Miren qué logrado el siguiente texto sobre la musicalidad de la escritura.

Acá pueden leer algo más sobre el autor.

Hace algunos años Ken Robinson rompió internet.

En 18 bellísimos minutos, con su su charla “Las escuelas están matando la creatividad”, nos hizo llorar a todos y se transformó en una celebridad de la web. Si no la vieron, acá está. Es la charla más vista en la historia de TED.

No hace tanto tiempo me enteré que tenía una segunda charla, que no tuvo el mismo impacto que la primera, pero que tiene algunas ideas muy interesantes.

Habla de una crisis de recursos humanos y de que es necesario crear el contexto para que las personas desarrollen su talento. Pero sobre todo, lo hace con mucho sentido del humor.

Es otra oportunidad de ver a un increíble speaker.

Las teorías sobre comunicación no le interesan a nadie, y mucho menos a los comunicadores.

Es porque en la teoría desaparcen las personas.

En la conceptualización no encontramos al otro. Teorizar es metacomunicar, es decir, hablar de comunicación en vez de comunicarnos.

Y si no está el otro, el mundo se vuelve gris.

Podría terminar acá, la catársis está hecha.

Sin embargo, vamos al motivo del post, que es compartir una investigación que me gustó sobre uno de los tópicos por excelencia del análisis teórico de la comunicación, la cuestión del medio y el mensaje.

Las conclusiones que presenta en formato artículo me parecieron refrescantes. Esa es la palabra justa: refrescante.

Me permitieron terminar de actualizar internamente algunas ideas alrededor del tema:

En los hábitos de informarse que dominaron el siglo pasado, el peso de los medios era fuerte: no le decían a la gente qué pensar pero sí sobre qué pensar. Hoy el consumo noticioso es “incidental”: el acceso a la información deja de ser una actividad independiente y pasa a ser parte de la sociabilidad en las redes. Los jóvenes no usan los medios sino que viven en ambientes digitales donde no hay contextos ni jerarquías sino retazos de historias y opiniones que son escaneadas y, con mucha suerte, leídas.

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El artículo me resultó interesante porque conecta con la realidad que analiza. Las críticas que leí en los comentarios apuntan a que los casos indagados son pocos y las conclusiones demasiado amplias. Sin embargo, la investigación a la que refiere metodológicamente es correcta, ya que se trata de técnicas cualitativas.

No es tanto por lo novedoso que hay que prestar atención, sino por cómo están presentados los conceptos y las categorías de análisis. Vale la pena leerla y reflexionar un rato. Y en el fondo nos sirve como excusa para hablar de conexión, no de comunicación.

“Yo amo la comunicación”

O el periodismo, o la comunicación interna, o la disciplina que sea. Es una frase que muchos dijimos en el inicio de nuestras carreras. Pero que tenía, y tiene, un claro error de autopercepción.

Cuando hoy escucho a los estudiantes amantes de la comunicación (en general son jóvenes e idealistas), me dan ganas de decirles:

- Yo, maestrosirueleando:

- La comunicación no le interesa a nadie, ¡lo que importa es conectar!

Pero por supuesto nunca digo nada, ya que la soberbia se manifiesta en formas misteriosas y solapadas… :)

Quienes trabajamos en comunicación, en cualquiera de sus formas -redactores, consultores, guionistas, periodistas, locutores, publicistas, capacitadores y todas las combinaciones posibles- todos compartimos una misma búsqueda y un mismo anhelo: conectar con el otro.

Usamos la palabra comunicar porque es la que tenemos a mano. Pero no nos interesan las formas, ni los medios, ni la calidad de los mensajes, ni nada de lo que profesionalmente es necesario. Nos interesa generar algo en alguien más, y que ese alguien nos retroalimente de alguna forma.

Y a eso vamos a decirle conexión, y no comunicación. Lo que nos interesa es conectar.

Sin embargo, cuando la comunicación se vuelve profesional, se produce un fenómeno curioso: desaparece la búsqueda de conectar con ese otro, de establecer vínculos genuinos; las diferentes profesiones comunicacionales se vinculan con su “target” en forma lejana: lo “interpretan”, lo “brifean”, lo “interpelan”, “diseña mensajes” y “mecanismos de escucha activa”. La cuestión de la conexión pasa a segundo plano. Sale del centro de la escena.

La comunicación profesional muchas veces se olvida de que el deseo incial lo incluia al otro en una forma más genuina que la búsqueda lineal de impactarlo con un mensaje.

