| Un perfil, tres ideas |

Hace ya una década que en la vida interna de las organizaciones se discute “la cuestión Millennials”. Es decir: se discute en forma más o menos articulada -o directamente en base a conflictos-, el impacto que generó el ingreso al mundo laboral de la generación nacida a partir de 1983, la primera criada en el mundo híper conectado en el que hoy vivimos todos juntos, Millennials y no Millennials.

Como sea, decir que “se discute” es una forma amable de decir que no se sabe qué hacer bien con “el problema”. El salto en los códigos de relacionamiento fue tan grande que finalmente se optó por elegir una categoría convincente (Millennials) y simplemente resignarse a que “son distintos” y que por lo tanto la convivencia iba a ser “compleja”, salida elegante para definir un tema cuando no lo entendemos.

Así las cosas, hace una década que la cuestión Millennials no tiene solución. No importa la perspectiva desde la que se aborde, es decir, no importa si se piensa desde los propios Millennials y su incomodidad permanente ante estructuras que los hacen “sentir oprimidos”, o desde la óptica de quienes deben gestionar ese talento (a esta altura despreocupadamente resignados a no resolverlo).

Está claro que lo vínculos en las organizaciones siempre se dirimen por poder de fuego, y los Millennials tienen el arma más pequeña (metáfora fálica siempre presente en las organizaciones para hablar de jerarquías). Disculpen tantas comillas y paréntesis, pero son necesarias para desenredar el ovillo.

Con un delicado sentido de la empatía, Simon Sinek, un antropólogo de oratoria atropellada, persuasiva e hipnótica que tiene la rara habilidad de desplegar ideas simples pero a la vez originales y contundentes, usó el truco narrativo más viejo del mundo. Con el fin de distraernos y ponernos a pensar sin temor, depositó en unos pocos una problemática universal y usó a los Millennials para hablarnos a todos.

Les presento a Simon, a quien desde ahora vamos a tutear, para no perder la costumbre:

Así como el karma de la Generación X fue romper con los Boomers, el rol histórico de los Millennials tiene que ver con el ser: poner la cuestión del sentido en el centro de la escena, que es una cuestión que nos afecta atodos. Si bien pueden estar orgullosos de eso, también hay que decir que lo hicieron mal y a los tumbos, porque lo hicieron sin experiencia.

Hermosa paradoja de la vida misma abriéndose paso en las organizaciones: quienes llevan una nueva bandera lo hacen sin herramientas porque, justamente, las herramientas aún no existen. Si existieran, la bandera no sería nueva. Esas herramientas tomarán forma una vez que la batalla que se está librando se haya transformado en victoria.

¿Y de qué nos quiere hablar Simon cuando nos habla de los Millennials? De los problemas emocionales que esta nueva generación visibilizó en el mundo del trabajo, pero que a esta altura de las circunstancias son problemas cotidianos. Demasiado cotidianos. Tan cotidianos que si no los enmascara un poco, se vuelven intolerables: soledad, falta de autoestima, dependencia de la aprobación ajena, sociabilización dificultosa, y el clásico de los clásicos, la búsqueda de la felicidad.

Sinek elaboró una serie de reflexiones bajo el título “Los Millennials en el lugar de trabajo” y se volvió viral. Con más de 60 millones de visualizaciones deja en evidencia lo universal de la temática y el interés que despierta.

A continuación el video con subtítulos en español, y después las tres ideas principales:

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Primera ideaLas redes sociales son adictivas porque refuerzan nuestra autoestima

No lo dice exactamente así, pero es la idea. Sinek habla de un tema que tiene una actualidad absoluta, la adicción al teléfono y las redes sociales, de las que en algún momento todas las personas hacemos una valoración negativa, pero que aún no está (no tenemos) resuelta internamente. Y para hablarnos de eso, nos ayuda a dar el primer paso: aceptar que el problema existe, pero afuera, lejos, en los demás. Como si no fuera un tema que nos impactara a nosotros, como si fuera asunto de otro. Para después recién, con calma, con paciencia y con amor (sí, amor, el amor es muy importante), poder visualizarlo adentro.

En vez de decir, señores, tenemos un problema de adicción al teléfono, eligió cambiar el escenario: dice ellos, los Millennials tienen el problema, y ese problema les trae otros problemas en el trabajo. Sinek explica esto con gran soltura: no baja línea (apenas, en realidad), no justifica, no castiga. Describe. Enfáticamente describe, y eso lo vuelve divertido.

Desde esa máscara, la máscara “los Millennials tienen problemas de adicción al teléfono”, despliega una idea increíblemente bien presentada, que hay que leer ligeramente entre líneas: la adicción a la tecnología es la adicción a la aprobación ajena. Nos ayuda a entender este rasgo característico de los post adolescentes, y sin avisarnos, nos muestra que también es un rasgo de la vida adulta. Este parece ser el eje de la cuestión: la adicción al like no es un rasgo Millennial, es un signo de este tiempo. Y si no lo tomamos con seriedad, vamos a gastar la vida frente a una pequeña pantalla.

