May 2009

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Hace algunos años leí Pasiones de Celuloide, un gran libro sobre cine de José Pablo Feinmann.

Yo todavía no tenía blog y Feinmann todavía no había dicho su célebre frase “cualquier pelotudo tiene un bloc (sic)”. De hecho, cuando la dijo, yo recién comenzaba con el blog, con lo que no me sentí del todo aludido.

Me pareció un exceso de su parte, pero nada del otro mundo. Nada que me ofendiera. Más una mala idea que otra cosa.

Es triste, sobre todo para él, pero Feinmann escribió más de 20 libros entre ensayos y novelas, y se hizo famoso en Internet con un gesto poco feliz, en un pésimo negocio: insultando gente que utiliza herramientas sociales para multiplicar sus ideas.

Pero no hay que ser tan duro, ya lo atendieron periodistas, blogs y comentaristas. Y además, el que esté libre de pecados… eso. La causa ya prescribió.

Feinmann no sabe de Web 2.0 ni 1.0, ni de tolerancia. Pero sabe de escritura, de historia, de filosofía, de televisión, de cine (sabe mucho de cine). Sabe de papel también. Y el papel no es viral, es papel. Quiero decir que sabe más de formatos en los que hay que pagar para acceder al contenido, y es lógico que se enchinche contra los nuevos medios, y que piense que van en contra de sus intereses, aunque esto no sea cierto.

Volviendo a lo que nos interesa a nosotros, mucho antes del desliz en la web, Feinmann escribió un libro muy entretenido (en negrita, como le gusta al autor) para los amantes de Hollywood como yo, con un capítulo genial, que debería ser de lectura obligatoria en las escuelas de periodismo, cine, publicidad y en todas las carreras vinculadas a la comunicación: “El arte esquivo del guión cinematográfico“.

Lo que me gustó de ese capítulo fue la seriedad con la que escribió sobre el oficio de escribir. Las recomendaciones son buenas, pero mejor es que a Feinmann se le va la vida en eso. Escribe con pasión y lucidez. Tanta pasión como para luego cometer el ingenuo pecado de agarrárselas con toda la blogósfera de un saque por la misma cuestión.

En el pecado está la virtud.

Es más, creo que la twittósfera se salvó de la arremetida por el solo motivo de que Feinmann no debe saber de su existencia. Mejor así, imagínense lo que sería capaz de decir cuando le pregunten: – José Pablo, ¿usás Twitter?

Como sea, después del salto, está la transcripción del capítulo “El arte esquivo del guión cinematográfico”. Y en futuros post copiaré los capítulos “Cine y literatura” y “Palabras e imágenes”, los dos capítulos que siguen a este, y que sólo son una muestra del libro. Si algo de lo que leen les gusta o se entretienen, consíganlo más allá de la simpatía que tengan por Feinmann y sus ideas políticas o tecnológicas, no se van a arrepentir. 🙂

Solo resta agregar que, tal madre abnegada, todo esto lo hago por ustedes, y porque aquella lectura iniciática me abrió un mundo. El de la palabra previa a la imagen

“El arte esquivo del guión cinematográfico”, por José Pablo Feinmann

Durante los días 9 y 12 de diciembre de 1991 dije un par de cosas sobre el guión cinematográfico en el taller de Antonio Skármeta que funcione en el Instituto Goethe, Santiago de Chile. Para tal fin había sido invitado. También me reuní con algunos alumnos y leí sus trabajos.

Me pareció que era necesario no solo precisar la categoría, digamos, artística del guión, sino también abundar sobre los aspectos pragmáticos del oficio del guionista. El resultado fue muy parecido a lo que puede leerse en las líneas que siguen.

El abogado Larsen del film de Adolfo Aristarain Tiempo de Revancha gustaba definirse diciendo: “Soy un mercenario”. El guionista cinematográfico no es ajeno a esta definición: entre él y lo que escribe siempre está el dinero.

Al guionista lo contratan. Lo llama un productor y le dice: “Queremos una historia fuerte. Con pocos personajes. Con muchos interiores y nada de lluvia”. El guionista pregunta: “¿Para cuándo?”. El productor dice: “Queremos empezar a rodar en siete semanas”. El guionista hace su pregunta decisiva: “¿Cuánto hay para mí?”. Le dicen una cantidad que es -con impecable frecuencia- insuficiente y el guionista se pone a trabajar.