En ese sentido, los artistas -pintores, actores, escritores, músicos, dramaturgos- se dieron cuenta antes. Y su búsqueda es más lineal. Para ellos, el “otro”, el público, el espectador, es todo. No hay arte sin público. La mirada del otro los constituye, les da forma. Las artes, dicho así, en general, son mas asumidas en su búsqueda. Quieren percibir al otro, porque es con ese otro dónde se produce la magia de la conexión. Por eso es tan frecuente el caso de comunicadores que se vuelcan a espacios donde la comunicación es más directa, como el teatro o la literatura.

Algo similar ocurre con el tipo de vínculo que mantienen con su trabajo quienes hacen radio. Nadie, simplemente, hace radio. Todos “están enamorados de la radio”. Incluso quienes no hicieron, quieren hacer. Cuando se habla del tema el volumen siempre está alto. Creo que esto se debe a que la conexión con el otro se experimenta con más fuerza en ese medio. La radio nunca se se trata solo de comunicar, sino de conectar.

También hay algo de esto en el fenómeno de mujeres que abandonan carreras prometedoras cuando tienen su primer hijo. Y, en parte (más allá de la dificultad que les plantea el mercado laboral para cumplir ambos roles), también es porque la búsqueda de la conexión cambió de formato. Por un tiempo, el asunto de intercambiar con el otro ya está resuelto. :)

El artículo me gustó porque aborda el tema de la conexión en forma precisa. Por lo menos en su idea central: cambió el vínculo con los medios. Cambio la forma en la que las personas nos relacionamos íntimamente con la información, y cómo la compartimos.

Y para quienes gestionan la cultura organizacional, en muchos casos con herramientas comunicacionales, esto es central. Lo de siempre: entender para gestionar.

Como sea, ya saben. Ni medios ni mensajes, conexión.

Porque quizás en este vínculo con el otro se esconda el misterio de la comunicación.

Sin conexión, hablar de comunicación es un fracaso.

Hace un tiempo que tenía ganas de volver a escribir en InternalComms.

Pero también tenía la sensación de “dedos oxidados” para el estilo liviano de este blog, y eso no me alentaba demasiado.

Aunque el punto central era otro: reencontrarme con el tono blog es un poco reencontrarme con un tono más personal. Y ya lo sabe todo el mundo, el tono personal te hace sentir expuesto, cosa que al principio es algo incómoda, pero que después genera un proceso de intensa retroalimentación.

Esa idea se la escuché por primera vez a Juana Molina, cuando contó que dejar de hacer personajes geniales en TV para millones de personas y pasar a cantar temas propios para unos pocos la hacía sentirse expuesta.

Decía que cantar era un acto más personal que actuar, más íntimo, porque cantando mostraba algo de lo que tenía “adentro”, y eso la hacía sentirse vulnerable, cosa que no le pasaba interpretando personajes. Es la diferencia entre ir a terapia para hablar de nosotros mismos, o ir para hablar de los demás. Pero que luego de superar el miedo escénico, se sentía más plena (no recuerdo exactamente cómo lo decía, pero esa era la idea, pueden ver acá la entrevista).

Todo el razonamiento me pareció curioso y a la vez asertivo: no era la cantidad de personas para las que hacía algo, sino el tipo de cosas que mostraba, lo que le producía un vértigo diferente en el escenario. Cantar era mostrarse, actuar era esconderse. No sé si será así, pero la lógica es demoledora. Igual estoy hablando por hablar, nunca fui a terapia. :)

El punto es que el mismo criterio aplica a la escritura: el tono personal, primero, genera vértigo, y después (me repito un poco) se transforma en un excitante proceso de retroalimentación.

Por eso, para este primer post de este nuevo ciclo elegí un tema que me interesa: el orden. Y que además se puede combinar con el tono personal en la comunicación.

Ahora, el asunto del tono personal es más entendible. Hay mucha gente interesada en la comunicación, ¿pero a quién le puede interesar el orden? Además de a mi, le interesa Marie Kondo, “la princesa guerrera que lucha contra el caos“, según la describió el NYT (cita de autoridad, ja). Y además los combina muy bien.

Hace un tiempo que había escuchado de ella (lleva vendidos seis millones de ejemplares, no hay que ser un cazador de tendencias para darse cuenta), y si bien sus ideas me habían resultado interesantes, no me terminaba de decidir a leerla. Tenía un prejucio y una contradicción grandes como una casa: a persar de que el tema me interesaba, me parecía superficial.