¿Quién no experimenta un sentimiento de gratificación ante la aprobación ajena? ¿Quién no deposita su autoestima en lo que otros pueden opinar a través de una pantalla? Simon nos deja pensar en eso con tranquilidad, mientras carga contra los Millennials.

¿Qué cosas no nos cuenta Sinek? Que las redes sociales son adictivas porque, simplemente, nos hacen sentir vivos. La vida online no es emocionalmente desafiante, pero por muchos momentos parece serlo, y por eso gastamos nuestro tiempo ahí. Ahí sentimos aprobación a golpe de click. Nada nos importa más que lo que otros digan de nosotros; si bien por momentos nos distraemos con problemas reales, en todo momento seguimos construyendo (parte de) nuestra identidad a partir de la opinión ajena. Y esa no es una pelea Millennials, es una pelea de todos, y es para siempre. Por eso la idea es tan potente.

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Segunda idea: Explica el mecanismo de la frustración, y lo hace con equilibrio.

Sus ideas son buenas, pero sobre todo son equilibradas.

Logra ser equilibrado con un tema imposible y exasperante: la adolescencia tardía en las organizaciones. No culpa a los Millennials por ser como son. Sino que habla del ambiente de adicción en el que se desenvuelven. Y las frustraciones que eso causa. Ser equilibrado hablando de frustración es un arte, y Simon oficia de gran artesano en el tema en cuestión.

Ahora, al hablar de adolescencia, una cosa es ser padre y otra ser jefe.

Si bien se supone que ambos roles pueden desarrollarse por vocación (se supone), el nivel de compromiso con la formación es bien diferente. Las primeras generaciones socializadas en un mundo ultra veloz, ya llegaron al trabajo. Y sus padres-jefes, no tienen paciencia. Hasta acá, pocas novedades. Las novedades las aporta Simon Sinek, con un análisis extraordinario y equilibrado sobre la frustración. Equilibrio es la palabra clave. Porque el equilibrio siempre viene acompañado de profundidad y de belleza, si no, no es equilibrio, es tibieza.

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Tercera idea: Permite pensar en la velocidad de forma diferente

Para avanzar en el tema hay que recordar una obviedad: en este mundo que cambia a una velocidad asombrosa, el fenómeno online multiplica exponencialmente esa velocidad en la que se actualizan los códigos y los canales de comunicación, y por ende los vínculos. Cinco años de diferencia ya dejan ver cambios por momentos radicales en la socialización: un niño de 10 años comienza a percibir algunos vínculos (los condicionados por la tecnología) de un modo muy diferente al que vivió un adolescente que hoy tiene 15. Ese salto era inimaginable hasta hace muy poco tiempo.

En síntesis: los padres se encuentran ante un enorme desafío de apertura y comprensión. Pareciera que en términos de percepciones y relaciones, nos espera un mundo que va a transformar la cosmovisión y los vínculos de múltiples generaciones pero con brechas extremadamente cortas, y más cuando estos vínculos están fuertemente influidos por el mundo online.

Por último, Sinek utiliza ejemplos divertidos y tiene un gran timming para la narración. No es el tipo de speaker que va llevando las ideas para que el público saque sus conclusiones, no, Simon entrega todo cocinado, el razonamiento pre pizza, que ya está cerrado.

Yago de Marta sintetizó con claridad el abordaje de Sinek al decir que “develó el misterio sociológico de la década”.

Ni más ni menos.

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Más información sobre Simon: Twitter: @SimonSinek  | Instagram: SimonSinek | Site: StartWithWhy

| Un perfil, tres ideas |

¿No les pasa cada tanto que tienen ganas de ver algo entretenido, pero no tan entretenido como para sentir que solo perdemos el tiempo, sino que a la vez nos nutrimos de alguna forma, pero que tampoco sea tan nutritivo que nos haga pensar demasiado y nos quite energías (qué palabrita “nutrirnos”, ¿no?)?

Es justo para ese estado de ánimo que tengo una muy buena recomendación: el documental de Tony Robbins producido por Netflix.

Pero antes de sintetizarles las tres ideas que propone esta nueva columna (en este caso sobre Tony Robbins), voy a presentar al personaje de hoy.

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¿Quién es Tony Robbins?

Para quienes no lo conocen -como yo hasta hace unos meses-, se trata de un “businessman, author, and philanthropist”, tal como lo describe wikipedia. Es un auténtico Self-Made Man norteamericano. Es un coach, que se presenta a sí mismo diciendo: “I built this motherfucker“.

Miren si no tiene cara de coach motivacional:

También quiero contarles cómo fue mi proceso interno con Tony, a quien voy a tutear, porque después de ver el documental un poco ya lo quiero.

O mejor dicho, lo admiro.

O mejor todavía, una mezcla rara de admiración, cariño y envidia

(¡Ah, nada como el agridulce placer de reconocer la envidia para poder combatirla!).

Vale aclarar que desde que me lo recomendaron hasta que lo vi pasaron cuatro meses. No podía con mis prejuicios.

¿Organiza una convención en Boca Raton en la que motiva a 2.500 personas juntas? Dejá, mejor me arreglo solo. Nadie que motive a 2500 personas juntas me interesa. Detesto las multitudes y, más aún, detesto profundamente la manipulación emocional. Imaginate las dos cosas juntas: una multitud manipulada. Es el peor plan del mundo. Si me concentro, exploto de odio.

