January 2013

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Gadgets Imprescindibles | S01Eo1|

Meditando sobre la volatilidad de nuestros deseos se me ocurrió darle continuidad a una sección sobre gadgets con la que coqueteo desde hace un tiempo y que, en un rapto de originalidad, titulé “Gadgets Imprescindibles”.

Tratará sobre chirimbolos que no necesitamos pero que sí podemos llegar a desear, con la secreta y confusa esperanza de ser diferentes, como si la diferencia pudiera venir desde afuera.

Creo que todos compartimos una intuición visceral pero que no ponemos en palabras con claridad; de la que no nos hacemos cargo del todo: nada externo puede volvernos especiales ni transformarnos íntimamente; el cambio interno no pasa por las cosas.

Sin embargo, el “tener” es el recurso que está más a mano para parecer alguien distinto. Tener para ser. La discusión de siempre.

Que el cambio, si comienza, por lo menos comience por la apariencia.

Porque el camino inverso, el de ser efectivamente alguien distinto, nunca tiene un mapa claro sobre cómo avanzar o se visualiza tan complejo y lleno de espinas que ni siquiera nos creemos capaces de intentarlo: “¿Hablar Chino Mandarín? No, dejá”. Hablar Chino nos haría algo especiales, pero claro, primero hay que estudiar varios años.

En síntesis, no sé si se trata de una tendencia argentina o una regla universal de la cultura, pero hay algo que visceralmente sé que es cierto: todos queremos sentirnos diferentes, especiales por algún motivo, únicos en algo.

El problema reside en el esfuerzo que eso, ser diferente, conlleva. En general no queremos pagar el precio porque en el fondo ni siquiera deseamos ser tan especiales: con sentirnos un poco así, cada tanto, nos alcanza.

Como bien dice la sabiduría popular no es cuestión de soplar y hacer botellas. Para ser diferente hay que trabajar mucho, en forma incansable, con tenacidad, entrega y compromiso.

O comprarte esta colita genial para agregarle a tu laptop y ser un distinto total.

Bienvenidos a “Gadgets Imprescindibles”, un espacio para reordenar nuestras prioridades.

Luego de ver la siguiente viñeta, recordé por qué ya no leo tan seguido a Dilbert: es demasiada realidad.

Dos cuestiones que la tira aborda de manera despiadada:

Primero, el lugar que (una porción) de las organizaciones le otorga a la comunicación interna en términos estratégicos: tiende a nulo. La mirada sobre la CI es, esencialmente, táctica. Es casi una máxima: cuando la comunicación resuelve urgencias, no resuelve problemas. La viñeta lo simboliza bien: colocar el logo de la empresa de screensaver como primer tema de agenda. El  pensamiento estratégico en comunicación recién se valora cuando se lo necesita en primera persona. En general, los sectores despliegan su energía para tener sus campañas a punto, pero (con honrosas excepciones) difícilmente inviertan la misma energía comunicacional en función de un bien común.

Segundo, si bien está contado en forma simpática, refleja el costado político de la CI. En una reunión en la que se tratan temas superficiales, la comunicación interna encabeza. Más específicamente, los canales, que representan la palabra formal de la compañía. El detalle decisivo es que la misma comunicación interna que es utilizada como excusa para perder tiempo deja al descubierto la irracionalidad y el estilo de comunicación de un líder que grita para imponer su opinión.

Qué difícil de digerir se vuelve Dilbert a veces.

Tanta realidad no es para todos los días.

Lo que me gustó de la siguiente viñeta es que capta con suma agudeza un perfil que se repite en forma frecuente: el de la gente que anda al las patadas por la vida con todo el mundo, pero íntimamente piensa que es amorosa, simpática y genial.

Y que encima después no entiende por qué le pasan las cosas que le pasan.

Nada tan difícil como tener una percepción realista de quién es uno mismo.

A veces no hay mucho para agregar.

Vía: Resonancias

| Videopodio S06E01 |

El primer Videopodio de la temporada llega sin podio.

Trae un solo video: un ORO.

Y con un extenso comentario previo, porque lo que vamos a ver vale la pena.

Cuando encuentro una charla de TED que no me parece genial, que está bien, sí, pero que no es deslumbrante, me genera cierta sensación de amargura: si no es genial, pero igual está en TED, me siento un poco estafado defraudado.

Entiendo que no todos pueden ser Ken Robinson, pero bueno, no lo puedo evitar, igual me siento estafado defraudado.

Parte del secreto del éxito de las conferencias de TED, estoy seguro, se encuentra en el formato: 18 minutos para contar una historia personal, que capte la esencia de un conocimiento específico, transformando una serie de anécdotas en un relato único, tiene grandes, enormes, inmensas (y se me acaban los adjetivos), posibilidades de generar un resultado atractivo.

La promesa de TED, implícita e inequívoca, es la siguiente: “vamos a escuchar lo mejor que puede darnos una persona en 18 minutos”.