Tiene, como siempre, poco tiempo. Escribe pensando en el consjeo que Robert Towne (que escribió, por ejemplo, el guión de Barrio Chino , el film de Polanski) dio cierta vez para todos los guionistas. Dijo Towne que hicieran como el título de esa película de Woody Allen: Take the money and run. O más claramente, agarrá la guita y rajá. Esto, cuando te pagan.

Como vemos, al guionista no lo acorralan ciertas cuestiones que desvelan a los escritores. Preguntas como “¿Para quién escribo?, como “¿Escribo para mí o para los demás?”, como ¿”Es auténtica mi leteratura?”, como “¿Escribo de frente o de espaldas al mercado?”, no se las plantea el guionista. O ya se las ha planteado y las he resuelto. El guionista escribe para los demás. Escribe porque lo han contratado. Escribe para ganar dinero. Si a alguien se parece es al escritor de folletines.

Estábamos con Jorge Goldenberg en una reunión. Alguien se nos acerca y dice: “Los escritores siempre se juntan”. Goldenberg: “El escritor es él; yo soy un guionista”. Además de una gentileza, era una perfecta definición del guionista. El guionista es un escritor que no tiene obra. Lo que ha escrito se ha disuelto, con mayor o menor fortuna, en films que, por ejemplo, dicen: “Un film de José Bowles”.

El guionista no escribe literatura. O escribe una clase especial de literatura: una literatura en tránsito. Una literatura hipotética, esquiva, difícilmente definible, utópica. Una literatura que no existe en sí, sino que existe para que exista otra cosa. Para que exista un film del que -con abrumadora frecuencia- se apoderará el director.

Las relaciones entre el guionista y el director -cuando acomenten juntos la escritura del guión- son difíciles pero no imposibles. Cada uno, por ejemplo, suele desconfiar del otro anclado en su especificidad. El director se dice: “¿Por qué voy a confiar en alguien que nunca narró en imágenes, que nunca filmó?”. El guionista se dice: “¿Qué puede saber sobre las leyes del relato alguien que se ha pasado su vida apricionando imágenes?”.

En esta encrucijada es aconcejable que ceda el guionista. Para decirlo claramente, el guionista debe escribir el guión que el director podrá filmar.

Cuando trabaja solo, la suprema arrogancia de ser el autor del film suele asediar al guionista. Cuando escribe Corte a siente que tiene en sus manos el anhelado final cut. Asume aquí la arrogancia de ser no solo el director: sueña con un guión perfecto. Tan perfecto que tenga valor en sí mismo, que anule la necesidad de hacer el film.

Cierta vez, como olvidarlo, entregué un guión a un productor. Lo leyó y me dijo: “Es tan bueno que es una pena arruinarlo filmándolo”. La vanidad del guionista encuentra aquí su punto más elevado. Su guión es tan bueno que vale por si mismo. Por consiguiente: la innecesariedad de la realización del film sería el máximo logro de la vanidad del guionista.

El extremo opuesto de este pecado de soberbia está en la integración del guionista en el equipo del film. Un film es una empresa de muchas personas. Es una totalidad en la que todo tiene que ver con todo. Así, es aconsejable que el guionista sepa mucho de cine, y no solo de narrativa.

Es aconsejable que conozca cómo se filma una película. Qué hace el director de fotografía, el production designer y hasta la gente de utilería. Es aconsejable que cuando escribe Juan carga una valija sepa que no ha escrito eso impunemente, sino que la gente de utilería tendrá que conseguir una valija. Que si escribe Llueve habrá que conseguir agua.

Se suele decir que un guión se escribe más rápido que una neovela porque no presenta el problema del estilo. Es cierto. Un gerundio o una cacofonía no condenarán al guionista. Pero el lenguaje es decisivo para el guionista. Ante todo, un guión debe utilizar las palabras necesarias. Se escribe, en general, para los productores, y los productores tienen siempre poco tiempo, ya que viven consagrados a ganar el dinero que hará posibles las películas.

Un guión no debe tener indicaciones de movimiento de cámaras. Este es el guión técnico y lo escribe el director. Un adjetivo afortunado puede inducir a un actor a componer su personaje. Algunos (algunos de los 18 ó 20 alumnos que fueron seleccionados entre 250 postulantes) me encontraron demasiado pragmático. Otro dijeron: “Nos hacía falta este cable a tierra”.

Pero todos nos fuimos pensando que en nuestro fugaz encuentro habíamos aprendido algo más sobre el arte esquivo del guión de cine. (En fín, supongo que fue así).

Una nueva actualización de “Trompazos en la Red, ranking de blogs sobre dirección de personas, RRHH y ámbito laboral” confeccionado con gran dedicación por Carlos Martí.