Sin embargo, leí un dato que me hizo prestar atención: fue coach de Michael Jordan. También trabajó con Mandela, la Madre Teresa, Bill Clinton, Mijail Gorvachov, Andre Agassi y Hugh Jackman, entre otros. Y más allá de los nombres rutilantes y de que el coaching me parece una disciplina muy noble, me impactó lo de Jordan. Si sos capaz de que el que quizás sea el deportista más grande de la historia -no solo basquetbolista, sino deportista-, siga tus consejos, no me importa a qué te dediques, es probable que tengas algo interesante para decir sobre la excelencia.

Si  Michael Jordan se tomó el tiempo y la molestia de buscar un coach, y lo encontró a Tony Robbins, yo bien puedo googlearlo un rato, pensé. Y así fue como desde las altas cumbres de mi soberbia infinita, “le di una chance”. Yo, atrás de mi laptop, con los ojos cansados de procrastinar, tomando mate con bizcochitos, le di una chance a Tony Robbins. Ja. Me río por no llorar.

Porque me puse más serio a ver quién era y me llevé una grata sorpresa.

Muy grata.

Tony Robbins no es solo un coach. Primero, y ante todo diría, es un ser raro. Coach es la forma que eligió para mostrar su talento al mundo, porque estoy seguro, pero seguro-seguro-seguro, que Tony Robbins es un brujo. Sin más vueltas: es un chamán, un Gandalf moderno y, si me dejan ir más lejos, un curador almas.

El lector de años podrá decir:

Lector de años:

– Martín, ¿te volviste loco?

Para nada.

Quienes hemos leído largo y parejo los libros del antropólogo Carlos Castaneda, podemos reconocer un brujo ni bien vemos uno. Así como reconocemos en la “locura” de Don Juan una forma extraordinaria de entender el misterioso mundo en el que vivimos, reconocemos en Tony a un hombre “diferente” (las comillas solo sirven para agregar ambigüedad al comentario).

Si bien no se inscribe exactamente en esa línea, o sea, no es ese tipo de brujo,  sin dudas Tony Robbins es un chamán disfrazado de ejecutivo, que además vive en una mansión en Boca Ratón y cura gente.

Les recomiendo plenamente y sin ningún pudor que vean con la cabeza abierta su documental en Netflix. Se llama I´m not your Guru, en el que los productores de Netflix filmaron y editaron sin piedad el evento anual que organiza hace varios años, llamado Date with Destiny. Hicieron un intento por dejar al descubierto sus trucos, pero se encontraron con un personaje con un carisma arrasador y una consistencia a prueba de documentalistas insidiosos.

Igual les salió redondo: fueron a buscar trucos, encontraron consistencia y Netflix sumó una pieza audiovisual de gran valor. La energía de Tony, que visita 12 países y lo ven 200.000 personas por año, se impuso sobradamente a una edición crítica.

A continuación, vamos a ordenar las tres ideas principales (el eje de esta nueva columna, repito por última vez).

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Primera idea: Tiene el don de la Empatía Total.

No sé si existe el término “empatía total” y no sé bien cómo explicar esto. Conecta con la vida interior de las personas con una precisión asombrosa. Les desnuda el alma. Es duro con quien necesita un espejo desangelado, y un ángel con quien está perdido en su infierno personal. Pero es dificil transmitir con palabras la conexión mental, corporal y emocional que logra. Si pensás en algo que te haya dolido mucho alguna vez, es más fácil captar la magia de Robbins. Cuando lo vean interactuar, presten atención. Se mete adentro del otro. Y desde ahí razona. Les recomiendo ver más de una vez cada interacción. El documental es material no apto para cínicos.

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Segunda idea: Encarna su destino.

Su tema principal es el destino, en el sentido más pragmático de la palabra. Todo se puede lograr con voluntad, dice, y él te ayuda en ese primer paso. Qué sé yo. No estoy seguro de que funcione para todos, pero seguro parece un buen intento. Tony Robbins no es para todo el mundo, solo para “quienes quieran vivir la experiencia“. Habla de cambiar el destino como si eso fuera fácil. Ya sabemos que no lo es. Pero a su vez él es un ejemplo viviente.

Presten atención a su propia historia. Es el hombre que se hizo a sí mismo. Yo construí a este motherfurcker, dice. Y es todo cierto, te dan muchas ganas de creerle. Además brinda una serie de herramientas a personas que, se nota, están jugadas, dañadas por la vida, incluso algunas de ellas parecen estar rotas. No sé si funcionan esas herramientas, solo digo que es muy probable que ayude a mucha gente: por momentos da la sensación que está reparando a la gente en vivo.

Tony Robbins, además, como todos aquellos que encarnan su destino, parece que está en este mundo haciendo eso que vino a hacer. Su puesta en escena posee una gran virtud, de esas que pueden volverse un gran obstáculo: es increible e infinitamente inspirador. ¿Y qué podría volverse un obstáculo de esa virtud? Bueno, lo mismo que ocurre con cualquier situación o persona que nos inspira: es muy dificil seguirle el paso.