Error.

Marie Kondo maneja el “tono personal” con maestría. Y ahí, en parte, está la clave de su éxito arrasador.

La japonesa es una bomba de coherencia y claridad conceptual. Es una máquina de aportar valor.

Pero lo mejor de todo es que es divertida. Muy divertida. Me reí con ganas mientra la leía. Se rie de ella misma durante todo el libro, rasgo que caracteriza a las personas inteligentes. Es irreverente y seria a la vez. Y además es amorosa. Cuando habla del orden, que desde el sentido común instalado podría entenderse como un tema duro, lo hace con amor (y con una pizca -apenas una pizca- de soberbia y cinismo, que ayudan a completar una lectura increíblemente ágil y entretenida), todo en primera persona.

Y un detalle no menor, es muy ingeniosa para presentar los temas. Va un fragmento:

“¿Alguna vez has tenido la experiencia de creer que hacías algo bueno y luego te enteras de que has hecho daño a alguien? En aquel momento no te preocupaban los sentimientos de la otra persona. Esto se parece a la manera en que muchos de nosotros tratamos a nuestros calcetines.”

Expone ideas que parecen siemples, pero que están cargadas de belleza. Tras dedicar su corta vida al tema en forma obsesiva (tiene 31, nació en el 1985), le sacó varias capas a la cebolla del orden, y entonces logra lo que logran quienes dominan un tema en profundidad: llega como un cañonazo en el pecho. Hace que su pensamiento parezca simple y cargado de sentido común. Estoy seguro que Marie Kondo debe ser una amiga criteriosa y contenedora, ideal para momentos de crisis.

Me pareció tan agradable su tono personal, lo lleva con tanta elegancia que me gustaría leerla en japonés. Claro que para eso primero habría que saber japonés, cosa que complica un poco el asunto.

No voy a explicar las ideas centrales del libro porque googlean cinco minutos y las encuentran.

Solo voy a decir lo siguiente: léanla. El libro “La magia del orden” es una simpática genialidad. No sean prejuiciosos, no de dejen engañar por sus ideas previas o por fragmentos que puedan ver en YouTube. No es autoayuda, es autogestión para ser personas más eficientes. Y más felices.

Un último comentario.

“La mágia del orden” no es un título caprichoso. Marie Kondo explica por qué ordenar es un proceso mágico. Y esta arista es la frutilla del postre. Todos sabemos que ordenar es transformar, pero Marie Kondo le puso una mística hermosa (un detalle casi romántico: se relaciona con las cosas como si estuvieran vivas), lo hizo método y después lo puso en palabras de forma exquisita. Encontró el tono personal, lo llevó adelante con fuerza hasta hacerlo brillar y, me repito otra vez, vendió seis millones de libros.

Ya no sé cómo decirlo. No sean vagos e inviertan dos tres horas de vida en ustedes mismos, compren el libro y léanlo.

Ese es el consejo de InternalComms en su regreso. Qué alegría.

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Links:

Pueden seguir Marie Kondo en Twitter, comprar “La magia del orden” en Amazon, visitar su sitio web o leer su perfil completo en Wikipedia.

¡Hola!

Mientras preparo un post acorde a la vuelta de InternalComms, comparto una búsqueda para un proyecto muy interesante.

Un abrazo, seguimos.

Martín

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EL PERFIL:

Analista Senior de Comunicación Interna, con un mínimo de 5 años de experiencia en corporación o consultoría.

LAS TAREAS PRINCIPALES:

Colaborar en la planificación y seguimiento de las actividades de comunicación interna. Validar el briefing y propuestas creativas presentadas y realizar el seguimiento general hasta su implementación. Elaborar los documentos necesarios para presentar el plan y estrategia. Generar propuestas de contenidos estratégicos.

CARACTERÍSTICAS DEL PROYECTO:

El proyecto se inicia en septiembre de 2016 y finaliza en diciembre de 2017. La dedicación es full time. Las tareas se desarrollarán en Capital Federal, Argentina.

¿CÓMO POSTULAR?:

Enviar CV y Linkedin actualizado a consultas@whycomm.com.ar con el asunto BÚSQUEDA DE ANALISTA SENIOR DE COMUNICACIÓN INTERNA

El trabajo de posicionamiento de TED siempre me resultó una maravilla: pareciera que ese escenario fuera como meterse adentro de una campana o un domo contra los prejuicios.