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Luego del cambio de URL de Senior Manager -quien pasó al 4to lugar-, el primer puesto está en manos de otro de mis blogs favoritos: Yoriento.

Sin más, los primeros diez puestos:

1. Yoriento

2. Consultor artesano

3. Optima Infinito

4. Senior Manager

5. Marca Propia

6. Sueños de la razón

7. Personas y empresas

8. Blog de rrhh

9. Buscarempleo

10. El inconformista

Y por último, subiendo 12 lugares hasta ubicarse en el puesto 37, un blog que les recomiendo especialmente: InternalComms.

En su lugar, yo me suscribiría al feed o completaría el formulario que está a la derecha para recibir los post diarios por mail.

¡Qué buenos contenidos se pueden encontrar ahí!

Videos de Comunicación, Creatividad y Cultura Organizacional dispersos en la red.

BRONCE

 Si te enojás con tu jefe, creo que un razgo de madurez sería agarrártelas con su computadora.

PLATA

Lo único que detesto más que las bromas pesadas, son las bromas pesadas en el trabajo. Buen comercial de Twistos. Vía: Sitemarca.

ORO

Y para contrarrestar la mala onda, nada más cursi que la sonrisa de un niño. Es casi imposible no reirse al verlo.

BONUS TRACK

Uno de los virales de la semana: la relación con el cliente. Está en inglés, pero básicamente todas las situaciones son iguales: el cliente no quiere pagar, pero quiere consumir. Y se lo avisa antes al vendedor. Algunos tramos son muy divertidos

Las Intranets 1.0 ya no tienen razón de ser. El último bastión de la resistencia -enterarse qué había en el menú del día- ha sido derrotado. Porque el iPhone ya tiene una aplicación para sabér qué hay en el menú del día en las oficinas de Apple.

Es decir, sus empleados pueden abrir Safari (el navegador de internet, que en Windows se llama Internet Explorer) y si entran a menu.apple.com puede enterarse de lo que hay para almorzar.

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Aunque siendo riguroso no es sólo para empleados de Apple, sino para todos aquellos que deseen saber qué almuerzan los empleados de la manzanita (sí, aunque no lo crean, existe una tribu web que está interesada en cada detalle de Apple).

Entonces, les decía, se acerca el día en que no habrá más motivos para visitar una Intranet como se la conoce hasta hoy (1.0), más allá de los internos telefónicos. Y después sí, el abismo.

Quedan advertidos, la comunicación interna va camino a los celulares. Ya estoy ansioso.

Vía: Alt1040

Hace un tiempo en InternalComms compartimos una galería de jefes malévolos.

En esta oportunidad, dos muy buenas ilustraciones del Sr. Charles Montgomery Burns (Wikipedia), la imagen del jefe.

Click sobre las imágenes para verlas a tamaño completo.

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Vía: worth1000.com

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Vía: el portfolio de Tiago Hoisel

Update: recomiendo ver su blog también, es muy bueno. 

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La pregunta corresponde a una investigación de Gallup, la firma encuestadora de clase mundial, que desde hace tres años viene haciendo esta pregunta alrededor del planeta.

En una columna de Moisés Naím para el diario El País se pueden leer los siguientes datos:

“Si bien a nivel mundial la mayoría de los encuestados (66%) indica que desea tener más días como ayer, las respuestas positivas tienden a ser más frecuentes en los países más pobres. En América Latina el 75% de las repuestas son afirmativas mientras que en Europa el promedio es del 63%.”

“El 82% de los habitantes de El Salvador, por ejemplo, desean más días como ayer en contraste con el 53% de los alemanes o el 54% de los italianos. En Honduras (uno de los países más pobres del mundo) el 81% de los encuestados quieren repetir días como ayer mientras que en España los “sí” llegaron al 73% -mejor que el promedio europeo, pero peor que Honduras, México (81,5 %) o Colombia (75%).”

“El 69% de los chilenos contestaron afirmativamente mientras que el país con menor porcentaje de respuestas afirmativas (38%) fue Georgia (antes de la invasión rusa)”.

Si tú estás en el 20% de la población con mayores ingresos, la probabilidad de que respondas que sí deseas tener más días como ayer es sólo 17% mayor que la probabilidad de respuestas afirmativas que nos dieron quienes están en el 20% de la población con menores ingresos“, explica Gerver Torres, senior scientist de Gallup.

Las estadísticas son de fines del 2008… ¿pero qué cambió en el mundo en los últimos meses como para que las respuestas puedan ser otras?