El peligro de las personas inspiradoras es que se transforman en un shock de adrenalina (como el que John Travolta le da a Uma Thurman en tiempos violentos (¡qué buena escena!, acá está)). Cuando nos sentimos inspirados, pensamos que nos vamos a llevar el mundo por delante. Estamos motivados, rebozantes de energía. Hasta que esa energía se acaba y hay que empezar de nuevo, por nuestra cuenta, sin la fuente de inspiración.

Y cuando no hay tiempo para procesar los estímulos, la inspiración es una trampa.

El título del evento, “Cita con el Destino”, no puede estar más ajustado. Tony Robbins encarna el tipo de personaje que está viviendo su destino. Y en el documental lo pueden ver con claridad, ya que lo cuenta en detalle. En los diferentes breaks de la actividad, cuenta cómo se construyó a sí mismo a partir de una historia traumática. El evento, un seminario intensivo que dura seis días consecutivos, doce horas por día y tiene un valor de USD 4995 es también una convención de náufragos con el volumen emocional por las nubes.

Por si no hicieron la cuenta, factura diez millones de dólares en seis días. Punto para Tony.

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Tercera idea: Despliega una energía fuera de lo común y domina el lenguaje con maestría.

Conoce el poder transformador de la palabra. Cualquiera que trabaje en comunicación lo conoce o lo intuye. Y cualquiera que piense un poco en el tema se puede dar cuenta.

Al inicio del documental, cuando explica sus métodos, razona en sintonía con diferentes tradiciones de autoconocimiento: “Traigo un espejo, traigo herramientas locas. Fuera de todo parámetro. Seré singular, seré extraño. Seré grosero. Usaré la ciencia del lenguaje tabú. Porque las palabras tienen el poder para perforar la mente consciente. Haré todo lo posible para romper patrones.” Esto se traduce en un lenguaje flexible. Es duro, directo y poco condescendiente, pero a la vez extremadamente preciso y flexible. Establece una suerte de danza en cada conversación que, como dijimos, están signadas por la empatía.

El tono tan ronco de su voz, sin dudas, es un plus, que además acompaña con algunos rituales muy visibles: se baña con agua fría, medita y tiene una “vueltita”, como un paso de baile, que es muy simpático y lo ayuda a “entrar en escena”.

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Esas fueron las tres ideas para hoy, y a continuación voy  dejar un último e insistente comentario

Último e insistente comentario:

No sean como yo, que por prejuicioso me perdí de disfrutar los primeros quince minutos del documental, y de tanto ruido que me hacía en la cabeza la puesta en escena de la mega convención, tuve que verlo de nuevo: el show no me dejaba ver al brujo.

Para quienes todavía necesitan citas de autoridad, en su propio sitio se tira algunas (merecidísimas) flores, hablando de él en tercera persona: “He has been honored by Accenture as one of the “Top 50 Business Intellectuals in the World”; by Harvard Business Press as one of the “Top 200 Business Gurus”; and by American Express as one of the “Top Six Business Leaders in the World” to coach its entrepreneurial clients. Fortune’s recent cover article named him the “CEO Whisperer,” and he was most recently named in the top 50 of Worth Magazine’s 100 most powerful people in global finance.”

Creo que no lo conocemos demasiado en latinoamérica, justamente, porque sus propuestas están muy poco “latinizadas”, y ni hablar en Buenos Aires, donde somos más del psicoanálisis que del coaching. 🙂

Vénalo con la mente abierta. Véanlo y después me cuentan. Es una orden. Es casi tan importante como leer a Marie Kondo.

El mundo necesita más gente conectada con su destino.

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Esta fue la primera columna de “Un perfil, tres ideas”. Vamos a ver cómo avanza.

Web site: Tonyrobbins.com | Instagram: @tonyrobbins | Twitter: @TonyRobbins

Las teorías sobre comunicación no le interesan a nadie, y mucho menos a los comunicadores.

Es porque en la teoría desaparcen las personas.

En la conceptualización no encontramos al otro. Teorizar es metacomunicar, es decir, hablar de comunicación en vez de comunicarnos.

Y si no está el otro, el mundo se vuelve gris.

Podría terminar acá, la catársis está hecha.

Sin embargo, vamos al motivo del post, que es compartir una investigación que me gustó sobre uno de los tópicos por excelencia del análisis teórico de la comunicación, la cuestión del medio y el mensaje.

Las conclusiones que presenta en formato artículo me parecieron refrescantes. Esa es la palabra justa: refrescante.

Me permitieron terminar de actualizar internamente algunas ideas alrededor del tema:

En los hábitos de informarse que dominaron el siglo pasado, el peso de los medios era fuerte: no le decían a la gente qué pensar pero sí sobre qué pensar. Hoy el consumo noticioso es “incidental”: el acceso a la información deja de ser una actividad independiente y pasa a ser parte de la sociabilidad en las redes. Los jóvenes no usan los medios sino que viven en ambientes digitales donde no hay contextos ni jerarquías sino retazos de historias y opiniones que son escaneadas y, con mucha suerte, leídas.