Sin embargo, la comprobación empírica nos muestra que el asunto no funciona así. Se puede estar en TED y ser uno más, o por lo menos no ser genial, lo que me hace pensar en una pregunta que, de carambola, se responde en la charla de hoy: ¿qué condimentos hacen genial a una persona genial, en una determinada área de interés?

En esta oportunidad, la escritora Elizabeth Gilbert comparte sus vivencias sobre el proceso creativo luego de escribir “Eat Pray Love”, que fue un éxito de escala planetaria, y luego fue adaptado para cine.

No sé si fui del todo claro: no cuenta cómo escribió el libro, sino lo que le ocurrió después de escribirlo, investigando en relación a la creatividad. Y acá es dónde aborda, con una gran historia pero sobre todo con una sensibilidad que me sorprendió, la cuestión sobre qué es lo que vuelve creativa a una persona creativa.

Retoma el enfoque pre racionalista sobre la creatividad y lo trae a nuestros días: la creatividad no está en las personas, sino en entidades, llamadas Daemon (una suerte de genio creativo), que acompañan a las personas. Y con las que hay que conectarse. Es decir, los seres humanos utilizados como canales por los que puede fluir la creatividad si estamos en el estado correcto. Nuestra entidad (cada uno de nosotros tiene un Daemon asignado) se manifiesta a través de nuestra obra.

Es necesario hacer un esfuerzo de voluntad y dejar de lado el salto al vacío en el razonamiento para captar la belleza de la idea.

Gilbert, más o menos, está diciendo las ideas no son mías, sino que me “conecto” con ellas, lo que también implica que me puedo relajar y simplemente hacer mi trabajo. Mi mitad del trabajo.

Charly García ya había abordado el tema en una hermosa canción:

“♫ ♪ Yo sólo tengo esta pobre antena… ♫ ♪  que me transmite lo qué decir ♫ ♪”

Es el mismo concepto. Las ideas están ahí, afuera, en el aire, y yo solo soy un canal. Que tiene esta pobre antena, y es esta pobre antena la que me transmite lo qué decir. El señor García seguro que conoce a su Daemon.

Acá está el video de Charly, pero ojo, no es parte del videopodio, es una cita para ayudar a la comprensión de la idea. Estoy en todos los detalles. 🙂

¿Qué es lo que encontré de bello en la idea de que la creatividad fluya a través de la persona y no que la persona sea la creativa?

La posibilidad de moverse a uno mismo del centro de la escena.

Gilbert transmite una gran sensación de alivio. Y todo sin delegar la responsabilidad del trabajo duro. Esa es la combinación que llena de mística la idea. Hay que hacer el trabajo, sin pensar en el resultado.

Elizabeth (ya me siento en confianza) comienza la charla algo acelerada, como atolondrada, hasta que en un momento logra “conectar”, y conmueve a todos.

Hermosa y esotérica charla.

Con ejemplos exquisitos. Y no exagero. Si se distienden para escuchar la charla, los ejemplos son exquisitos.

De lo mejor de TED.

En donde el formato ayuda, es cierto, pero se vuelve genial cuando el speaker es genial, o logra una buena conexión con su Daemon, que en este caso vendría a ser lo mismo.

ORO

Hasta el próximo sábado.

Cuando se dice que el usuario es el Rey también se está diciendo que al Rey hay que entretenerlo. Que el Rey debe ocupar el centro de la escena: debe interactuar.

Esto implica que, en la actualidad, uno de los desafíos más grandes y más habituales de casi cualquier desarrollo comunicacional, es generar interacción.

Los espectadores pasivos que observaban fotos en revistas son de otra época. Ahora las fotos las producen los mismos que las suben a FB y además las evalúan en forma contundente: Me Gusta. Facebook es un pulpo que modifica hábitos en todos los soportes. Si no hay interacción (se trate de TV, radio o el canal que fuere), a la comunicación le falta algo.

El problema es que las interacciones genuinas -no los modales que se disfrazan de empáticos sino las que efectivamente logran ubicarse emocionalmente en el lugar del otro- son las más complicadas de lograr, en parte, porque la empatía necesita tiempo.

Empatizar implica descubrir el mundo emocional ajeno, y como las personas somos emocionalmente enmarañadas, deshacer ese intríngulis siempre requiere mucho tiempo. Ese mismo tiempo es el que no tiene la gente que desarrolla la comunicación de las marcas.

Desde mi perspectiva, bastante pesimista, es un callejón sin salida: la buena comunicación -la comunicación empática, dijimos- necesita tiempo de producción, de elaboración, de maduración, y ese tiempo nunca está disponible.

Fíjense en el siguiente video.

Se trata de un aviso que muestra una interacción de un iPad con una revista de papel. Es una gran producción, inteligente, vistosa, etc. Es un acierto llegar a una idea de este nivel.

Sin embargo, el aviso ni siquiera permite jugar, sino ver cómo el iPad hace lo suyo; o sea, nos entretiene un instante, y no mucho más. Qué quede claro que no es una crítica a la pieza, que me parece buena, pero la interactividad es tan forzada que no puede ir más allá de ser calificada como simpática. A favor podemos decir que genera cierta empatía con el usuario de iPad porque además de entretenerlo, lo hace sentir cool. Percibe ese registro emocional y lo explota.