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El mundo está lleno de gente inteligente, gente llena de ideas.

Y poniéndonos a filosofar, podemos decir que con las ideas pasa lo mismo que con las semillas: hay que cuidarlas y esperar a que maduren. Una idea genial es una semilla con potencial de árbol. Concretar una idea genial es el resultado de mucho tiempo de regar esa semilla.

Pero ocurre que muchas veces no tenemos tiempo de regar nuevas semillas. Porque estamos regando otras semillas que antes nos parecieron más importantes, o más desafiantes, o por el motivo que fuere.

¿Y entonces qué hacemos cuando aparece una nueva idea semilla? ¿La olvidamos? ¿¿¿La perdemos???

No. Una posiblidad de trasnformarla en una reflexión, ya que eso nos permitirá volver sobre ella.

Transcribo un consejo del libro Introducción a la Creatividad, de Eduardo Kastika, que me parece muy útil.

“Una idea comienza a cobrar vida cuando está escrita (…)

Escribir una idea es una señal. Una señal a nuestra mente de que lo que llegamos a escribir es más importante que el resto de las cosas que pensamos a cada segundo (…)

La recomendación es muy concreta: cuando se le ocurra una idea, escríbala. Regístrela de algún modo. No confíe en que la va a recordar, no piense que la idea todavía no está madura para volcarla al papel. Escríbala. Escríbala. Escríbala.”

Retomo. Una idea semilla puede ser transformada en una buena reflexión, y así no tener que abandonarla totalmente. Sobre las reflexiones -escritas, como dice Kastika- se puede volver a pensar. Y esto me pareció la idea de David Armano sobre la cultura corporativa y la diferenciación que realiza entre La cultura paraguas y La cultura tasas de cereales: una reflexión para volver a pensar.

Si bien al razonamiento para ser más certero le faltó incluir el factor rentabilidad (hablar de $$$ para hablar de decisiones que construyen cultura, la mirada comercial) no deja de ser una reflexión interesante.

A continuación está la traducción que realizó El Blog Salmón sobre la idea de Armano, y que también sirve de explicación al gráfico que abre el post.

La cultura del paraguas

Seguramente es la más típica. Se habla de ella cuando la empresa actúa como un paraguas para la gente que forma parte de ella. Es el escudo que protege del mundo exterior, a todo aquello importante dentro de la organización, de la climatología adversa o de las variables que difícilmente son controlables (si no hay control, no hay medida, y entra en juego la improvisación).

El paraguas hace referencia a una cultura protectora, lo que implica tener un acceso limitado a los cambios que sucedan fuera de la empresa, y en concreto, a como actúe la competencia. El paraguas, también implica seguridad, confort, facilidad, control del riesgo… Planteamiento válido para todo aquel que quiera desarrollar su carrera profesional bajo un único tejado.

La cultura del tazón de cereales

Si ahora quitamos el paraguas y su valor como protector, todos los miembros de la organización aparecerán expuestos a lo que suceda en el exterior, a tener un soporte sin tanto control como el anterior. Ahora estaremos en una situación parecida a la que ocurre por las mañanas durante el desayuno y frente a un tazón con leche y cereales.

Los ingredientes entrarán en contacto unos con otros entremezclándose, y no se podrán separar o diferenciarse, como hacía el paraguas, Esto, en realidad, lo que permite, es que en la empresa se conozcan otros usos o habilidades que de otra manera sería difícil conocer. E incluso, la misma empresa podrá ahora mostrar al exterior las cosas que hacen y los valores que defienden, para ver si son más o menos válidos (no se sabe si algo es bueno hasta que se compara con algo).

Se podría decir que el tazón es un paraguas dado la vuelta, que en vez de desviar la lluvia, la acumula en su base para hacer uso de ella.

“Los empleados ya son 2.0”.

 – Vía el post “¿Qué clase de empleados queremos?”

“.

Redondeo la frase: “Los empleados ya son 2.0, pero las organizaciones no”.

¿Y esto a qué se debe? ¿Por qué motivo la comunicación adentro de las empresas va TAN atrás con respecto a lo que ocurre con la comunicación en general y a las formas que adquieren las relaciones fuera del trabajo?

Que la web 2.0 no haya tomado por asalto la cultura organizacional, que no haya revolucionado a los departamentos de RRHH o a la comunicación interna, no se debe a una cuestión generacional o de adaptación. O a que el Management no entienda el fenómeno 2.0, o porque las empresas están llenas de dinosaurios.