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El artículo me resultó interesante porque conecta con la realidad que analiza. Las críticas que leí en los comentarios apuntan a que los casos indagados son pocos y las conclusiones demasiado amplias. Sin embargo, la investigación a la que refiere metodológicamente es correcta, ya que se trata de técnicas cualitativas.

No es tanto por lo novedoso que hay que prestar atención, sino por cómo están presentados los conceptos y las categorías de análisis. Vale la pena leerla y reflexionar un rato. Y en el fondo nos sirve como excusa para hablar de conexión, no de comunicación.

“Yo amo la comunicación”

O el periodismo, o la comunicación interna, o la disciplina que sea. Es una frase que muchos dijimos en el inicio de nuestras carreras. Pero que tenía, y tiene, un claro error de autopercepción.

Cuando hoy escucho a los estudiantes amantes de la comunicación (en general son jóvenes e idealistas), me dan ganas de decirles:

– Yo, maestrosirueleando:

– La comunicación no le interesa a nadie, ¡lo que importa es conectar!

Pero por supuesto nunca digo nada, ya que la soberbia se manifiesta en formas misteriosas y solapadas… 🙂

Quienes trabajamos en comunicación, en cualquiera de sus formas -redactores, consultores, guionistas, periodistas, locutores, publicistas, capacitadores y todas las combinaciones posibles- todos compartimos una misma búsqueda y un mismo anhelo: conectar con el otro.

Usamos la palabra comunicar porque es la que tenemos a mano. Pero no nos interesan las formas, ni los medios, ni la calidad de los mensajes, ni nada de lo que profesionalmente es necesario. Nos interesa generar algo en alguien más, y que ese alguien nos retroalimente de alguna forma.

Y a eso vamos a decirle conexión, y no comunicación. Lo que nos interesa es conectar.

Sin embargo, cuando la comunicación se vuelve profesional, se produce un fenómeno curioso: desaparece la búsqueda de conectar con ese otro, de establecer vínculos genuinos; las diferentes profesiones comunicacionales se vinculan con su “target” en forma lejana: lo “interpretan”, lo “brifean”, lo “interpelan”, “diseña mensajes” y “mecanismos de escucha activa”. La cuestión de la conexión pasa a segundo plano. Sale del centro de la escena.

La comunicación profesional muchas veces se olvida de que el deseo incial lo incluia al otro en una forma más genuina que la búsqueda lineal de impactarlo con un mensaje.

En ese sentido, los artistas -pintores, actores, escritores, músicos, dramaturgos- se dieron cuenta antes. Y su búsqueda es más lineal. Para ellos, el “otro”, el público, el espectador, es todo. No hay arte sin público. La mirada del otro los constituye, les da forma. Las artes, dicho así, en general, son mas asumidas en su búsqueda. Quieren percibir al otro, porque es con ese otro dónde se produce la magia de la conexión. Por eso es tan frecuente el caso de comunicadores que se vuelcan a espacios donde la comunicación es más directa, como el teatro o la literatura.

Algo similar ocurre con el tipo de vínculo que mantienen con su trabajo quienes hacen radio. Nadie, simplemente, hace radio. Todos “están enamorados de la radio”. Incluso quienes no hicieron, quieren hacer. Cuando se habla del tema el volumen siempre está alto. Creo que esto se debe a que la conexión con el otro se experimenta con más fuerza en ese medio. La radio nunca se se trata solo de comunicar, sino de conectar.

También hay algo de esto en el fenómeno de mujeres que abandonan carreras prometedoras cuando tienen su primer hijo. Y, en parte (más allá de la dificultad que les plantea el mercado laboral para cumplir ambos roles), también es porque la búsqueda de la conexión cambió de formato. Por un tiempo, el asunto de intercambiar con el otro ya está resuelto. 🙂

El artículo me gustó porque aborda el tema de la conexión en forma precisa. Por lo menos en su idea central: cambió el vínculo con los medios. Cambio la forma en la que las personas nos relacionamos íntimamente con la información, y cómo la compartimos.

Y para quienes gestionan la cultura organizacional, en muchos casos con herramientas comunicacionales, esto es central. Lo de siempre: entender para gestionar.

Como sea, ya saben. Ni medios ni mensajes, conexión.

Porque quizás en este vínculo con el otro se esconda el misterio de la comunicación.

Sin conexión, hablar de comunicación es un fracaso.

| Un perfil, tres ideas |

Hace un tiempo que tenía ganas de volver a escribir en InternalComms.

Pero también tenía la sensación de “dedos oxidados” para el estilo liviano de este blog, y eso no me alentaba demasiado.

Aunque el punto central era otro: reencontrarme con el tono blog es un poco reencontrarme con un tono más personal. Y ya lo sabe todo el mundo, el tono personal te hace sentir expuesto, cosa que al principio es algo incómoda, pero que después genera un proceso de intensa retroalimentación.

Esa idea se la escuché por primera vez a Juana Molina, cuando contó que dejar de hacer personajes geniales en TV para millones de personas y pasar a cantar temas propios para unos pocos la hacía sentirse expuesta.

