Las campañas internas, en general, son percibidas por los distintos públicos como la voz formal de la organización. Más allá del clima que se esté viviendo, más allá de acuerdos o desacuerdos entre las áreas, entre jefes y reportes, o entre el management, lo que una empresa publique en su red interna de medios -en sus canales-, será su voz formal.

En microclimas tan estrechos como los que propicia la vida organizacional, el desarrollo de una campaña de comunicación interna puede tener muchos errores, pero hay solo uno que los públicos internos no perdonan. Puede ser pobre desde la propuesta creativa, puede tener mala gráfica y hasta malos textos. Pero hay un detalle que no se puede pasar por alto: que la idea sea pretenciosa.
Y para hablar de este asunto, en la primera parte de este post, invocamos al espíritu del Capitán Jack Sparrow, el pirata sin imagen.
Encarnado con desenfado y glamour –sobre todo, glamour- por Johnny Deep, Sparrow es el protagonista de la saga Piratas del Caribe. La primera pregunta que surge al terminar de verla es, ¿por qué una película de piratas, que por momentos hasta se vuelve compleja, funcionó tan bien como para resistir tres secuelas? Si bien es difícil saberlo, existe una acción que contribuye de manera decisiva a su éxito: la construcción de la imagen de un pirata “sin imagen”.
El capitán Jack Sparrow es una idea simple, contundente, poderosa y llena de vida: un pirata sin imagen, que no gasta su energía en fingir grandeza, que todo lo que tiene y todo lo que es lo invierte en conseguir lo que busca, que prefiere el éxito al status y que está interesado en los fines y no en los medios, aunque eso signifique sacrificar la percepción que otros tienen de él, es decir, su imagen.

Para explicar cómo funciona la imagen limpia de pretensiones (a eso me refiero con “sin imagen”, a la falta de pretensiones) que fue diseñada para que Sparrow se salga con la suya en forma sistemática, hay una escena clave.