No, solo es una cuestión de dinero. De lo contrario, el que no se hubiera adaptado, simplemente, hubiese desaparecido. Como pasó siempre, como va a serguir pasando.

Las empresas están diseñadas para ganar dinero. Mientras más dinero mejor. Y el dinero se gana seduciendo clientes. Mientras más clientes mejor. Y los empleados trabajan para que las empresas convenzan a esos clientes de sus bondades, en suma, de que les den su dinero. Todos los empleados, del primero al último. Mientras más empleados estén alineados con el negocio, mejor.

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Acá está el meollo del asunto: lo 2.0 y la rentabilidad pueden estar en veredas opuestas. Y digo bien: PUEDEN. Porque no lo sé. Nadie lo sabe. Mientras no haya pruebas concretas, mediciones reales o intuitivas de que lo 2.0 aporta al negocio, o sea, le hace ganar dinero a las empresas, el riesgo es demasiado alto.

¿Por qué todas las empresas se preocupan porque sus empleados estén comunicados e informados? Porque eso les hace ganar dinero. Punto. No hay nada más. No hacen falta mediciones. Si la información está disponible en tiempo y forma, y los proceso organizacionales se corren de la forma correcta, la empresa gana más dinero. O es más eficiente, que es ganar más dinero.

Mientras que la seducción es, casi siempre, una cuestión proactiva, de empatía, de interés, de voluntad si se quiere, el fenómeno 2.0 no es seducción (desde el punto de vista del usuario) sino libertad. La comunicación 2.0 es riesgosa para el negocio. Los usuarios 2.0 no se cuidan en sus formas, a menos, casualmente, que estén tratando de seducir. Y ese es el riesgo.

Regresando a la afirmación inicial, si bien no creo que todos los empleados sean 2.0, casi. Es muy probable que un Director de RRHH con más de 25 años de carrera y en lo más alto del organigrama, tenga perfil en Facebook, esté en Linkedin, y tal vez hasta haya escuchado a alguno de sus hijos hablar de Twitter.

Lo 2.0 es como la gravedad: aunque los usuarios no conozcan el nombre del fenómeno, el fenómeno funciona igual. No importa si la blogger de 95 años que falleció hace unos días sabía que lo que hacía se llamaba 2.0, ella igual bloggeaba, feliz, y es probable que el final de sus días la haya encontrada llena de “amigos” a los que no conocía.

En la comunicación 2.0 el usuario es el rey, el amo, el emperador supremo de ese universo. No se me ocurren más metáforas para graficar que lo que el usuario quiera hacer o decir, por más caprichoso o arbitrario que parezca, puede decirlo sin mucho fundamento. El anonimato es válido y las opiniones sin filtro son bien vistas. La web 2.0 es, digámoslo así, democrática. O digámoslo así mejor: la web 2.0 tiene algunos rasgos que cualquier democracia le envidiaría.

Por último, me gustó esta imagen que grafica la brecha digital entre los nativos digitales, y el resto de los mortales, y que encontré en el post “Los dos retos de RRHH ante la Web 2.0“.

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 (Click sobre la imagen para ver a mayor tamaño)

Si llegaron hasta acá, otro post en este mismo blog que les puede interesar es: “Facebook en las empresas, la vida se abre paso“.

A continuación una galería de CVs artísticos y creativos, que vendría a ser la segunda parte del post Creatividad aplicada al Currículum Vitae.

Vale la pena revisarlos aunque sea superficialmente para pensar si hay algo que actualizar en nuestro propio CV.

Algo que me gustó, en general, es la síntesis que implican. Por ejemplo, en el primero, de un golpe de vista, se pueden diferenciar logros, habilidades, intereses, entre otras cosas.

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Acá se pueden ver algunos CVs más.

Como InternalComms es un espacio basado en la creatividad, la innovación, la empatía y el respeto por el prójimo, tenía serias dudas si poner el siguiente video o no. Tenía como un principio de contradicción, que rápidamente pude superar.

Y así, mientras escribía estas mismas líneas, traté de buscar un costado positivo para comentar, como por ejemplo que el contenido de la pregunta apunta a cuidar el planeta, a la RSE, etc.

Pero no. La verdad es que solo se trata de un ejemplo práctico de por qué es necesario tener claro lo que queremos preguntar, antes de preguntarlo. Y sobre todo que casi me caigo de la silla de la mezcla entre ataque de risa y vergüenza ajena que me dio.

Esto pasa cuando uno intenta simular conocimiento. No sé si de esta forma, pero me ha pasado.

(Vía)

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