colectivo.  El mail ya encontró su tono y se estabilizó como canal. Es un error de jefe que cree que se puede dar ese lujo sin pagar ningún costo.

Como sea, los problemas en los canales persisten, aunque cambiaron su apariencia. Mutaron. Ese estadio inicial anárquico en el que la organización tenía que enseñar a su gente cómo usar el mail, pasó. La incertidumbre, ahora, consiste en qué hacer con las Redes Sociales: “¿Hay que permitir Facebook? ¿Hay que integrarlo? ¿Y YouTube?”. Twitter todavía es desconocido en el mundo corporativo.

El blog ThinkWasabi publica un interesante post al respecto: “La trampa de la respuesta inmediata“.

Y les dejo una infografía completa sobre los los usos horarios del mail.

Vía: @pabloalaniz

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