TED valora las conclusiones con sello personal, las pone en el centro de la escena, les da el lugar justo. Ahí adentro se puede desarrollar cualquier historia sin temor.

Pero lo que más me gusta es que es un espacio inmejorable para transmitir verdades íntimas extraídas desde el dolor. Es el lugar ideal para retomar una búsqueda que tarde o temprano nos vuelve a interesar a todos: la búsqueda de la (propia) verdad.

Si algo está en TED todos le damos una oportunidad.

Y en algunos casos, como el de Monica Lewinsky, una segunda oportunidad.

MISS LEWINSKY RELOADED

Hace un tiempo les conté sobre cómo Cameron Russell decodificaba sus propias vivencias.

Ahora, con la charla de Monica Lewinsky, me pasó algo similar.

La vi varias veces.

Detenidamente.

Hay algo en su expresión facial que me conmueve.

Es un destello de sincera búsqueda del sentido. Es una mezcla de dolor, de comprensión, de resignación, pero sobre todo, de realidad. El tipo de realidad que le da sentido a la vida, la de entender por dónde pasa nuestro propio camino.

Hace poco leí por ahí una frase que me gustó mucho, y que viene al caso: era algo así como que la gente cambia cuando aprende mucho o cuando algo le duele mucho. Estoy seguro, a Monica el aprendizaje le dolió mucho. Y le permitió cambiar. Y reinventarse.

Si bien es cierto que está vendiendo una idea, es decir, utiliza el registro de la venta, de la puesta en escena efectista, está vendiendo una idea en la que cree. Una idea que comprendió con el cuerpo. Una idea a la que llegó desde el dolor. Una experiencia que, supongo, tuvo que procesar una y otra vez.

También me conmovió -un poco- el intento de fondo que hace. Mientras veía la charla, me gustó imaginar que además de vender una idea, también, en simultáneo, estaba tratando de sanar personas. Y que esa su pequeña batalla. Supongo que cuando te pasa algo único (como tener relaciones “impropias” -quizás el mayor eufemismo sexual del Siglo XX- con el presidente de los Estados Unidos en el Salón Oval rebautizado salón oral), los chistes que podés hacer al respecto también son únicos.

Y Monica los hace: “Soy la única persona de más de 40 que no desearía volver a los 22″.

Porque fue en esa fecha que se transformó en un ícono global. Veintidós años tenía. 22. Y un mundo más pacato, de mentes más cerradas, la enterró en vida. Así como en los 60´ la explosión de los movimientos contra culturales se despegaban de un mundo retrógrado, los 90´fuero liberales, pero nunca tanto. Todo andaba más lento, las noticias duraban más. Y “Felatio de una pasante al presidente de los EEUU” era una noticia que podía durar para siempre. Hoy, supongo, estaría un rato en Twitter, y quién sabe si mucho más.

A riesgo de parecer oportunista voy a decir que siempre me cayó bien Monica Lewinsky. Un poco por llevar la contra y otro porque me partía el alma. Me alegro que haya encontrado un nuevo rol vinculado a la web. También me alegro que TED, el escenario que bendice todas las ideas, le haya dado un lugar, y haya transferido parte de los atributos de su marca a esta mujer que el final del Siglo XX trató con tan poca consideración.

Parece que Miss Lewinsky transitó con éxito por ese sinuoso camino de arqueología intrapersonal en el que logró descifrar su propio pasado, y entonces ahora despliega con encanto el nuevo significado de una experiencia dolorosa. Bajo esta óptica se podría decir que tuvo una oportunidad rara. No sé si es una oportunidad que hubiera elegido, eso habría que preguntárselo, pero por lo pronto parece un nuevo capítulo de la saga “Lo que no te mata te fortaleces” y su secuela “El dolor te permite aprender” en la que logra transferirle a su historia el brillo poco frecuente que le brinda el hecho de transitar por un lugar único.

El del encuentro con la propia verdad.

Qué hermosa sensación es la de una idea bien lograda.

Sin querer queriendo, como decía el Chavo, encontré una charla de TED que me impactó.

Hacía rato que no encontraba charlas impactantes.

Sí interesantes.

Sí entretenidas.

Sí divertidas.

Pero no impactantes, que en este caso sería una mezcla de todo lo anterior.

