“El encargado y la modelo” (#003)

“La redacción creativa”, un espacio para compartir cuentos o ensayos creativos.

Pocas veces tengo la certeza de total, el 100% de seguridad digamos, de haber utilizado el adjetivo preciso. Muchas veces me doy cuenta de que elegí uno correcto, pero no siempre preciso. Adjetivar es una tarea ardua. De las más complejas de la escritura. Y la precisión se logra con mucho esfuerzo, un gran talento o una mezcla de ambos.

Mientras más intenso es el adjetivo, el límite entre la exageración y la nada es muy delgado.

Por eso recuerdo con claridad el momento en el que inauguramos esta sección con el “atrapante” relato “Con-Fabulaciones“: pocas veces el adjetivo había estado mejor puesto. Era un relato, sin dudas, atrapante.

Con alegría les dejo otro relato de la misma y vertiginosa pluma, aunque esta vez intenta empujar los límites del absurdo, con diálogos de telenovela. Pero vean ustedes, no opino más.

Sin más, en esta tercera entrega de “La redacción creativa” estoy casi orgulloso de presentar en exclusiva para Internalcomms: “El encargado y la modelo”, por Jerónimo Vergani.

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“Recuerdo bien la primera vez que vi tu cabeza atravesar la puerta porque la mía dejó de funcionar”.

Los ascensores siempre me dieron curiosidad, ¿dónde los construyen?, ¿cómo los meten en los agujeros de los edificios?, ¿hacen primero el ascensor y luego todo el edificio alrededor?, ¿dónde se estudia para técnico de ascensor?

En fin, hay muchas cosas que decir al respecto, sobre todo si se está al pedo. Conozco muchos casos sobre ascensores, pero ninguno como el de la calle Arribeños al 2100.

Cuenta la historia, esta historia, que en aquel edificio hay dos ascensores con una cualidad muy especial. Ocurre que cada vez que dos personas suben al mismo tiempo a cada uno de los ascensores y marcan el mismo piso, por arte de no se qué, su destino se une desde ahí y para siempre, hasta que la muerte los separe.

Más de 300 parejas se han formado gracias a los ascensores de la calle Arribeños y ninguno de los involucrados jamás sospechó la causa de su enamoramiento. No es algo que se suela cuestionar.

Se han enamorado personas del mismo sexo, que hasta el día de subir a estos ascensores han sido completamente heterosexuales. Me dirán que es imposible, me dirán ¿y qué pasa con los niños y los ancianos?, y la verdad es que no sé, el amor es así o esta historia hace agua por todos lados, pero sigan leyendo, mejora.

Como les decía, nadie conocía el secreto de los ascensores, excepto la persona que sabe todo en un edificio, Ángel, el encargado.

Un tipo solitario, que no pretendía enamorar a nadie, se sentía bien acompañado con sus objetos personales, con su ambo “Rubén”, su balde “Carlos”, su trapo de piso “Pepe” y su escoba “Mara”,  porque a Ángel le gustaba ponerle nombre a las cosas, era así, medio boludo.

Ángel conocía a la perfección el mecanismo de los ascensores pero nunca quiso experimentarlo. Nunca, hasta que Yanina, una modelo de la agencia Dotto, se mudó al edificio. Imagínensela como quieran , yo elijo a Ingrid Grudke.

El primer encuentro entre Ángel y Yanina no fue muy afortunado. Básicamente él le estuvo mirando el culo nueve minutos ininterrumpidos mientras ella hablaba por su celular en la puerta del edificio. Allí Angel sintió un deseo incontrolable, un fuego interno, eso que llaman “amor”.

Sin embargo no eran muchas las posibilidades que tenia Ángel de conquistar una modelo, no solo por sus diferencias socio-económicas y culturales, tampoco ayudaban sus condiciones físicas.

Ángel era un poco gordo, bastante cabezón,  y sin gracia para casi nada. No se destacaba por su inteligencia y no era muy capaz en los deportes. Tenía al menos algo de suerte en el azar, una vez apostó al 23 en la Quiniela, salió el 19, cerca.

