Sin querer queriendo, como decía el Chavo, encontré una charla de TED que me impactó.

Hacía rato que no encontraba charlas impactantes.

Sí interesantes.

Sí entretenidas.

Sí divertidas.

Pero no impactantes, que en este caso sería una mezcla de todo lo anterior.

La charla trata sobre la imagen personal, y la speaker es una modelo llamada Cameron Russell.

El título: “Looks aren’t everything. Believe me, I’m a model.”

Nada de esto es lo impactante, ya que hay muchas personas que saben mucho sobre imagen (como Carmine Gallo, en este link hablando de vender una idea, que es un universo muy cercano al de la imagen personal).

Lo diferente -lo impactante, para no cambiar de adjetivo-, lo que la hace interesante, es cómo va construyendo la historia desde la dualidad “seguridad extena vs. inseguridad interna”.

No impacta porque diga genialidades.

O porque tenga reflexiones personales. Todas las charlas de TED las tienen.

Lo que impacta es que todo lo que dice es verdad.

Y no verdad en el sentido de una verdad última, o una máxima de vida.

Sino que es su propia, profunda y visceral verdad.

Logró conectar con algo que aprendió de la vida.

Sacó una conclusión íntima y a la vez cotidiana. Y la cuenta de forma entre sensible y divertida.

No es una gran narradora, está un poco nerviosa y cada tanto se ríe con cierta torpeza y resopla en el micrófono.

Pero nada de lo que dice se lo enseñó nadie. Todo lo que cuenta lo aprendió solita.

Y, apostaría, lo debe haber aprendido un poco a los golpes.

La charla está llena de vida. Y de contradicciones, que Russell hace evidentes.

Creo que por eso el post.

Lo genial que tienen las bromas en ascensores es que son mini experimentos con humanos.

El entorno es tan controlado, que son experimentos sin riesgo, pero extremadamente divertidos.

Experimentos con personas, sí, pero lo hermoso es que logran un climax que desnuda todos nuestros temores, contradicciones y fantasías. Ya estoy tratando de convencer a un amigo hacer lo mismo que van a ver en el video.

Miren:

Pero a la vez, son experimentos que muestran los muros invisibles que genera la cultura.

Transcribo un párrafo del genial libro de Malcolm Gladwell, Outliers, en el que da cuenta de la ya mítica investigación de Geert Hofstede:

“(…) cada individuo tiene su propia personalidad, pero que esta personalidad está revestida por una serie de tendencias, asunciones y reflejos que nos han llegado de la historia de la comunidad en la que crecimos. Y esas diferencias son extraordinariamente específicas (…) Nuestra capacidad de tener éxito en lo que hacemos está poderosamente relacionado con el lugar de donde somos.”

El contexto influye en nuestras interacciones, eso parece estar claro.

Miren este otro experimento que en los años 50, el psicólogo estadounidense Solomon Asch realizó sobre la Conformidad (nota entre paréntesis: QUE INTERESANTE ESTUDIAR LA CONFORMIDAD, me vuelvo loco de envidia); sigamos, estos experimentos apuntan a demostrar que las personas somos capaces de cambiar nuestras respuestas en función de lo que hacen los otros.

Estos divertidos experimentos (que fueron televisados y mostraban el poder del grupo sobre las personas) apuntaban a mostrar que cuando estamos rodeados de otros tendemos a seguir el comportamiento del grupo y a eliminar nuestra individualidad.

Por último, presten atención a la locución. Tiene tanta alegría de narrar lo que está viendo, que hace que el video sea genial. No puede ocultar la maldad.

Buen lunes y buena semana.

El blog está en stand by, frizado digamos. No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta.

Y por el momento -creo- eso no va a cambiar.

Ojo que no lo digo con orgullo, sino con cierta tristeza.

:______(

(En realidad, más que tristeza es lejana melancolía. No conozco emoticón para “lejana melancolía”, si no lo pondría)

Como sea, cada tanto, cuando encuentro algún material que me hace pensar “¡Es para InternalComms!”, lo guardo para “cuando tenga tiempo”.

En general, esas cosas que guardo, entran en el arbitrario género de “Instrucciones para la vida”, que junto con las bromas en ascensores y los chirimbolos inútiles para el escritorio siguen siendo una debilidad.

¿Se acuerdan de “El manual de la buena esposa“, de 1945?

Bueno, lo que encontré ahora es  “Cómo besar a una chica”, material de 1916. Que si bien es un aviso de una marca de chicles, narra con precisión el clima de época.