Decía que cantar era un acto más personal que actuar, más íntimo, porque cantando mostraba algo de lo que tenía “adentro”, y eso la hacía sentirse vulnerable, cosa que no le pasaba interpretando personajes. Es la diferencia entre ir a terapia para hablar de nosotros mismos, o ir para hablar de los demás. Pero que luego de superar el miedo escénico, se sentía más plena (no recuerdo exactamente cómo lo decía, pero esa era la idea, pueden ver acá la entrevista).

Todo el razonamiento me pareció curioso y a la vez asertivo: no era la cantidad de personas para las que hacía algo, sino el tipo de cosas que mostraba, lo que le producía un vértigo diferente en el escenario. Cantar era mostrarse, actuar era esconderse. No sé si será así, pero la lógica es demoledora. Igual estoy hablando por hablar, nunca fui a terapia. 🙂

El punto es que el mismo criterio aplica a la escritura: el tono personal, primero, genera vértigo, y después (me repito un poco) se transforma en un excitante proceso de retroalimentación.

Por eso, para este primer post de este nuevo ciclo elegí un tema que me interesa: el orden. Y que además se puede combinar con el tono personal en la comunicación.

Ahora, el asunto del tono personal es más entendible. Hay mucha gente interesada en la comunicación, ¿pero a quién le puede interesar el orden? Además de a mi, le interesa Marie Kondo, “la princesa guerrera que lucha contra el caos“, según la describió el NYT (cita de autoridad, ja). Y además los combina muy bien.

Hace un tiempo que había escuchado de ella (lleva vendidos seis millones de ejemplares, no hay que ser un cazador de tendencias para darse cuenta), y si bien sus ideas me habían resultado interesantes, no me terminaba de decidir a leerla. Tenía un prejucio y una contradicción grandes como una casa: a persar de que el tema me interesaba, me parecía superficial.

Error.

Vamos a presentarla en tres ideas:

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Primera idea: Sintoniza con su “tono personal” con precisión

Y además lo maneja con maestría. Ahí, en parte, está la clave de su éxito arrasador.

La japonesa es una bomba de coherencia y claridad conceptual. Es una máquina de aportar valor.

Pero lo mejor de todo es que es divertida. Muy divertida. Me reí con ganas mientra la leía. Se rie de ella misma durante todo el libro, rasgo que caracteriza a las personas inteligentes. Es irreverente y seria a la vez. Y además es amorosa. Cuando habla del orden, que desde el sentido común instalado podría entenderse como un tema duro, lo hace con amor (y con una pizca -apenas una pizca- de soberbia y cinismo, que ayudan a completar una lectura increíblemente ágil y entretenida), todo en primera persona.

Me pareció tan agradable su tono personal, lo lleva con tanta elegancia que me gustaría leerla en japonés. Claro que para eso primero habría que saber japonés, cosa que complica un poco el asunto.

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Segunda idea: Expone ideas que parecen simples, pero que están cargadas de belleza.

Y un detalle no menor, es muy ingeniosa para presentar los temas. Va un fragmento:

“¿Alguna vez has tenido la experiencia de creer que hacías algo bueno y luego te enteras de que has hecho daño a alguien? En aquel momento no te preocupaban los sentimientos de la otra persona. Esto se parece a la manera en que muchos de nosotros tratamos a nuestros calcetines.”

Tras dedicar su corta vida al tema en forma obsesiva (tiene 31, nació en el 1985), le sacó varias capas a la cebolla del orden, y entonces logra lo que logran quienes dominan un tema en profundidad: llega como un cañonazo en el pecho. Hace que su pensamiento parezca simple y cargado de sentido común. Estoy seguro que Marie Kondo debe ser una amiga criteriosa y contenedora, ideal para momentos de crisis.

No voy a explicar los conceptos centrales del libro porque googlean cinco minutos y las encuentran.

Solo voy a decir lo siguiente: léanla. El libro “La magia del orden” es una simpática genialidad. No sean prejuiciosos, no de dejen engañar por sus ideas previas o por fragmentos que puedan ver en YouTube. No es autoayuda, es autogestión para ser personas más eficientes. Y más felices.

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Tercera idea: “La mágia del orden” no es un título caprichoso

Marie Kondo explica por qué ordenar es un proceso mágico. Y esta arista es la frutilla del postre. Todos sabemos que ordenar es transformar, pero Marie Kondo le puso una mística hermosa (un detalle casi romántico: se relaciona con las cosas como si estuvieran vivas), lo hizo método y después lo puso en palabras de forma exquisita. Encontró el tono personal, lo llevó adelante con fuerza hasta hacerlo brillar y, me repito otra vez, vendió seis millones de libros.

Un último comentario

Ya no sé cómo decirlo, compren el libro y léanlo. No sean vagos e inviertan dos tres horas de vida en ustedes mismos

Ese es el consejo de InternalComms en su regreso. Qué alegría.

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Links:

Pueden seguir Marie Kondo en Twitter, comprar “La magia del orden” en Amazon, visitar su sitio web o leer su perfil completo en Wikipedia.

¡Hola!

Mientras preparo un post acorde a la vuelta de InternalComms, comparto una búsqueda para un proyecto muy interesante.