Angel no podía acercarse a Yanina. Ella era realmente una belleza y eso a veces intimida a los hombres, no a mi, claro. Me dirán, ¿por qué no usó el hechizo de los ascensores?, resulta que Yanina vivía en la planta baja y no habituaba ir a la terraza, porque no había terraza.

Pasaron años sin que Angel se animara a nada con Yanina. Estaba realmente angustiado, y un día, llegando a la desesperación (la estancia donde había nacido, a 300km de Olavarría) se le ocurrió una excusa para hacer la prueba del ascensor.

Pensó en algo bastante simple:

– Señorita, le quiero pedir un favor.

– Dígame Ángel.

– Ángel.

– No, dígame el favor Ángel.

– Ah! Si, es muy simple. Resulta que mañana vienen de la Municipalidad a controlar los ascensores, y tengo que ver que funcionen ambos al mismo tiempo.

Digamos que ella era bastante ingenua, por no decir autodidacta (que no tendría mucho sentido).

– Bueno, ¿en qué lo puedo ayudar?

– Necesito que entre a uno de los ascensores y toque un piso, cualquiera. Yo haré lo mismo en el otro.

– Esta bien Ángel.

Yanina subió al ascensor izquierdo y  Angel al izquierdo (si, ambos ascensores eran del lado izquierdo, era así el edificio, medio comunista).

Ella abrió la puerta en el quinto piso, él tuvo otra vez algo de suerte, eligió el sexto, cerca. Desconsolado, bajó un piso por las escaleras y encontró su amor imposible incrédula.

– Yanina, debo confesarle algo -dijo él. Ella solo lo miró.

– Hice todo esto porque quise que usted se enamore de mí.

– Ángel, qué manera rara de seducir a una mujer.

– Nunca me entenderá, pero mejor dejémoslo así.

– No, espere Ángel, yo también tengo algo que confesarle.

Ahora él quedó incrédulo mirando al techo, sobre todo porque notó una gran telaraña en el tubo de luz.

– Usted también me atrae. En todos estos años trabajando en la farándula he perdido el interés por los hombres, siempre estuve rodeada de tipos con grandes autos, famosos artistas e importadores de telgopor. Todos me parecían iguales, hasta que usted apareció en mi vida. Nunca antes había conocido a alguien tan auténtico, tan real y tan romántico.

– Señorita no sé qué decirle.

– No me diga nada Angel, béseme.

Y se besaron, al mejor estilo Arnaldo André-Luisa Kuliok (no se qué estilo es ese, nunca vi sus novelas, pero suena bien). Y fueron felices y no comieron perdices, a ella le caen mal.

En fin, esa es la breve historia de Angel y Yanina. El, un hombre afortunado que logró conquistar una hermosa mujer con su aspecto de sucio, sus manos gruesas como racimo de morcillas y  su mirada desorbitada como paquistaní en medio de la cancha de Almagro.Así era él.

Ella, una solitaria mujer del mundo del espectáculo cansada de los viajes y la buena vida que encontró en un hombre común el amor de su vida. Así era ella.

Así eran ellos. Así es esta historia. Así.

Fin

Por casualidad, ¿alguien sabe en qué piso vive Ingrid Grudke?


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Disclaimer:

La imagen la encontré en matiascb.tumblr.com mientras que la traducción, de dudosa factura, corrió por cuenta de la casa. Si alguien tiene una opción mejor, me avisa y actualizo.

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  1. Martín Fernández’s avatar

    InternalComms · “El encargado y la modelo” (#003) http://bit.ly/1aXgUp

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  2. P.Cortes’s avatar

    Esta bien jodido enamorarse.Amen.

    Reply

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Martín Enrique Fernández

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En este espacio escribo sobre las personas que generan corrientes de pensamiento en algún campo en particular, sobre ideas y herramientas de comunicación interna y sobre el proceso de cambio cultural permanente en el que se encuentran las organizaciones. Las personas. Las ideas. Las organizaciones. En ese orden.

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Presido la consultora especializada en Cultura de HSE, Antropología Corporativa y Comunicación Interna, Whycomm S.A.
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