Lo que más me gustó es la seguridad y el tono de maestro siruela utilizado para dar las indicaciones.

Eso es todo por ahora, y como dicen los gringos, nos vemos cuando nos vemos.

Cada tanto alguien dice algo genial.

Pero ocurre cada tanto, no es cosa de todos los días.

Y eso tiene una explicación: se trata en general de ideas profundas y a la vez simples.

Simpleza y profundidad son dos atributos que cuando se combinan -muy de vez en cuando- producen eso que en términos absolutos, si es que tal cosa existe, vamos a llamar “lo verdadero”.

Para ilustrar el asunto recuerdo a un amigo de mi viejo que había vuelto del exilio y que por ende hablaba con la impunidad de los exiliados: con esa combinación intensa en la que se mezcla, por un lado, la prisión interna que imponen cierto resentimiento y cierto dolor, y por otro, la libertad de espíritu de poder decir lo que sentís sin que te importe mucho el qué dirán y sin la necesidad de medir las palabras.

Con la soltura del que está seguro de que la vida le debe algo, repetía una imagen genial:

.

- “A mí el único que me levanta el dedo es San Martín”.

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Y ahora, visto a la distancia, creo que era genial porque se acercaba a lo verdadero: San Martín levanta el dedo en todas las estatuas. Y él no iba a permitir, después de haber sufrido el exilio, después de sentirse perseguido durante tanto tiempo, que ya nadie más le “levantara” el dedo para explicarle nada.

La vida le debía algo, y él iba a cobrárselo.

Lo verdadero, en este caso, no era ese lugar interno desde el que revelaba su verdad, ese cinismo que lo llevaba a decir lo que decía, sino el fondo de la cuestión: no deberíamos permitir que nunca nadie nos levantara el dedo para imponernos sus ideas. Debíamos pensar por nosotros mismos. Sacar nuestras propias conclusiones.

La imagen de San Martín le daba el toque a la idea, era la nota de color que la hacía entre bella y divertida. Él había llegado a esa verdad simple y profunda desde el dolor, pero eso no era lo determinante para mí, sino la verdad en sí: cada uno debía pensar por su cuenta.

El primer post del año es para compartir un texto que, en un mundo que parece estar construido en base a imágenes artificiales, se acerca a lo verdadero.

Y que por eso es una rareza.

Y a la vez una belleza.

…–…

LOS SOLDADOS HABLAN CORTO, por Silvina Giganti

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Sé que la sabiduría consiste en no perder la calma aunque no se te dé nada.

Que a las figuras que alcanzaron el nirvana las vi sólo en esculturas de porcelana.

Que ansiar es de humano y a respirar se aprende.

Que la respiración clavicular viene cuando estás colapsado, y la abdominal oxigena la sangre.

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Sé que es más fácil pertenecerse a uno mismo, decían los hombres del Renacimiento.

Los que foguearon la narrativa de la anatomía y diseñaban aeroplanos mientras escapaban de la peste.

Los que sublimaban la pasión pintando retablos para iglesias.

Y que seguimos mirando como cobayos sus obras maestras.

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Sé que no hay nada más transformador que el amor. Es como experimentar que el mundo se arregla.

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Sé que entrenar es más que mantenerse en movimiento: es hacerse cargo del propio cuerpo. Sé que el cuerpo no es la cárcel del alma, sino el motor de la vida. Sé que somos nosotros y nuestras endorfinas.

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Sé que en las películas de guerra los diálogos son trascendentes. Los soldados hablan corto e importante porque cuando la vida puede perderse no se habla de más como en una de Woody Allen.

(…)

Pueden leerlo completo en el sitio original.

| Videpodio S06E23 |

Uno de los problemas que tienen las cosas que nos hacen reír es que, además de hacernos reír, nos dejan en evidencia, quedamos expuestos, casi indefensos ante la mirada ajena. Porque sobre todo y antes que ninguna otra cosa, las cosas de las que nos reímos hablan de nosotros mismos.

Piensen en situaciones que les causen gracia, y después piensen en ustedes mismos riéndose de esas situaciones. Alejen la cámara. Mírense desde afuera, riéndose de algo, de lo que sea. Eso de lo que se ríen, íntimamente, en el fondo de su corazón -eso y no otra cosa-, eso es lo que son. Lo que somos. Es una verdad tan cierta que si la buscan seguro que está en la biblia: somos las cosas que nos causan gracia.

Hay mil ejemplos.

Pensemos en el que se ríe de una anciana que se tropieza en la calle. Se ríe porque eso es lo que es: un sor*te. O una parte de él, para no ser dramáticos.