La charla trata sobre la imagen personal, y la speaker es una modelo llamada Cameron Russell.

El título: “Looks aren’t everything. Believe me, I’m a model.”

Nada de esto es lo impactante, ya que hay muchas personas que saben mucho sobre imagen (como Carmine Gallo, en este link hablando de vender una idea, que es un universo muy cercano al de la imagen personal).

Lo diferente -lo impactante, para no cambiar de adjetivo-, lo que la hace interesante, es cómo va construyendo la historia desde la dualidad “seguridad extena vs. inseguridad interna”.

No impacta porque diga genialidades.

O porque tenga reflexiones personales. Todas las charlas de TED las tienen.

Lo que impacta es que todo lo que dice es verdad.

Y no verdad en el sentido de una verdad última, o una máxima de vida.

Sino que es su propia, profunda y visceral verdad.

Logró conectar con algo que aprendió de la vida.

Sacó una conclusión íntima y a la vez cotidiana. Y la cuenta de forma entre sensible y divertida.

No es una gran narradora, está un poco nerviosa y cada tanto se ríe con cierta torpeza y resopla en el micrófono.

Pero nada de lo que dice se lo enseñó nadie. Todo lo que cuenta lo aprendió solita.

Y, apostaría, lo debe haber aprendido un poco a los golpes.

La charla está llena de vida. Y de contradicciones, que Russell hace evidentes.

Creo que por eso el post.

Lo genial que tienen las bromas en ascensores es que son mini experimentos con humanos.

El entorno es tan controlado, que son experimentos sin riesgo, pero extremadamente divertidos.

Experimentos con personas, sí, pero lo hermoso es que logran un climax que desnuda todos nuestros temores, contradicciones y fantasías. Ya estoy tratando de convencer a un amigo hacer lo mismo que van a ver en el video.

Miren:

Pero a la vez, son experimentos que muestran los muros invisibles que genera la cultura.

Transcribo un párrafo del genial libro de Malcolm Gladwell, Outliers, en el que da cuenta de la ya mítica investigación de Geert Hofstede:

“(…) cada individuo tiene su propia personalidad, pero que esta personalidad está revestida por una serie de tendencias, asunciones y reflejos que nos han llegado de la historia de la comunidad en la que crecimos. Y esas diferencias son extraordinariamente específicas (…) Nuestra capacidad de tener éxito en lo que hacemos está poderosamente relacionado con el lugar de donde somos.”

El contexto influye en nuestras interacciones, eso parece estar claro.

Miren este otro experimento que en los años 50, el psicólogo estadounidense Solomon Asch realizó sobre la Conformidad (nota entre paréntesis: QUE INTERESANTE ESTUDIAR LA CONFORMIDAD, me vuelvo loco de envidia); sigamos, estos experimentos apuntan a demostrar que las personas somos capaces de cambiar nuestras respuestas en función de lo que hacen los otros.

Estos divertidos experimentos (que fueron televisados y mostraban el poder del grupo sobre las personas) apuntaban a mostrar que cuando estamos rodeados de otros tendemos a seguir el comportamiento del grupo y a eliminar nuestra individualidad.

Por último, presten atención a la locución. Tiene tanta alegría de narrar lo que está viendo, que hace que el video sea genial. No puede ocultar la maldad.

Buen lunes y buena semana.

El blog está en stand by, frizado digamos. No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta.

Y por el momento -creo- eso no va a cambiar.

Ojo que no lo digo con orgullo, sino con cierta tristeza.

:______(

(En realidad, más que tristeza es lejana melancolía. No conozco emoticón para “lejana melancolía”, si no lo pondría)

Como sea, cada tanto, cuando encuentro algún material que me hace pensar “¡Es para InternalComms!”, lo guardo para “cuando tenga tiempo”.

En general, esas cosas que guardo, entran en el arbitrario género de “Instrucciones para la vida”, que junto con las bromas en ascensores y los chirimbolos inútiles para el escritorio siguen siendo una debilidad.

¿Se acuerdan de “El manual de la buena esposa“, de 1945?

Bueno, lo que encontré ahora es  “Cómo besar a una chica”, material de 1916. Que si bien es un aviso de una marca de chicles, narra con precisión el clima de época.

Lo que más me gustó es la seguridad y el tono de maestro siruela utilizado para dar las indicaciones.

Eso es todo por ahora, y como dicen los gringos, nos vemos cuando nos vemos.

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