Un abrazo, seguimos.

Martín

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EL PERFIL:

Analista Senior de Comunicación Interna, con un mínimo de 5 años de experiencia en corporación o consultoría.

LAS TAREAS PRINCIPALES:

Colaborar en la planificación y seguimiento de las actividades de comunicación interna. Validar el briefing y propuestas creativas presentadas y realizar el seguimiento general hasta su implementación. Elaborar los documentos necesarios para presentar el plan y estrategia. Generar propuestas de contenidos estratégicos.

CARACTERÍSTICAS DEL PROYECTO:

El proyecto se inicia en septiembre de 2016 y finaliza en diciembre de 2017. La dedicación es full time. Las tareas se desarrollarán en Capital Federal, Argentina.

¿CÓMO POSTULAR?:

Enviar CV y Linkedin actualizado a consultas@whycomm.com.ar con el asunto BÚSQUEDA DE ANALISTA SENIOR DE COMUNICACIÓN INTERNA

El trabajo de posicionamiento de TED siempre me resultó una maravilla: pareciera que ese escenario fuera como meterse adentro de una campana o un domo contra los prejuicios.

TED valora las conclusiones con sello personal, las pone en el centro de la escena, les da el lugar justo. Ahí adentro se puede desarrollar cualquier historia sin temor.

Pero lo que más me gusta es que es un espacio inmejorable para transmitir verdades íntimas extraídas desde el dolor. Es el lugar ideal para retomar una búsqueda que tarde o temprano nos vuelve a interesar a todos: la búsqueda de la (propia) verdad.

Si algo está en TED todos le damos una oportunidad.

Y en algunos casos, como el de Monica Lewinsky, una segunda oportunidad.

MISS LEWINSKY RELOADED

Hace un tiempo les conté sobre cómo Cameron Russell decodificaba sus propias vivencias.

Ahora, con la charla de Monica Lewinsky, me pasó algo similar.

La vi varias veces.

Detenidamente.

Hay algo en su expresión facial que me conmueve.

Es un destello de sincera búsqueda del sentido. Es una mezcla de dolor, de comprensión, de resignación, pero sobre todo, de realidad. El tipo de realidad que le da sentido a la vida, la de entender por dónde pasa nuestro propio camino.

Hace poco leí por ahí una frase que me gustó mucho, y que viene al caso: era algo así como que la gente cambia cuando aprende mucho o cuando algo le duele mucho. Estoy seguro, a Monica el aprendizaje le dolió mucho. Y le permitió cambiar. Y reinventarse.

Si bien es cierto que está vendiendo una idea, es decir, utiliza el registro de la venta, de la puesta en escena efectista, está vendiendo una idea en la que cree. Una idea que comprendió con el cuerpo. Una idea a la que llegó desde el dolor. Una experiencia que, supongo, tuvo que procesar una y otra vez.

También me conmovió -un poco- el intento de fondo que hace. Mientras veía la charla, me gustó imaginar que además de vender una idea, también, en simultáneo, estaba tratando de sanar personas. Y que esa su pequeña batalla. Supongo que cuando te pasa algo único (como tener relaciones “impropias” -quizás el mayor eufemismo sexual del Siglo XX- con el presidente de los Estados Unidos en el Salón Oval rebautizado salón oral), los chistes que podés hacer al respecto también son únicos.

Y Monica los hace: “Soy la única persona de más de 40 que no desearía volver a los 22”.

Porque fue en esa fecha que se transformó en un ícono global. Veintidós años tenía. 22. Y un mundo más pacato, de mentes más cerradas, la enterró en vida. Así como en los 60´ la explosión de los movimientos contra culturales se despegaban de un mundo retrógrado, los 90´fuero liberales, pero nunca tanto. Todo andaba más lento, las noticias duraban más. Y “Felatio de una pasante al presidente de los EEUU” era una noticia que podía durar para siempre. Hoy, supongo, estaría un rato en Twitter, y quién sabe si mucho más.

A riesgo de parecer oportunista voy a decir que siempre me cayó bien Monica Lewinsky. Un poco por llevar la contra y otro porque me partía el alma. Me alegro que haya encontrado un nuevo rol vinculado a la web. También me alegro que TED, el escenario que bendice todas las ideas, le haya dado un lugar, y haya transferido parte de los atributos de su marca a esta mujer que el final del Siglo XX trató con tan poca consideración.

Parece que Miss Lewinsky transitó con éxito por ese sinuoso camino de arqueología intrapersonal en el que logró descifrar su propio pasado, y entonces ahora despliega con encanto el nuevo significado de una experiencia dolorosa. Bajo esta óptica se podría decir que tuvo una oportunidad rara. No sé si es una oportunidad que hubiera elegido, eso habría que preguntárselo, pero por lo pronto parece un nuevo capítulo de la saga “Lo que no te mata te fortaleces” y su secuela “El dolor te permite aprender” en la que logra transferirle a su historia el brillo poco frecuente que le brinda el hecho de transitar por un lugar único.

El del encuentro con la propia verdad.

Qué hermosa sensación es la de una idea bien lograda.