Y como además, en gran parte, el iPad está concebido para entretener, más allá de que la interacción sea forzada, podemos conceder en que intenta lograr un poco de empatía.

Ahora presten atención a la siguiente señal.

“Si golpeás esta señal, vas a golpear aquel puente”

Más allá del diseño, más allá de la redacción, más allá de cualquier consideración dese la producción, en esencia, es una pieza extraordinaria. Logra que quien se enfrenta a ella sienta en el cuerpo lo que le está transmitiendo.

Para desarrollar una idea de este calibre, estoy seguro, se necesitó mucho tiempo. Hasta que alguien captó un mecanismo que permite conectar con el mundo emocional del conductor, que empatiza, y lo coloca, comunicacionalmente, en el centro de la escena.

Una masterpiece del género interactivo.

Fuente

Resulta que existe una larga tradición navideña en los países de habla inglesa que consiste en besarse debajo de un muérdago.

Mientras que el muérdago no se marchite, los hombres poseen el privilegio de besar a las mujeres. Pero cuando el muérdago sí se marchita, se terminan los privilegios, y ya los chicos no pueden besar más a las chicas. Así de machista es el mundo.

El siguiente experimento, basado en la tradición, es una trampa: dos jóvenes simulan ser encuestadores en un campus universitario, y en un momento determinado, llegan a la pregunta que da forma al experimento:

– “¿Besarías a alguien debajo de un muérdago, acorde a la tradición?”

Y ni bien responde, subrepticiamente, aparece un muérdago colgando, con lo que el encuestado cayó en la trampa: queda en situación de decidir si besa o no a uno de los dos integrantes de la -joven y desafiante- pareja de encuestadores.

Un gran material para ver reacciones espontáneas.

Creatividad de la buena: simple, directa, atractiva, interesante.

Pero además es una mezcla equilibrada de encanto y seducción, que lo transforman en un material adorable.

No sé, bah, a mí me gustó.

(Desde el pie del video se pueden cambiar los subtítulos)

Parece que fue ayer nomás que InternalComms dijo adiós.

Pero no. No fue ayer. Fue hace ocho meses. Y un poco parece que fue en otra vida.

La cuestión es que hoy, con alegría, comienza una nueva temporada del blog, la sexta, la Temporada 2013, en la que compartiremos los mismos temas de siempre:

Las personas. Las ideas. Las organizaciones. En ese orden.

Solo para ponernos al día, me voy a extender unas líneas.

En este tiempo si bien hice varias cosas, sobre todo me dediqué a trabajar y a leer, y a ver series.

Todo el tiempo que no escribí, lo dediqué a relanzar la consultora e incorporar conocimientos, y a ver series.

Muy poco glamour, fue todo esfuerzo penoso y, por momentos, angustiante, y por eso la necesidad imperiosa de ver series: para evadirme un poco.

Pero nada especial, creo que de alguna manera u otra, todos encontramos una forma de hacer lo mismo.

Hace ocho meses, cuando nos encontramos en este espacio por última vez, también les comenté que esperaba transformar InternalComms en un libro; bueno, ese proceso continúa. Al respecto solo quiero decir que escribir un libro es contactar en forma brutal con que el tiempo es un recurso escaso, sobre todo cuando uno se dedica a ver series.

En este tiempo también me di cuenta de algo que ya sabía, pero que no había asumido en profundidad; algo de lo que no tenía una conciencia clara sino que intuía de forma más o menos superficial: que las pausas son importantes, sí, pero más importante es planificarlas.

Confieso: yo estaba seguro de que no era así, de que las cosas funcionaban en continuado; siempre creí, íntimamente, que no había que detenerse nunca, que no era necesario parar para pensar. Error. Detenerse favorece la perspectiva, y la perspectiva favorece las decisiones certeras, plenas, satisfactorias.

Pero el asunto es un arte. No sé si en algún momento se llega a dominar ese delicado equilibrio entre el deseo genuino y la acción compulsiva.

No faltará oportunidad de que a través de algún post de autobombo descarado les cuente sobre algunos proyectos.

Para no hacer extenso el regreso y ya comenzar la conversación cotidiana, solo resta agregar que a lo largo del año probaremos algunas secciones nuevas, que se sumarán a las que ya conocen, y que en sintonía con lo expuesto, esta temporada del blog tendrá principio y final: comienza con este post y, si todo sale bien, terminará el viernes 13 de diciembre. Así de prolijo espero que sea el asunto.

Justo ocho meses después, y otra vez en tercera persona, así como ayer dijo adiós, hoy InternalComms dice hola, ¿cómo les va?

Todo parece augurar un 2013 lleno de arbitrariedad y contradicciones. 🙂 🙂 🙂

Extrañaba escribir.

Los extrañaba.

Martín

Pronto

Una nueva temporada de Internalcomms comienza.

Pronto.

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