O tomemos por caso a cualquier adolescente, que son ejemplos más livianos.

¿Por qué los adolescentes se ríen de pavadas? Porque, básicamente, son pavos.

Ni más ni menos. Sin juicio moral sobre la adolescencia. Todos fuimos adolescentes. Todos nos reímos de pavadas. Todos fuimos pavos.

Pero después crecimos.

Y cuando crecemos desarrollamos una cantidad infinita de prejuicios con el humor (y con todo en general, pero en el humos se acentúan).

Porque, en nuestro fuero interno, sabemos que eso de lo que nos vamos a reír, va a mostrarnos algo de nosotros mismos.

Y también se lo va a mostrar a los demás.

Y muchas veces eso que vemos es algo que preferiríamos no ser. Cuando la distancia es grande, cuando lo que creemos que somos y lo que nos causa gracia, son percepciones que están demasiado lejos, se invierten los mejores esfuerzos en reprimir la risa. Un negocio horrible.

Toda esta explicación es para justificar que cuando vi el siguiente comercial de Sidra Real pensé que me iba a desmayar del ataque de risa que me dio.

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ORO

Ahora que ya vieron el comercial, un análisis comunicacional de algunos insight que me gustaron.

1. La cara del pibe.

Está seguro de lo que dice. Lo cree. En su fuero interno quiere cambiar. Quiere no hacerse mala sangre. Como si el cambio simplemente ocurriera porque en una cena nos proponemos algo. Como si la emoción no fuera un estallido que nos invade; como si no fuera un proceso que requiere un profundo ejercicio de reflexión. Como si sin el conocimiento profundo de los motivos de nuestra conducta pudiéramos cambiar nuestro comportamiento.

Es autoayuda o psicología básica, pero además es verdad: para cambiar, primero hay que entender. El autoconocimiento debería ser materia obligatoria desde primer grado, cosa que nos da paso al punto dos.

2. Los estallidos.

El primero jugando al fútbol, el segundo en el tránsito y el tercero hablando con una máquina. Son tan geniales las frases que no puedo más. Se enoja, pero además se enoja con ironía. Le sale de las tripas. Cuando grita “¡¡¡DESDE MARZO QUE ESTOY SOLO!!!” esa mezcla de enojo e ironía, tiene que ser real. Esas frase existen. O si no vean de nuevo la del teléfono, ¿prestaron atención al texto?: “¿¿¿QUE TENGO QUE HACER PARA HABLAR CON UN SER HUMANO???” Hay tanta verdad en esa frase que, para mi gusto, lo vuelve irresistible.

Pero bueno, ya vieron cómo es el humor, eso habla de mí.

— .. —

Si bien podría haber concluido acá nomás, completo el videopodio con toda la campaña de Sidra Real.

PLATA

El segundo lugar también es un gran aviso. Los textos son geniales.

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BRONCE

Le faltó realismo, creo. Se aprecia en la comparación con los otros dos.

Hasta el próximo Videopodio.

En las organizaciones hay una salida elegante para todo conflicto: aducir problemas de comunicación.

Es una forma efectiva de calmar los ánimos y hacer borrón y cuenta nueva, sin que la sangre llegue al río.

Igual siempre alguien queda resentido, pero por lo menos se avanza.

Todos miran un poco para otro lado, acordamos con resoplidos entre cómplices e indignados que se trató de “un error de comunicación”.

Y pasamos de pantalla.

Sin embargo, desde hace un tiempo, el tema escaló un nivel en cuanto a complejidad y sofisticación.

Ahora la culpa es de la cultura.

Es menos burdo. Parece menos burdo, en realidad, pero no estoy tan seguro que lo sea.

¿Tu jefe es un salvaje? Es cultural.

¿Las reuniones son poco eficientes? Es cultural.

¿La gente de RRHH es ineficiente? ES CULTURAL.

Para no hacer más largo el asunto, les dejo una viñeta que cuenta un poco cómo se resuelven los conflictos en las diferentes culturas, y que tienen cierto correlato (cierto, no todo, pero sí cierto) con organizaciones de los orígenes señalados.

Y así, como quien no quiere la cosa, cerramos la semana con un ejercicio de observación al paso, muy pero muy fácil.

¿Qué le falta a esta escena tan sensual?

Comments off por un rato.

El nuevo comercial de camiones de Volvo tiene como protagonista a la estrella Hollywoodense de películas de artes marciales Jean Claude Van Damme.