Sin querer queriendo, como decía el Chavo, encontré una charla de TED que me impactó.

Hacía rato que no encontraba charlas impactantes.

Sí interesantes.

Sí entretenidas.

Sí divertidas.

Pero no impactantes, que en este caso sería una mezcla de todo lo anterior.

La charla trata sobre la imagen personal, y la speaker es una modelo llamada Cameron Russell.

El título: “Looks aren’t everything. Believe me, I’m a model.”

Nada de esto es lo impactante, ya que hay muchas personas que saben mucho sobre imagen (como Carmine Gallo, en este link hablando de vender una idea, que es un universo muy cercano al de la imagen personal).

Lo diferente -lo impactante, para no cambiar de adjetivo-, lo que la hace interesante, es cómo va construyendo la historia desde la dualidad “seguridad extena vs. inseguridad interna”.

No impacta porque diga genialidades.

O porque tenga reflexiones personales. Todas las charlas de TED las tienen.

Lo que impacta es que todo lo que dice es verdad.

Y no verdad en el sentido de una verdad última, o una máxima de vida.

Sino que es su propia, profunda y visceral verdad.

Logró conectar con algo que aprendió de la vida.

Sacó una conclusión íntima y a la vez cotidiana. Y la cuenta de forma entre sensible y divertida.

No es una gran narradora, está un poco nerviosa y cada tanto se ríe con cierta torpeza y resopla en el micrófono.

Pero nada de lo que dice se lo enseñó nadie. Todo lo que cuenta lo aprendió solita.

Y, apostaría, lo debe haber aprendido un poco a los golpes.

La charla está llena de vida. Y de contradicciones, que Russell hace evidentes.

Creo que por eso el post.

Lo genial que tienen las bromas en ascensores es que son mini experimentos con humanos.

El entorno es tan controlado, que son experimentos sin riesgo, pero extremadamente divertidos.

Experimentos con personas, sí, pero lo hermoso es que logran un climax que desnuda todos nuestros temores, contradicciones y fantasías. Ya estoy tratando de convencer a un amigo hacer lo mismo que van a ver en el video.

Miren:

Pero a la vez, son experimentos que muestran los muros invisibles que genera la cultura.

Transcribo un párrafo del genial libro de Malcolm Gladwell, Outliers, en el que da cuenta de la ya mítica investigación de Geert Hofstede:

“(…) cada individuo tiene su propia personalidad, pero que esta personalidad está revestida por una serie de tendencias, asunciones y reflejos que nos han llegado de la historia de la comunidad en la que crecimos. Y esas diferencias son extraordinariamente específicas (…) Nuestra capacidad de tener éxito en lo que hacemos está poderosamente relacionado con el lugar de donde somos.”

El contexto influye en nuestras interacciones, eso parece estar claro.

Miren este otro experimento que en los años 50, el psicólogo estadounidense Solomon Asch realizó sobre la Conformidad (nota entre paréntesis: QUE INTERESANTE ESTUDIAR LA CONFORMIDAD, me vuelvo loco de envidia); sigamos, estos experimentos apuntan a demostrar que las personas somos capaces de cambiar nuestras respuestas en función de lo que hacen los otros.

Estos divertidos experimentos (que fueron televisados y mostraban el poder del grupo sobre las personas) apuntaban a mostrar que cuando estamos rodeados de otros tendemos a seguir el comportamiento del grupo y a eliminar nuestra individualidad.

Por último, presten atención a la locución. Tiene tanta alegría de narrar lo que está viendo, que hace que el video sea genial. No puede ocultar la maldad.

Buen lunes y buena semana.

El blog está en stand by, frizado digamos. No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta.

Y por el momento -creo- eso no va a cambiar.

Ojo que no lo digo con orgullo, sino con cierta tristeza.

:______(

(En realidad, más que tristeza es lejana melancolía. No conozco emoticón para “lejana melancolía”, si no lo pondría)

Como sea, cada tanto, cuando encuentro algún material que me hace pensar “¡Es para InternalComms!”, lo guardo para “cuando tenga tiempo”.

En general, esas cosas que guardo, entran en el arbitrario género de “Instrucciones para la vida”, que junto con las bromas en ascensores y los chirimbolos inútiles para el escritorio siguen siendo una debilidad.

¿Se acuerdan de “El manual de la buena esposa“, de 1945?

Bueno, lo que encontré ahora es  “Cómo besar a una chica”, material de 1916. Que si bien es un aviso de una marca de chicles, narra con precisión el clima de época.

Lo que más me gustó es la seguridad y el tono de maestro siruela utilizado para dar las indicaciones.

Eso es todo por ahora, y como dicen los gringos, nos vemos cuando nos vemos.

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Martín Enrique Fernández

MAF
En este espacio escribo sobre las personas que generan corrientes de pensamiento en algún campo en particular, sobre ideas y herramientas de comunicación interna y sobre el proceso de cambio cultural permanente en el que se encuentran las organizaciones. Las personas. Las ideas. Las organizaciones. En ese orden.

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Presido la consultora especializada en Cultura de HSE, Antropología Corporativa y Comunicación Interna, Whycomm S.A.
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