La pieza es muy buena, y me hizo acordar a un tecnicismo para construir una campaña: diferenciar la PUC (propuesta única a comunicar) de la idea. La eterna dificultad de definir beneficios y atributos antes de comenzar a producir ideas.

El asunto, en forma simple y resumida, funciona así: a una única “propuesta única a comunicar” pueden corresponderle infinitas ideas (bueno, no sé si infinitas, pero sí muchas, es para remarcar la diferencia entre concepto y ejecución). La PUC es un nivel de abstracción superior, y por eso mismo, más difícil de definir o sintetizar.

En la pieza que van a ver a continuación, está clarísimo todo este asunto de PUC vs. idea; de concepto vs. ejecución.

Conceptualmente (PUC) había que transmitir estabilidad. Y para eso lo llamaron a Van Damme, que logró personificar la estabilidad con su marca registrada (idea).

Me pareció todo un gran acierto.

La emoción me invade.

Voy a llorar.

¿En qué momento de mi vida dejé de admirar lo bello para valorar lo útil?

Miren esta horrible taza para “ensopar” una galleta (¡qué palabrita ensopar!… mejor avancemos), que sin embargo me parece irresistible.

Es más, si encuentro una de estas tazas pero con forma media luna estaría en condiciones de afirmar que es el invento del siglo. Casi a este nivel.

Pero la emoción no es solo por la taza, sino por todo este post lleno de inventos por el estilo, sobre todo gastronómicos.

Par finalizar, solo una palabra: belleza FUNCIONALIDAD, quiero decir.

La década que comienza cuando cumplimos 30 y llega hasta el ritual de los 40 tiene una energía bien diferente a la que va de los 20 a los 30.

A partir de los 30 la energía que manejamos está más concentrada.

Es un poco más sutil.

El corazón está menos arremolinado.

O mejor dicho: se arremolina con más prudencia.

Cambian los miedos.

Y las ilusiones.

Que se mantienen, sí, pero son de otro orden.

Como sea, Josefina Licitra describe la década de los 30 en un texto breve e intenso.

Lo hace a la vez con profundidad y simpleza.

Todos atributos difíciles de combinar.

Por eso la columna me resultó genial.

Va un párrafo:

“La década del treinta es inolvidable –por alguna razón, jamás me sentí tan poderosa como ahora- pero es también dura. Si a los veinte somos médiums –y encarnamos el mandato familiar que pide básicamente dos cosas: que estudiemos y que no nos emborrachemos tanto- a los treinta empezamos a enfrentarnos a las demandas propias y –esto es lo duro- a la obligación de dejar de ser una “promesa” para empezar a transformarnos en aquello que alguna vez quisimos ser.”

Por supuesto les recomiendo leer el artículo completo titulado La década honesta.

Necesito una palabra

Hace ya unos días que tenía ganas de volver a escribir, pero no sabía bien sobre qué.

No se me ocurría nada en particular.

Solo sentía, vagamente, el deseo de retomar una práctica que extrañaba.

Y como tampoco conozco una palabra justa que describa esa sensación, la de retomar un hábito placentero, creo que eso mismo, el hecho de no poder ponerlo en palabras, tampoco me ayudaba a clarificar la sensación de tener ganas de volver a escribir.

Todo muy circular.

Como si lo que no pudiésemos poner en palabras, no pudiésemos concretarlo.

Ya ha escrito mucha gente al respecto; es un concepto mitad autoayuda, mitad planificación estratégica.

La cuestión es que con esa inquietud interna, no del todo consciente, la de “retomar un… etc”, esa que no tiene una palabra específica para hablar de ella, encontré este post genial, con once palabras propias de diferentes países que no se pueden traducir a otras culturas.

Por ejemplo, en japonés existe una palabra, KOMOREBI, para describir la luz del sol que se filtra entre las hojas de los árboles. ¿No es hermoso?

Y otra que me gustó, JAYUS, una palabra del indonés, que describe la risa con el fin de atemperar una broma tan mal contada que no causa nada de gracia.

¿No es un concepto todavía más hermoso que el anterior?

No entiendo cómo no se me ocurrió a mí con lo que me gusta reírme de los demás.

Hay varias palabras más, todas muy lindas, y hasta pueden encontrar una de habla hispana. Para saber cuál es pueden ir al link original, así esto no se hace tan largo.

Porque este post es solo una excusa para escribir algo. Para retomar un lugar interno.

Así que ya saben: si encuentran una palabra que describa la sensación de retomar un hábito placentero abandonado, me avisan.

Vía: @PNLArg

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